Mozart: Sinfonía nº 34

OSCyL, Andrew Gourlay
26 y 27 de Mayo de 2017

Esta es la última sinfonía que Mozart escribió en Salzburgo, la ciudad de postal que odiaba, desde los residentes cuyo mal gusto puso a prueba su paciencia -“no se puede tener ninguna relación social correcta con esa gente”- hasta los “toscos, desaliñados y disolutos músicos de la corte” para quienes tanto compuso.

Mozart empezó a hablar de abandonar Salzburgo ya en 1773, pero siendo aún un adolescente, era consciente de que durante los próximos años simplemente podría escapar de vez en cuando, aceptando actuaciones y encargos en lugares que anhelaba visitar, tal vez incluso vivir. “Salzburgo no es un lugar para mí”, escribió a su padre desde Múnich en 1777, anunciando abiertamente a la vez su disposición a lograr un trabajo permanente. Al año siguiente escribió a casa desde Estrasburgo: «Sólo tú, querido padre, puedes endulzar la amargura de Salzburgo». Pero en Salzburgo, Mozart continuó escribiendo música que no mostraba signos de su descontento: la deliciosa Serenata “Corneta de Posta”, la brillante Misa de la Coronación y esta sinfonía en Do mayor, una de las últimas obras que compuso antes de partir definitivamente de allí.

Mozart fechó el manuscrito el “29 de agosto, Salzburgo 1780”, y en el diario de su hermana Nannerl se dice que la dirigió en la corte los días 2, 3 y 4 de septiembre. Para entonces, ya sabía que estaba a punto de irse a Múnich para supervisar los ensayos de Idomeneo, su nueva ópera, encargada para el carnaval de invierno. No sabemos si Mozart dejó de lado su trabajo en la ópera para escribir esta sinfonía o si ambas compartieron espacio en su mesa de escritura; sabemos que cuando llegó a Múnich a principios de noviembre, gran parte de la ópera seguía inacabada y que los ensayos no pudieron comenzar hasta al cabo de varias semanas. Idomeneo creó tanta expectación que los Salzburgeses viajaron a Munich para asistir al estreno, de modo que la valoración de Mozart de su pueblo natal tal vez era injusta. En cualquier caso, estaba a punto de liberarse por fin de Salzburgo: Estando en Munich, fue llamado a Viena por el arzobispo y, a mediados de marzo, se había instalado en Viena, donde pasaría el resto de su corta vida.

Esta sinfonía en Do mayor, que resultó ser su despedida de Salzburgo, tiene sólo tres movimientos. La sinfonía se abre con una de esas especie de fanfarrias que Mozart seguiría usando al final de su carrera en las oberturas de Così fan tutte y La clemenza di Tito.

En algún momento, Mozart eliminó del manuscrito el minueto del segundo movimiento, del que se conservan sólo sus seductores primeros catorce compases, gracias sencillamente a que estaban escritos en el reverso de la última página del Allegro de apertura. El minueto “desaparecido” sigue siendo un misterio: no sólo ignoramos si Mozart llegó a terminarlo, sino que tampoco sabemos por qué eligió situarlo en el segundo en vez de tercer lugar, como solía hacer, y ni siquiera porqué lo suprimió. El movimiento medio que sobrevivió está marcado Andante di molto, lo que es luego enmendado con una nota en la parte del director sugiriendo que la música debe ser más rápida.

El Finale es una Giga, la última en una sinfonía de Mozart.

Aunque Mozart todavía escribió una sinfonía más para Salzburgo, la Haffner, conocida hoy como no. 35, para entonces ya era un satisfecho ciudadano vienés y su ciudad natal no era más que un mal recuerdo.

Phillip Huscher, notas de un programa de la Chicago Symphony Orchestra.

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