El espectacular Shostakovich de la Leningrado entusiasma con Inbal en un concierto con un peligroso precedente

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Inbal, un lujo para una orquesta de lujo como es la OSCyL, tampoco defraudó ayer, y, visiblemente satisfecho, agradeció los aplausos de público y orquesta tras el enardecedor final de la Séptima Sinfonía de Shostakovich, que, como su música, había alcanzado sus mejores momentos, realmente magníficos, cuando adquiría ritmo y decibelios, en ese final, en las secciones medias de los movimientos centrales, y desde luego, en el famoso bolero del primero. En el resto, cuando los sentimientos expresados son más complejos y matizados, la interpretación fue menos interesante y hasta sosa, incluyendo alguna intervención solista importante en esa misma línea. Pero el espectáculo se impuso, y no sólo el sonoro, porque ver a una enorme sección de metales ocupando dos filas completas del escenario levantada para recibir una merecida felicitación es también una preciosa imagen.


En esta sesión del jueves, pudo presenciarse también algo tan inadecuado como peligroso si resulta ser o se convierte en norma: Cuando ya hacía unos minutos que la sinfonía había comenzado, una acomodadora acompañó a una espectadora retrasada hasta su localidad, en la parte central de una de las primeras filas. Es estupendo poder encontrar un poco de tolerancia y que en casos así, se permita al aficionado acceder a la sala, pero la sensata práctica es ubicarle en la butaca disponible más próxima. Desde luego, la señora habrá quedado tan encantada que puede que ya ni intente ser puntual nunca más. Y que le parezca también normal comentar la jugada con sus amigas al alcanzar su localidad tras levantar media fila, como hizo. Y puede que por eso, el vecino que estaba a su derecha pensase que los cinco primeros minutos de música no merecen ser escuchados sino que son para ir sentándose y rematando conversaciones, y por eso las explicaciones a su acompañante entre el primer y el segundo movimiento no cesaron hasta que, con la música ya más que iniciada, un aficionado de la fila trasera le pidió silencio con un gesto. Lo que provocó su enfado, no muy callado tampoco, ante tamaña intolerancia. Y es que no sólo la tos es contagiosa. Y siempre es más fácil ser bueno con uno que justo con todos.

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