Decepcionante Décima de Mahler

Decir que una interpretación de la Décima de Mahler ha sido una parodia de su música, puede ser una redundancia para los que no quieren pasar del Adagio. El problema es cuando se trata de una mala parodia, en la que ha resultado particularmente afectado ese enorme movimiento inicial suyo, lentísimo e inconexo, y que, como toda la sinfonía, ha carecido de emoción y de auténtico dramatismo. La energía de los movimientos centrales no ha pasado de la epidermis y aunque el efectista movimiento final ha sonado mejor, no ha sonado a Mahler. Con ausencia de matices dinámicos, una monótona igualdad salpicada de estridencias y la sensación general de una interpretación poco trabajada, es cierto que era la primera vez para la orquesta, pero también es posible que este reto supere las actuales posibilidades de  Andrew Gourlay. Y aunque las intervenciones solistas han sido del nivel habitual (a destacar el concertino Juraj Cizmarovic, que sí parecía sentir e interpretar a Mahler), la orquesta se ha mostrado vacilante y desajustada en más de una ocasión. En todo caso, el silencio no se oye y la decepción no habrá sido para todos, porque nuestro director titular ha salido cinco veces para recibir los aplausos que han llenado el auditorio.