Mahler: Sinfonía nº 10

OSCyL, Andrew Gourlay
10 y 11 de Marzo de 2017

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La décima sinfonía de Mahler es una de las más inquietantes y paradójicas obras de la historia de la música. Inacabada a su muerte, su composición formaría parte de un legendario, aunque fútil, intento de eludir la mortalidad. Mientras trabajaba en la partitura, Mahler también experimentó una profunda crisis personal que le llevó a consultar a Freud. Consecuentemente, la décima es un definitivo acto musical de agónica auto-revelación, aunque su intimidad psicoanalítica sólo podría ser abordada estudiando alguna o todas sus reconstrucciones, ninguna de las cuales puede reflejar exactamente las últimas intenciones de Mahler.

La mayor parte de las historias que rodean a la Décima, derivan del testimonio de Alma, la narcisista esposa de Mahler, y en particular, de las poco fiables memorias de su vida como compañera de una sucesión de famosos hombres, el primero de los cuales fue Mahler. Es a Alma a quien debemos la idea de que Mahler tenía el don inconsciente de la profecía y de que su música estaba plagada de  arcanas premoniciones de catástrofes. Escribiendo a posteriori, Alma vio el ciclo de las Kindertotenlieder, terminado en 1904, como un presagio de la muerte de su hija María tres años después. También fue ella quien llevó a nivel de mito la idea que sus últimas obras fueron un intento de, como ella lo expresó, “dar el esquinazo a Dios”.

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