Inauguración de la temporada 2016-1017 con un gran Jean-Efflam Bavouzet

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Las sesiones inaugurales de la temporada 2016-2017 han sido las de la primera actuación con la OSCyL de un pianista imponente, Jean-Efflam Bavouzet, que desde el primer acorde del Concierto para la mano izquierda de Ravel, plantó la música en el auditorio, la música excepcional, la que no depende solo de las notas de la partitura sino que parece estar creándose en ese momento y desborda emoción. Tanto daba si el concierto de Ravel era para una mano o para un solo dedo, lo importante no fue el virtuosismo de Bavouzet, que parecía tocar sin el menor esfuerzo, sino la musicalidad con que desgranó las notas de esa rica pieza. Bravo y gracias, pero una pena que entre el concierto y la Alborada del gracioso que interpretó  luego de propina, de forma igualmente magistral, su actuación apenas alcanzase la media hora: Es un pianista para escuchar durante horas.

Antes, el Flourish with Fireworks de Knussen se mostró más ruidoso que interesante, aunque seguramente valdría para acompañar los títulos de una película. Y el Preludio y Muerte de amor de Tristán e Isolda, a pesar de la imparable fuerza de su música, sonó más mortecino que mortal, lento y sin matices (contando, eso sí, con la colaboración de un público inusualmente tosedor y el refuerzo de lo que pareció ser un teléfono interior amplificado dando instrucciones al acorde Tristán). Afortunadamente, los nubarrones sobre la figura de Gourlay, que esta temporada  va a poder trabajar continuadamente con la OSCyL, desparecieron en la segunda parte. Primero con el estreno de Nunca solo… una obra encargada a Román González Escalera muy bien elaborada y especialmente atractiva por la exploración de sonoridades orquestales, que  ganó en la inevitable comparación con la pieza de Knussen:  Ambas, como tantas contemporáneas, parecen más idóneas para el cine que para una sala de conciertos, pero la del joven español, que subió al escenario para recoger los aplausos del público, valdría para la escena culminante de una película de terror o suspense. Y finalmente, La mer de Debussy,  que no necesita imágenes sino que las crea, y que dirigida por Gourlay con convicción y eficacia, cerró la primera sesión de otra prometedora temporada.

Al acabar, el director se acercó a los contrabajos para mostrarnos el ramo de flores blancas depositado en una silla vacía situada ante ellos, recuerdo y homenaje a Miroslaw Kasperek, contrabajo solista de la OSCyL, fallecido el pasado mes de Julio, a cuya memoria estaba dedicado el concierto.

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