Ravel: Mi madre la oca (ballet completo)

20 y 21 de Abril de 2017
OSCyL, Andrew Gourlay

Maurice Ravel comentaba a menudo la familiaridad que sentía con los niños. Cuando conoció al artista Cyprian Godebski en 1904, también se hizo rápidamente amigo de los dos hijos de Godebski, Mimie y Jean, para quienes escribió un conjunto de cinco sencillas piezas para piano a cuatro manos, basadas en varios de sus cuentos favoritos, incluyendo algunos de la colección Cuentos de mi madre la oca de Charles Perrault. La suite Mamá Oca resultó ser demasiado difícil para ellos, así que la primera interpretación pública, en París, el 20 de abril de 1910, contó con Jeanne Leleu y Geneviève Durony, ambas menores de 10 años.

Meses más tarde, Ravel orquestó las cinco piezas, y en 1911 añadió otra escena además de un preludio e interludios para atender la petición del empresario Jacques Rouché, que pensó que la música podría servir para un ballet. El ballet, con guión del propio Ravel, se estrenó en París el 28 de enero de 1912.

Una suave fanfarria inicia la obra y domina el preludio de apertura. Un crescendo nos lleva al primer cuadro, “Danza de la rueca y Escena” [3:26], que representa a una anciana hilando en su rueca. La Princesa Florina, la Bella Durmiente, se pincha un dedo en el huso [5:16] y se queda dormida. En el segundo cuadro, “Pavana de la Bella Durmiente del Bosque” [6:46], camina sonámbula acompañada por dos guardianes que le ha asignado la buena hada en que se ha transformado la anciana. En “Conversaciones de la Bella y la Bestia” [9:23], la Bella acepta la propuesta de matrimonio de la Bestia, y con un glissando de arpa [12:35] y el tañido de un triángulo, la Bestia se convierte en un guapo príncipe.

En el cuarto cuadro [14:50], aparece Pulgarcito, representado por el oboe mientras vaga por el bosque, dejando caer migas de pan detrás suyo para poder encontrar luego la salida. Pero los pájaros, escuchados en los trinos y armónicos de los violines y las maderas [16:37], se las comen. Una melodía pentatónica anuncia “Feuchilla, emperatriz de las Pagodas” [19:15], en la que una traviesa bruja ha convertido a una princesa en una niña fea. La niña encuentra una serpiente, con la que viaja al país de los pagodinos, diminutas criaturas con el cuerpo hecho de joyas. La percusión afinada evoca el ambiente oriental mientras los pagodinos tocan para la niña en instrumentos hechos de cáscaras de nuez [22:40]. Finalmente, la serpiente recobra su condición original de Rey de las Pagodas, la niña vuelve a ser una princesa de nuevo, y los dos se casan. En la conclusión, “El jardín encantado” [24:18], el príncipe y la princesa encantadora reciben la bendición de la buena hada que les desea vivan felices para siempre. La música empieza silenciosa y delicadamente, se eleva en un largo crescendo, y las campanas de boda se escuchan en el poderoso clímax.

Chris Morrison, allmusic.com
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