Satisfacción general en el Concierto de homenaje al abonado

oscyl-programa-3-16-17

La votación de los abonados eligió para su propio homenaje tres obras de música programática, seguramente más por su carácter romántico que por el narrativo, y el resultado, a juzgar por los aplausos que cosechó la orquesta, fue mucho más que satisfactorio. Y realmente, fue magnífica la interpretación de la Suite nº 1 de Peer Gynt, especialmente por la claridad y delicadeza del Amanecer y de la Danza de Anitra, y el Moldava fluyó luego muy bien, con las maderas capitaneadas por las flautas de Dianne Windsor y Pablo Sagredo saliendo airosas de su dificilísimo papel y con una escena de las ninfas de auténtico ensueño. Faltó cohesión en el clímax de las aguas turbulentas y quizás algo de pasión en el tema principal, como antes dramatismo en La muerte de Aase,  pero la primera parte fue en conjunto sobresaliente.

La Sinfonía fantástica también estuvo bien… porque bien está lo que bien acaba. Durante al menos cinco minutos, el ruido de lo que parecían unos extractores perturbó notablemente su inicio; quizás existía el  temor a que se desprendieran vapores de opio desde el escenario, pero la interpretación no dio para tanto. Andrew Gourlay es mejor en los extremos, lo delicado y lo casi grandilocuente, pero hay otros terrenos en los que, a pesar de  su juventud (o precisamente por ella) parece no querer asumir riesgos y sus lecturas resultan planas, monótonas, deslavazadas y frias. Eso sucedió con los Sueños y pasiones, un movimiento realmente difícil, pero también con el Vals, al que no supo dar el ritmo ni la fuerza adecuadas. Mucho mejor luego, desde que el Ranz des vaches dialogado entre el corno ingles de José M. Urbún y un oboe situado en lo más alto de la parte posterior del Auditorio, crearon el ambiente del tercer movimiento, hasta el gran (y más reconociblemente berlioziano) final, con una vigorosa campana invadiendo el aire en el Dies irae desde las galerías superiores al escenario, pasando por los gloriosos metales de la Marcha del cuarto movimiento. Porque la OSCyL sigue siendo una orquesta envidiable y seguro que el trabajo de Gourlay la hará mejor aún.

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