Schumann: Obertura Manfred

OSCyL, Jesús López Cobos
16 y 17 de Marzo de 2017

Manfred y Astarte, de R. Schumann (Henri Fantin-Latour)

El padre de Robert Schumann, August, fue un respetado editor que publicó una bonita colección de ediciones de bolsillo de Goethe, Schiller y Byron, entre otros. Como su padre, Robert era tímido y aficionado a los libros en su juventud; creció leyendo los clásicos y se mostró muy interesado en llegar a ser él mismo un escritor. Aunque ocasionalmente trabajaba para su padre, Robert quería tocar y componer música, y así fue el único de cuatro hermanos que finalmente abandonó el negocio familiar.

Mucho después de haberse hecho famoso como pianista, compositor y crítico, Robert seguía leyendo vorazmente, a menudo a la luz de las velas, a la hora de acostarse. Los poderosos efectos de la literatura pudieron incluso haber contribuido a sus frecuentes noches de insomnio. Una entrada fechada en su diario en 1829 dice: “Lectura en la cama: Manfred de Byron, terrible noche”. Schumann siempre tuvo un especial afecto por el escritor británico, y en 1840 puso música a uno de los poemas de Byron en el ciclo de canciones Myrthen. Años más tarde, Joseph von Wasielewski, el concertino de Schumann en Düsseldorf, recordó una ocasión en que al compositor, leyendo en voz alta el Manfred de Byron, “se le quebró repentinamente la voz, empezaron a caerle lágrimas de los ojos y de tan sobrecogido que estaba, no pudo leer más”.

Dos años antes de que Robert y su esposa Clara se trasladaran a Düsseldorf en 1850, Schumann compuso música incidental para una producción de Manfred. Emocionado e inspirado por el desafío, comentó entonces que nunca antes se había comprometido “con tal amor y dedicación de energías a ninguna composición como a la de Manfred”. A lo largo de su vida, Schumann se identificó con figuras literarias trágicas, y pudo haber visto algo de sí mismo en el atormentado héroe de Byron, que vaga por los Alpes meditando suicidarse y buscando el olvido. (Byron comenzó su poema dramático en 1816, poco después de una estancia con los Shelley en los Alpes suizos, lugar en el que Mary Shelley, de dieciocho años de edad, trabajaba intensamente en Frankenstein). Schumann escribió una obertura y música incidental para quince escenas; comenzó a trabajar el 5 de agosto de 1848, al día siguiente de acabar su única y desafortunada ópera Genoveva.

Aunque a menudo se dice que Schumann no tenía un genuino talento teatral y que era un inepto escribiendo para orquesta, la poderosa obertura que compuso para Manfred demuestra lo contrario. Ya en su brevísima introducción (tres apresurados y sombríos acordes), la obertura de Schumann está magistral y económicamente orquestada para anunciar un irremisible drama musical. Inmediatamente se emite un hechizo, que prepara el escenario para la acción que seguirá. Schumann compuso un oscuro retrato, una música inestable que crece en pasión y urgencia para desplomarse luego lentamente en las páginas finales. Esta es una magnífica y satisfactoria pieza por sí misma, aunque, como cualquier obertura eficaz, deja con ganas de scuchar más.

Phillip Huscher, notas de un programa de la Chicago Symphony Orchestra.

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