Tchaikovsky: Sinfonia nº 5

OSCyL, Emmanuel Krivine Andrrw Gourlay
27 y 28 de Mayo de 2016

Tchaikovsky

Con cada día que pasa estoy cada vez más convencido de que mi última sinfonía no es una obra satisfactoria,  y darme cuenta del fracaso (o de que tal vez mi capacidad está disminuyendo) es muy doloroso para mí. La sinfonía es demasiado colorida, enorme, insincera, agotadora y en términos generales muy antipática … ¿Estoy efectivamente, como se dice, borrado del mapa?… Si es así, es terrible.
A los pocos meses:
Los músicos se hicieron más y más con la música cada vez que tocaban la sinfonía. En los ensayos hubo entusiasmo general, florituras, etc. El concierto también fue excelente. En consecuencia, ya no tengo mala opinión de la sinfonía, y me vuelve a gustar.

Diez años pasaron entre la Cuarta y la Quinta sinfonía de Tchaikovsky, una década que vio crecer su reputación internacional al concluir Eugene Onegin y otras tres óperas (con menos éxito), el Concierto para violín, la Obertura 1812, la Serenata para cuerdas, un segundo concierto para piano, la Sinfonía Manfred, el trío de piano en la menor y el Capriccio Italien. Al empezar esta sinfonía, Tchaikovsky temía que su inspiración se hubiese agotado. “Estoy terriblemente ansioso por demostrar, no sólo a los demás sino también a mí mismo, que aún no estoy acabado como compositor”, dijo entonces. En la primavera de 1888, Tchaikovsky se acababa de mudar a una nueva casa en las afueras de Moscú, y cuando estaba empezando con esta sinfonía encontraba gran placer en trabajar en su jardín; escribió a su protectora, Nadezhda von Meck, que cuando estuviese “pasado de componer” podría dedicarse a cultivar flores. El trabajo en la nueva sinfonía fue a menudo duro. “El comienzo fue difícil”, explicó a medio verano, “ahora, sin embargo, la inspiración parece haber llegado.” Más tarde se quejó, “tengo que exprimirla de mi cerebro embotado.” Pero hacia el final del verano, cuando cuatro meses de intenso trabajo le habían llevado a los últimos compases del final de la sinfonía, admitió que “me parece que no he metido la pata, que ha salido bien.”

La Cuarta Sinfonía de Tchaikovsky había sido su respuesta a la Quinta de Beethoven: es una sinfonía de triunfo sobre el destino, y él explicó detalladamente su significado en correspondencia con Mme. von Meck. Para su siguiente sinfonía, Tchaikovsky volvió de nuevo al tema del destino, aunque esta vez dijo poco del significado oculto de la obra. Como tema del motto, Tchaikovsky tomo una frase de Una vida por el Zar de Glinka que acompaña a las palabras “no se convierta en dolor.” Antes de empezar a componer, esbozó un programa para la obra en su cuaderno de notas, etiquetando el tema como “completa resignación ante el Destino”, y describiendo el primer movimiento como “dudas… Reproches contra xxx”. Ese xxx, como el críptico Z que aparece en otros lugares de las mismas páginas, se refiere, casi sin duda, a la homosexualidad que no se atrevía a admitir.

El Primer movimiento  se inicia con el tema del motto interpretado quedamente por el clarinete.

Su Allegro también comienza con un suave y emocionante tema en el clarinete, doblado por el fagot, que en última instancia, lleva la tonalidad a un distante de Re mayor, cuando los violines introducen un anhelante y precioso tema [1:49], delicadamente orquestado al principio, floreciendo luego hasta abarcar toda la orquesta.

La sección de desarrollo viaja a través de muchas regiones armónicas, pero presenta realmente muy poco desarrollo, debido a que los temas de Tchaikovsky son melodías plenas, nada fáciles de diseccionar.

Los callados acordes sostenidos de la apertura del Andante comienzan en si menor y luego giran en torno al re mayor, aquel inesperado territorio tonal del primer movimiento, antes de la entrada susurrante de la trompa con uno de los temas más queridos de Tchaikovsky, una melodía tan conmovedora y seductora que incita a muchos oyentes a pasar por alto las elocuentes lineas del clarinete y el tejido del oboe alrededor de ellas.

El flujo lírico es detenido por el tema del motto, anunciado primero por la orquesta completa sobre un feroz redoble de timbales en la parte central,

y una vez más justo antes del final.

El tercer movimiento es un Vals en tonalidad menor; un trío más vivo [1:33] corre alegremente en las cuerdas pero suena también inquieto, sugiriendo algo siniestro en el horizonte

tal vez el tema fatídico del motto, que suena calladamente en los vientos graves, justo antes de que acabe la danza.

El Final se abre con el motto, totalmente armonizado y en modo mayor.

Este movimiento furiosamente impulsado ha sido a menudo ridiculizado como excesivamente grandilocuente, formulista, y repetitivo, aunque tiene muchos toques delicados, incluyendo el alto y cantable tema en los vientos. El tempo nunca cede, ni siquiera en el momento de reposo que está marcado pianissimo y orquestado ligeramente. El tema del motto irrumpe, una vez a velocidad de paso ligero [1:52],

y luego, casi al final, llevando a una magnífica marcha. Es la melodía principal del primer movimiento, sin embargo, la que viene corriendo para cerrar la sinfonía [1:16].

“A pesar de ser reconocido como una de las glorias artísticas de Rusia, de ser amado por su pueblo y admirado por los aficionados de su país y del mundo entero y de gozar de la simpatía personal del zar Alejandro III, Chaikovski se exigía demasiado a sí mismo y  (…) padecía de una inseguridad enfermiza. Tal vez, en su imaginario romántico, veía difuminados los límites fronterizos entre vida y obra, de tal modo que, considerando que ese carácter  triunfal del finale traicionaba su propia psique, que en absoluto se sentía así de eufórica, creyó que su obra, al faltar a la sinceridad, poseía menor valor artístico” (Enrique García Revilla, notas del programa de la OSCyL)

Tchaikovsky dirigió el estreno de la sinfonía en San Petersburgo en Noviembre de 1888 y presentó la obra en Europa en una gira de conciertos a principios de 1889. En Hamburgo vio a Brahms, que pospuso su partida con el fin de escuchar la última sinfonía de su colega ruso; A Brahms le gustó lo que escuchó, a excepción del final.

Tchaikovsky estaba lejos de estar borrado del mapa. Incluso antes de terminar esta sinfonía, comenzó la Obertura fantasía Hamlet, y unas semanas más tarde empezaba a trabajar en un nuevo ballet sobre una bella durmiente que es despertada con el beso de un príncipe.

Phillip Huscher, notas de un programa de la Orquesta Sinfónica de Chicago

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