Beethoven: Obertura Leonora nº 2

Jukka-Pekka Saraste, OSCyL
21 y 22 de Octubre de 2016

Fidelio

Nada en la carrera de Beethoven le supuso tanto esfuerzo y sufrimiento como la composición de su única ópera, que le ocupó diez años, inspiró cuatro oberturas distintas, y fue sometida a dos revisiones importantes y a un cambio de nombre antes de convencer a Beethoven de que él no era un hombre de teatro. La historia de las cuatro oberturas para Fidelio -o Leonora, el título que Beethoven eligió originalmente y siempre prefirió- es casi tan complicado como el de la propia ópera. Su secuencia es aún más confusa por el error en la atribución posterior de los números, responsable de que el primer intento de Beethoven se conozca hoy como nº 2 y el segundo como nº 3. (Después de su muerte se descubrió una obertura escrita para una producción en Praga que nunca tuvo lugar, y que, tomada como su primer intento, se llamó Leonora nº 1, determinando toda esta serie de números equivocados.)


La obertura que se interpretó en el estreno de Leonora en noviembre de 1805, conocida como Leonora nº 2, muestra las ideas originales de Beethoven respecto a la escritura de una obertura de ópera, y, aunque es un trabajo tremendamente impresionante, es sin duda demasiada música para su misión, que, después de todo, era simplemente acallar al público, levantar el telón, y preparar la escena para el drama que seguía. En vez de eso, la obertura de Beethoven es un drama por sí mismo, y un poderoso drama, lleno de música magnífica.

Beethoven revisó la obertura al año siguiente, pero cometió el mismo error: También Leonora no. 3 resulta abrumadora para la primera escena de la ópera, a pesar de que se trata de un trabajo más conciso  y pulido. Con su último intento, compuesto en 1814, Beethoven encontró una solución ideal: La obra que conocemos como Obertura de Fidelio es más corta y ligera, y lleva a la primera escena de la ópera en vez de eclipsarla. (Además, también está en Mi mayor, la nota dominante de la primera clave de la ópera, mientras que las oberturas Leonora son en Do mayor, el destino tonal final de la ópera). La obertura de Fidelio es perfecta para la puesta en escena, pero es menos importante como música.

Leonora nº 2 es uno de los mayores logros de Beethoven. Tanto la obertura nº 2 como la más familiar nº 3 cuentan la misma historia, pero, al modo de Rashomon [película de Kurosawa en la que distintos personajes narran un crímen desde sus respectivos puntos de vista], de diferentes maneras. En esencia, son poemas sinfónicos sobre la propia ópera, y sus contornos generales son similares. Ambos comienzan en la oscuridad de la celda de la prisión, en la que Florestán ha sido injustamente encerrado. Florestán recuerda días felices [0:50] y la música, inflamada por su esperanza y por los recuerdos de su amada Leonor [1:56], está llena de fuego y acción [4:40]. Una trompeta lejana del guardia de la torre, anunciando la posible gracia para Florestán, trae un silencio seguido de un expectante optimismo [10:15], pero cuando la trompeta suena de nuevo [10:48], la libertad es segura. Aunque las dos oberturas comparten el mismo argumento, hacen hincapié en diferentes elementos, se fijan en diferentes detalles, y encuentran caminos separados en una misma escena. (De hecho, las cuatro oberturas de la ópera son tan diferentes que a veces se interpretan en un mismo programa sin que parezca repetitivo, una tradición que se remonta a un concierto dirigido por Mendelssohn en 1840.)

En Leonora nº 2, Beethoven escribió generosamente, incluso atrevidamente; es un gran testimonio de la libertad y del poder de su imaginación, todavía no obstaculizada por la realidad de trabajar en un teatro de la ópera. Hay algo tremendamente dramático, por ejemplo, en cómo se sumerge casi directamente desde la segunda llamada de la trompeta, en la extática coda (No hay recapitulación alguna, sólo una repentina y loca carrera loca hasta el final). Leonora nº. 3 puede ser una partitura más perfecta, pero Leonora nº 2 es uno de los mayores ejemplos de la audacia del genio y de la brillantez de las primeras ideas.

Phillip Huscher, notas de un programa de la Orquesta sinfónica de Chicago.

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