Schumann: Concierto para violín

Isabelle Faust. OSCyL, Andrew Gourlay
26 y 27 de Mayo de 2017

Jelly D’Aranyi, violinista sobrina nieta de Joachim, que aseguró que los fantasmas de su tío abuelo y del mismo Schumann le habían instado a buscar y hacer público su hasta entonces oculto Concierto para violín.

El 21 de septiembre de 1853, Schumann escribió en su diario: “He empezado una pieza para violín”. El 1 de octubre anotaba que el “Concierto para violín estaba terminado”, y el día 3 del mismo mes la obra estaba completamente orquestada. Este record supone el último momento verdaderamente productivo y feliz del compositor. Quiso presentar el Concierto para violín en Düsseldorf, pero al renunciar a su puesto de director allí, resultó prácticamente imposible. Una gira de conciertos y su trabajo como crítico musical convirtieron en asunto de importancia secundaria la planificación de su estreno. Finalmente, el inicio de su enfermedad mental eliminó toda esperanza de programar ese concierto, cuya saga continuó mucho después de la muerte del compositor.

Poco después de completar el Concierto de Violín, Schumann envió la partitura a Joseph Joachim (1831-1907), preguntándole si encontraba pasajes imposibles de tocar. Joachim, el destinatario del concierto, apoyó inicialmente el trabajo de Schumann, pero poco después de la muerte del compositor 1856 expresó su disgusto a Clara Schumann por los “terribles pasajes para el violín”. Ante esto, Clara reaccionó pidiendo a Joachim que reescribiera el último movimiento, cosa que nunca hizo. Cuando Joachim finalmente dió una representación privada del concierto, en 1858 en Leipzig, Brahms lo encontró tan insatisfactorio que optó por no incluirlo en la Edición Completa de las Obras de Schumann, que estaba por entonces concluyendo. Clara, Brahms y Joachim decidieron que la obra no debía publicarse nunca.

Muchos años después, el hijo de Joachim vendió el manuscrito del concierto a la Biblioteca Estatal Prusiana, estipulando que la pieza no se interpretaría antes del centenario de la muerte de Schumann. En 1937, Georg Schünemann halló el manuscrito, lo editó y lo publicó a pesar de las protestas de la hija de Schumann, Eugenie. El concierto fue presentado por primera vez en Berlín por Georg Kulenkampff el 26 de noviembre de 1937 y de nuevo el 16 de febrero de 1938 en Londres por Jelly D’Aranyi, sobrina nieta de Joachim. Desde su publicación, las opiniones de los críticos sobre el concierto han variado; los más la consideran una obra menor.

En contraste con otros conciertos de Schumann, el de violín presenta un primer movimiento construido sobre el principio de la doble exposición que encontramos en los conciertos vieneses de la era clásica. Sin embargo, Schumann no usa el ritornello como lo hicieron sus predecesores, sino que  presenta el tema secundario [1:28] en una nueva tonalidad, la relativa mayor (Fa mayor), en vez de reservar la modulación para la exposición del solista como en la mayoría de los modelos vieneses. Así, desde el principio de la obra escuchamos el “relajado” abordaje de Schumann a la forma sonata, en la cual el conflicto tonal ya no es de interés primordial. Cuando la parte solista finalmente aparece, lo hace con el primer tema, sin florituras introductorias y en la dominante. La sección central del desarrollo [6:35] no es una “elaboración” (en el sentido beethoveniano), sino una transformación de material temático, cuya repetición le pareció problemática a Joachim. El punto culminante de la recapitulación es el retorno del tema secundario en la parte solista [13:34], incluyendo su propio acompañamiento en semicorcheas [14:54]

El breve segundo movimiento, en Si bemol mayor, presenta un bello tema que es similar a otro de los que, más de un año después, en el sanatorio, Schumann creía que le dictaban los espíritus; Brahms escribiría más adelante unas variaciones sobre ese tema. En el concierto, cuando Schumann recapitula sobre él, lo hace en tercera inferior y en modo menor, lo que aumenta su fuerza emocional. El final [5:12] es una Polonaise con una abertura vivaz que lleva a una brillante conclusión en Re mayor. Como elemento unificador, Schumann acompaña el segundo tema [5:56] con una variación sobre los compases iniciales del segundo movimiento.

John Palmer, allmusic.com

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Su sonido tiene pasión, coraje y electricidad, pero también una calidez y dulzura desarmantes que pueden desvelar las tensiones musicales ocultas del lirismo.. (New York Times)

Nacida en 1972, la violinista alemana Isabelle Faust ganó en 1993 el prestigioso concurso Paganini y fue inmediatamente invitada a trabajar con las principales orquestas y directores del mundo. Su repertorio abarca desde Bach hasta Ligeti y otros contemporáneos, e incluye abundante música de cámara. Desde sus inicios graba exclusivamente para Harmonia Mundi, con un Stradivarius bautizado como “La bella durmiente del bosque” debido a que había permanecido olvidado en un castillo de Alemania durante 150 años

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