Brahms: Sinfonía nº 1

OSCyL. Jukka-Pekka Saraste
21 y 22 de Octubre de 2016

johannes_brahms

Durante su vida, Brahms fue considerado como el principal heredero del legado musical de Beethoven, como el compositor que, más que ningún otro, se adentró en los ideales beethovenianos de mediados y finales del siglo XIX, de un exacerbado dramatismo musical en formas clásicas evolucionadas. (Esa opinión se sigue manteniendo generalmente hoy.) Las comparaciones con un artista tan grande como Beethoven pudieron ser halagadoras, pero también desalentadoras. En particular, el precedente del Beethoven sinfónico pesó sobremanera en la creación de la Primera Sinfonía de Brahms.

Brahms concibió esta obra muy a la sombra de la Novena Sinfonía de Beethoven, que escuchó por primera vez en 1854. Tardó más de dos décadas en completarla, revisando continuamente la partitura, sometiéndola a la crítica de amigos de confianza y haciendo caso omiso de sus peticiones para que la presentase ya a la opinión pública. Sus dudas se debieron en gran parte al conocimiento de las imponentes normas establecidas por Beethoven. “Una sinfonía no es cosa de risa”, aseguró. “No se pueden imaginar lo que se siente al escuchar detrás de uno las pisadas de un gigante como él”, dijo refiriéndose a Beethoven. No fue hasta 1876 que estuvo suficientemente satisfecho con la obra, una magnífica composición en do menor, que hizo pública para ser interpretada.

No es de extrañar que, en cuanto se conoció la sinfonía, numerosos músicos encontrasen similitudes con la Novena de Beethoven. El tormentoso movimiento de apertura, el extenso  tema con carácter de himno del final y la progresión dramática en el transcurso de la obra, desde la lucha hasta el júbilo, todo tiene precedentes evidentes en la última sinfonía de Beethoven.

El primer movimiento  se inicia con una dramática introducción en tempo lento [Un poco sostenuto]. En sus primeros compases, dos líneas melódicas -una ascendente, la otra descendente- tiran con fuerza una de la otra, mientras los timbales y los instrumentos graves suenan sombríamente por debajo.

Una melodía quejumbrosa introducida por el oboe conduce al Allegro, la parte  principal del movimiento. “Es bastante fuerte”, escribió la amiga y confidente de Brahms Clara Schumann (viuda del compositor Robert Schumann y una excelente música por derecho propio) “pero ya me he acostumbrado. El movimiento está lleno de cosas bellas, los temas son tratados de forma maestra.”

Lo son, en efecto. Y si para entonces hubiese escuchado ya toda la sinfonía, Frau Schumann podría haber añadido que el sentimiento de agitación y conflicto que llena este movimiento sirve para preparar el exultante final de la composición.

Los movimientos internos son menos turbulentos, pero no menos emocionantes. Una serenidad religiosa impregna el segundo [Andante sostenuto],

mientras que el tercero [Un poco Allegretto e grazioso] es relajado y melodioso. Sus compases iniciales proporcionan un ejemplo de la afición de Brahms por las relaciones temáticas y las simetrías: La segunda frase de la melodía del clarinete [1:26] es precisamente una inversión, una imagen en espejo, de la primera.

Al empezar el final, Brahms regresa al drama establecido en el primer movimiento. Su sección inicial [Adagio] está envuelta en oscuras armonías en Do menor. De pronto, sin embargo, una llamada de la trompas disipa las sombras  

y lleva al amplio tema principal del movimiento [Più Andante – Allegro non troppo ma con brio]. El carácter triunfal y la simplicidad al estilo de un himno de este tema llevaron inevitablemente a comparaciones con la melodía de la “Oda a la alegría” de la Novena de Beethoven.

Brahms rechazó la semejanza como fortuita y obvia. “Cualquiera puede ver eso,” exclamó cuando le señalaron el parecido. Claramente más importante es cómo Brahms, con su propio estilo, lleva este tema a las alturas de su exultante expresión en los minutos finales de la sinfonía [Piu Allegro].

Paul Schiavo, http://www.seattlesymphony.org

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“Todo lo que aborda… es un éxito, tanto da que sea Beethoven, Brahms, Schönberg or Stravinsky.” (Kölner Stadt-Anzeiger)

Jukka-Pekka Saraste

Nacido en Heinola, Finlandia, en 1956, Jukka-Pekka Saraste es, desde 2010, el titular de la WDR Sinfonieorchester Köln, y lo fue de la Filarmónica de Oslo desde 2006 a 2013. Se ha puesto al frente de las orquestas más importantes del mundo, con repertorios que ponen de manifiesto su especial afinidad por el Romanticismo tardío y su fuerte implicación con la música de nuestro tiempo, y posee una abundante discografía en la que destacan las sinfonía completas de Sibelius y Nielsen y sus grabaciones con la orquesta alemana para Hänssler.

3 Comentarios

  1. Que viva por siempre Bramhs Ya se que no puede ser pero nos quedaran sus “fantásticas”sinfonias Un abrazo muy fuerte y adióoooooos

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