Falla: Suite n° 2 de El sombrero de tres picos

6 y 7 de Abril de 2017
OSCyL, Antoni Ros-Marbà
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Telon para El sombrero de tres Picos (Picasso)

En 1914, poco antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Manuel de Falla conoció en París a Serguei Diaghilev, el fundador de los Ballets Rusos. El empresario propuso al músico que realizase una versión para ballet de la obra para piano y orquesta Noches en los jardines de España. Falla se opuso y se comprometió a escribirle una obra de nuevo cuño sobre la novela de Pedro Antonio de Alarcón, El sombrero de tres picos, a lo que Diaghilev aceptó encantado. Brevemente, Alarcón describe, con fino humor, el asedio amoroso de un corregidor a una joven molinera, bella y casada.

En 1917, Falla estrenó La molinera y el corregidor, primera versión del “Tricornio” que no era propiamente un ballet, sino una pantomima para canto y mimo con textos de María Lejárraga firmados por su marido Gregorio Martínez Sierra. Este “mimo drama” se amplía, tal como el compositor se había comprometido, a ballet. Así, en 1919, la “trouppe” de Diaghilev estrena, en el Teatro Alhambra de Londres, El sombrero de tres picos, con decorados y trajes de Pablo Picasso.

El ballet de Falla se organiza en dos partes: la tarde y la noche. en donde suceden los requiebros de la partes, una por la tarde y otra por la noche, lo que da pie a dos suites de concierto. La segunda, la de la noche, es la Suite N.º 2, que posee una nutrida orquestación al servicio de un ideal sonoro que evoca la guitarra, consta de tres danzas.

La Danza de los vecinos describe la reunión en el molino para festejar el día de San Juan. Allí se danza una peculiar Seguidilla, ritmo de 3/8, con dos temas. El primero, expuesto por los violines, esta tomado de una “alboreá”, un canto de bodas característico de los gitanos del Sacromonte. El segundo, en la cuerdas graves [0:49], es un fragmento de la zarzuela Las bodas de Luis Alonso, de Jerónimo Jiménez.

La Danza del molinero, una de las páginas más flamencas de Falla, es una farruca, danza de carácter grave, con contrarritmos “apresurados” y “rajeados” de guitarra evocados magistralmente por la orquesta. En la escena del ballet, baila el molinero, mientras que los vecinos, lo jalean con palmas y “oles”. La trompa comienza, como un “jipío flamenco” una introducción que completa el corno inglés. Tras el corno, la cuerda, con ritmos bruscos y pesantes, acompañan un “Olé gaditano” que esboza melódicamente el oboe [0:55]. El baile se intensifica y acelera con furia para inmovilizarse de golpe.

La Danza final posee una función coreográfica vital en el complejo desenlace de El sombrero de tres picos en el que al corregidor se le mantea como a un pelele goyesco. Eje de toda la danza es la predominante Jota aragonesa, un “allegro rítmico molto moderato y pesante” cantada con fuerza por los metales. Ecos de la canción infantil “Que no me coges, que no me pillas” [0:55], breves citas al “Olé gaditano” [1:40], a un “zoronjo gitano” [2:42] y otros temas del ballet, se superponen y enlazan hasta que, de nuevo, la jota reaparece vibrante y exultantemente con mayor fuerza y brillo.

Ramón Avello, crítico musical y catedrático de Arte.

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