Mozart: Concierto para piano nº 23

Fazil Say. OSCyL, Damian Orio.
12 y 13 de Enero de 2017

mozart-piano-23

Desde 1782, un año después de trasladarse a Viena, hasta 1786, Mozart escribió quince conciertos para piano. Esa es una increíble producción de música importante, y se corresponde precisamente con el apogeo de Mozart como intérprete. Estos conciertos fueron su más importante vehículo de presentación -así como su principal fuente de ingresos- y el tiempo los ha colocado entre las glorias supremas de toda la música. No hay mucho más en la obra de Mozart, aparte de las grandes óperas, que pueda compararse con la magnificencia, la sutileza y la sólida brillantez de estas partituras, y en ninguna otra obra logró tan ingeniosamente Mozart fusionar los estilos sinfónico, operístico y de música de cámara en un  exclusivo lenguaje de expresión personal.

En el invierno de 1785-86, Mozart escribió tres conciertos de piano mientras también trabajaba también en Las bodas de Fígaro. Este fue el período más productivo de su vida, y la única manera razonable de explicar la enorme y variada producción de estos seis meses es asumir que el intenso trabajo en las complicadas estructuras musicales y dramáticas de Fígaro hizo que su mente hirviese con más ideas de las que podían caber en una sola ópera de cuatro actos. Se ha sugerido que la tarea puramente mecánica de escribirlo todo no podría sobrepasar seis páginas por día. Ni ese desafío, ni el infinitamente mayor de concebir una música tan gloriosa, pareció alterar en lo más mínimo a Mozart. A lo largo del invierno, siguió con su rutina regular de enseñanza e interpretación, mientras mantenía un calendario social completo. La única actividad que pareció sufrir fue su correspondencia, y a causa de eso, sólo tenemos un resumen incompleto de su vida cotidiana en esos años.

Mozart añadió el Concierto para piano en La mayor (K. 488) a su catálogo el 2 de marzo de 1786, sólo un mes después de la ópera cómica en un acto, El empresario; apenas tres semanas antes del famoso Concierto en Do menor (K. 491) y menos de dos meses antes de Las bodas de Figaro. Aunque no está documentado, Mozart probablemente interpretó el concierto en La mayor en uno de los conciertos de Cuaresma de Viena pocos días después de terminarlo.

Este y los otros dos conciertos del invierno de Fígaro son los primeros de la producción de Mozart que requieren clarinetes, aunque los esbozos muestran que lo  había empezado a escribir con oboes en su lugar, ya en 1784. Mozart comienza como si estuviera siguiendo la receta convencional de un concierto clásico (cosa absolutamente improbable en él), pero luego, tras unas pocas páginas, procede a ignorar prácticamente cualquier convención. El resultado es el tipo de creación arriesgada -aunque no imprudente- reservada a los más grandes chefs y compositores. El tono de todo el movimiento es generosa y cálidamente lírico, aunque, como en el dúo en la misma tonalidad entre el conde y Susana en el tercer acto de Figaro, todavía hay un lugar para el mal, la duda y la excitación de un peligro inminente.

Mozart indica Adagio en el movimiento lento en lugar del más habitual Andante, advirtiendo de que no puede ser precipitado. Esta magnífica y justamente famosa música es única entre todos los movimientos de concierto de Mozart, no sólo por su tempo o tonalidad (es su única obra en Fa sostenido menor), sino también porque desvela un poder trágico que no volverá a aparecer en la música hasta Beethoven. La escritura de los vientos es particularmente expresiva, y el solo de piano es tan sencillo y cautivador como un aria lenta. Incluso en Fígaro, con su célebre mezcla de risas y lágrimas, es difícil encontrar un momento que llegue tan profundamente al corazón

El final, un alegre y encantador rondo, nos lleva de regreso al La mayor, que, tras las reflexiones del Adagio, suena como la tonalidad más feliz del mundo.

Phillip Huscher, notas de un programa de la Orquesta Sinfónica de Chicago.

-♦-

No es simplemente un pianista genial; sin duda será uno de los más grandes artistas del siglo XXI. (Le Figaro, París)

fazil-say

Nacido en Ankara en 1970, Fazil Say practicó durante su época de aprendizaje la improvisación sobre temas de la vida cotidiana. Este contacto con procesos y formas de creación libres fueron la fuente del inmenso talento estético y de improvisación que le han hecho ser el pianista y compositor que durante los últimos 25 años está conmoviendo al público y a la crítica, con conciertos distintos, directos, abiertos, emocionantes, que llegan directamente al corazón.

Puedes dejar tu comentario aquí:

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s