Smetana: El Moldava

3 y 4 de Noviembre de 2016
OSCyL, Andrew Gourlay

“Por el canto se llega al corazón; por el corazón, a la patria” Esa era la divisa de los músicos bohemios en los años de juventud de Smetana, cuando poco podía imaginar que iba a pasar a la historia como el padre de la música checa, y que un día, siguiendo el modelo de su admirado Franz Liszt, iba a componer un conjunto de poemas sinfónicos que pueden considerarse el paradigma de la música nacionalista. O que, más de cien añosdespués, en la ciudad de Praga se iba a organizar cada primavera un festival de música clásica que comenzaría siempre con la interpretación de esa obra el día del aniversario de su muerte. Pero si hubiese conocido el futuro, también habría sabido que el destino le iba a hacer compartir la trágica suerte de Beethoven, porque con cincuenta años y de forma mucho más rápida que él, iba a quedarse completamente sordo. “Si mi enfermedad es incurable, preferiría ser liberado de esta vida”, escribió en su diario: Vivió diez años más y fue en ese período de forzada tranquilidad impuesta por la sordera cuando compuso los seis poemas sinfónicos que, evocando la naturaleza, la historia y las leyendas de su país, forman el ciclo Ma vlast (Mi patria). Y en el que se halla la más popular de sus  partituras, la dedicada al rio Moldava (Vltava), que el propio Smetana describió asi:

La composición describe el curso del Moldava, su nacimiento en dos pequeños manantiales, el Moldava frío y el caliente, su unión en una única corriente, el discurrir a través de bosques y prados, a través de paisajes donde se celebra una boda campesina, la danza de las náyades a la luz de la luna: en las cercanías del río se alzan orgullosos castillos, palacios y ruinas. El Moldava se precipita en los Rápidos de San Juan; después se ensancha y fluye apacible hasta Praga, pasa ante Vysehrad, y se desvanece en la distancia, desembocando en el Elba.

Smetana, completamente sordo, es capaz de pintar con música. Unas rápidas escalas de las flautas para el manantial frio y enseguida de los clarinetes para el caliente, conducen a la primera exposición del tema del Moldava (o Vltava) [1:32], una preciosa melodía con una larga historia. Luego escuchamos sucesivamente lo que pueden ser las trompas de una cacería o los castillos de que habla el compositor [3:15], la típica polca checa de la fiesta campesina [4:18], las oníricas cuerdas de la danza de las rusalkas [6:04], y de nuevo el tema [8:26], que se acelera vertiginosamente en los rápidos [9:15] antes de llegar gozosa y triunfalmente a Praga y ser recibido por una majestuosa versión del leitmotiv del Vysehrad [10:58], el castillo del primero de los poemas del ciclo, tras lo que le vemos perderse a los lejos con un delicioso diminuendo, hasta que dos fuertes acordes echan el telón.

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