Knussen: Floreo con fuegos artificiales

OSCyL, Andrew Gourlay
6 y 7 de Octubre de 2016

Oliver Knussen

Diversas complicidades se unen en una pieza celebratoria concebida expresamente para iniciar un concierto. Flourish with Fireworks (1988, rev. 1993) fue escrita para la sesión inaugural de Michael Tilson Thomas como director titular de la Orquesta Sinfónica de Londres. La amistad entre ambos es especialmente estrecha, y Tilson Thomas ha estrenado y difundido numerosas obras de Knussen, como su Tercera sinfonía. Ambos, además, profesan una similar admiración por Igor Stravinsky. Y esos fuegos artificiales a los que se refiere el título no son otros que los del juvenil opus 4 stravinskyano, cuyos fulgores resultan reconocibles —el movimiento incesante de las flautas o las fanfarrias distorsionadas del final— en medio del cegador tejido instrumental de una página que Knussen genera a partir de las iniciales del director y de la agrupación homenajeada. Así, las letras LSO/MTT son traspuestas, jugando con diversas nomenclaturas, a la secuencia de notas la – mi bemol – sol/mi – la – la, que suenan al comienzo de la obra y que son sometidas a una gran cantidad de variaciones en los apenas cuatro minutos que dura la composición. Ese guiño stravinskyano no es una excepción en su catálogo. De hecho podría decirse que el gusto de Knussen por la miniatura se remonta no tanto al afán aforístico weberniano —ideal de una cierta vanguardia ortodoxa— cuanto al modelo de las pequeñas piezas de Stravinsky, a las que Knussen añade otras referencias, como los poemas sinfónicos de Liadov o El aprendiz de brujo de Dukas. El compositor sabe que la miniatura exige la alianza de una desinhibida fantasía y de una estricta vigilancia de la escritura y de los detalles para lograr toda su eficacia. En sus obras la sofisticación, nítida brillantez y riqueza de las combinaciones instrumentales, de las soluciones armónicas y de los dispositivos formales es absoluta, precisamente porque los pequeños mecanismos, como los del interior de ciertos juguetes, exigen la máxima pericia y virtuosismo para que su funcionamiento sea tan perfecto como jubiloso, sin que el extraordinario oficio se imponga nunca a la fascinación.  En ese sentido el trabajo, casi de orfebre, que se detecta en el snálisis de la partitura nunca se manifiesta en la escucha como algo árido o abstruso, sino que se resuelve en una presencia sonora de atractivo inmediato

David Cortés Santamarta. Notas de un programa de la ONE.

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