Britten: Concierto para violín

Vilde Frang. OSCyL, Jesús López Cobos
30 y 31 de Marzo de 2017
antonio-brosa

Antonio Brosa (La Canonja, Tarragona, 27 de junio de 1894 – Barcelona, 23 de marzo de 1979)

El Concierto para violín en re menor, fue la primera obra que Britten completó tras llegar a Estados Unidos, en 1939, y hay en ella un homenaje a maestros admirados: A Beethoven, presente ya en la percusión que inicia el concierto de Britten como lo hace el suyo,  a Prokofiev en el Scherzo y a Bach en la Passacaglia. Pero en el tono angustiado de los primeros compases se puede evocar también el Concierto para violín de Alban Berg, a cuyo estreno en el XIV Festival de Música Contemporánea de la Sociedad Internacional  celebrado en el Palau de la Música de Barcelona el 19 de Abril de 1936 había asistido Britten. Dos días después, sería él quien presentaría allí en público su Suite op.6  para violín y piano, interpetándola él mismo acompañado por Antonio Brosa. Y fue este violinista catalán  quien, además de asesorar a Britten durante su composición, estrenaría su Concierto para violín en Nueva York, con John  Barbirolli al frente de la Filarmónica de esa ciudad.

Sin embargo, lo que el compositor británico se llevó consigo de España no fueron tanto las notas de Berg ni la amistad y colaboración de Antonio Brosa, sino la visión de un país desgarrado en el que tres meses después estallaba una cruel guerra civil, y es su preocupación, su condena y su dolor lo que este reconocido antibelicista expresó en su Concierto para violín, una obra de una unidad formal y conceptual extraordinaria.

Desde el melancólico tema inicial hasta una de esas inmensas conclusiones que dejan con el corazón en un puño y exijen no precipitarse a aplaudir (28:24), se trata de una obra cautivadora. Atención especial al final del primer movimiento, desde que el violín merodea con sus pizzicatos alrededor del tema, a cargo de las cuerdas (5:01) en un crescendo de la coda que conduce a una repetición con cambio de papeles. O los pícolos acompañando la caída en el abismo cuando el feroz Scherzo concede una tregua (13:25), y la impresionante cadenza (15:30) que lo enlaza con la Passacaglia.

Para un cristiano, este es un concierto de Cuaresma. Trata de la pasión de aquellos que han sufrido por otros. Pero aún hay más. Cuando el “propio” de la Passacaglia del tercer movimiento acaba, hay una larga coda (28:24), delicadamente acompañada, que es un Lamento basado en las tradiciones musicales de los moriscos árabes y judíos de Andalucía.

Este Lamento tiene para mí una resonancia particular. Hace tiempo viví en el norte de África y conocí las tradiciones vocales medievales de los árabes y los judíos sefardíes, muchas de las cuales hablan de la desaparición del (quizás mítico) mundo árabe de Granada y Sevilla. El Lamento de Britten es descendiente de esa tradición, y transmite un indescriptible sentimiento de pérdida. Y entonces, la obra acaba, como ninguna otra… en un interrogante.

Lawrence Franko,  violinist.com

-♦-

vilde_frangVilde Frang, “sin duda una nueva estrella en el firmamento” según The Guardian, nació en Oslo en 1986, debutó con la Orquesta de la Radio Noruega a los 10 años, y a los doce fue apadrinada por Anne-Sophie Mutter. En 2007 debutó con la London Philharmonic Orchestra y desde entonces no han cesado de lloverle reconocimientos, incluidos los que recibió aquí por su inmensa interpretación del Concierto de Brahms hace dos temporadas. Toca un Stradivarius cedido por la Fundación Nippon.

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