Elgar: In the South (Alassio)

OSCyL, Damian Iorio.
12 y 13 de Enero de 2017
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Alassio: Costa Lupara (Richard West)

Entonces, como un relámpago, todo vino a mí: Arroyos, flores, colinas; las distantes montañas nevadas a un lado y el azul del Mediterráneo al otro; el conflicto armado de no hace demasiado tiempo, en ese mismo lugar donde yo estaba ahora, el contraste entre las ruinas y lo cuidado. Y luego, súbitamente, volví a la realidad. En ese espacio de tiempo había compuesto la obertura; lo demás fue solo transcribirla.

La escena tuvo lugar en un glorioso día de primavera en el valle de Andora, “En el sur” de Europa, aunque no en el de Italia, muy cerca de Alassio, un pequeño puerto del golfo de Génova en que el feliz Elgar se hallaba de vacaciones con su familia. Y, quizás para expresar aquel relámpago, la obra se inicia, recordando los primeros compases del Don Juan de Straus, como la vigorosa y deslumbrada mirada del que descubre un mundo luminoso.

Etiquetada como “Obertura de concierto”, Alassio es también un pequeño poema sinfónico caracterizado por sus constantes cambios de estado de ánimo, moviéndose de la naturaleza a la historia, de la felicidad al temor, siempre en un tono romántico muy acorde con los versos de La peregrinación de  Childe Harold que aparecen en la partitura, “…a land / Which was the mightiest in its old command,/ And is the loveliest… / Wherein were cast… / …the men of Rome! / Thou art the garden of the world.”, tomados fundamentalmente del canto 4/XXV de la obra de Byron:

.. quiero revolver el polvo de los imperios hundidos y de las grandezas sepultadas en una tierra que rayó más alto que otra alguna en los remotos días de su dominación, que es todavía la más bella y que será siempre el perfecto molde en que la celeste mano de la Naturaleza depositó el tipo de los héroes y de los hombres libres, de las beldades y de los valientes, -de los señores de mar y tierra.

Así, cuando se va apagando la introducción [2:54], tras un bucólico tema pastoral  en el que Elgar evoca a un pastor con su rebaño y su música improvisada y el soñador pasaje que le sigue [4:03], la música se torna más agresiva [6:05] hasta desembocar en el episodio de las Ruinas romanas, de aire marcadamente belicoso [7:05]. Y cuando éste se desvanece [10:01], nos encontramos con una de las deliciosas miniaturas de Elgar, el Canto popolare [10:31], una serenata de aire napolitano (pero fruto de su imaginación) presentada por la viola con acompañamiento de arpa y unos cuantos violines y violas. Se trata de la sección más llamativa y conocida de la obra, a la que Elgar dio independencia en arreglos para distintos instrumentos, así como en una versión con textos del poeta Shelley titulada In Moonlight. Su melodía es tomada luego por la primera trompa [11.30] y de nuevo por la viola, dando paso a la recapitulación [12:06] y al feliz final de esta obertura.

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