Berlioz: Escena de amor de Romeo y Julieta

OSCyL, Emmanuel Krivine Andrew Gourlay
27 y 28 de Mayo de 2016

Romeo y Julieta (Marc Chagall)

…la sublimidad misma de ese amor hace su descripción tan peligrosa para el músico que necesitaría dotar a su imaginación de una libertad que el significado literal de las palabras cantadas le negaría. De ahí el recurso al lenguaje instrumental, un lenguaje más rico, más variado, menos limitado y, por su misma imprecisión, incomparablemente más poderoso en tales situaciones.

 Héctor Berlioz. Prefacio de Romeo y Julieta

Berlioz dijo que de todas sus obras prefería la Escena de amor, el tercer movimiento de Romeo y Julieta. (También afirmó que las tres cuartas partes de los músicos de Europa coincidían con su valoración). Es sin duda una de las piezas más extraordinarias de la música, y la forma en que Berlioz expone gradualmente la profundidad de la pasión de los amantes, gloriosa frase a gloriosa frase, confirma la sabiduría que supuso optar por escribir un dúo de amor sin voces. Los violonchelos sugieren las palabras de Romeo, los vientos las respuestas de Julieta, pero Berlioz se refiere únicamente a las emociones que hay tras las palabras. Esta es música de gran belleza física e incluso erotismo (¿ha captado alguien mejor el pulso tembloroso de un amante, o los escalofríos del éxtasis?), pero tal vez lo más sorprendente de todo es el carácter profundamente íntimo de la música. Wagner habla de “la frase musical más bella del siglo”, palabras que sin duda habría esperado guardar para sí mismo. Berlioz se esforzó mucho en esta apasionada escena (sin duda recordando en el proceso a su propia Julieta, Harriet Smithson), diciendo más tarde simplemente que “las cosas ardientes hay que tratar de hacerlas fríamente”.

Phillip Huscher, Notas de un programa de la Orquesta Sinfónica de Chicago

El movimiento se va erigiendo gradualmente desde su atmosférica introducción (trompas, vientos y cuerdas), que evoca algo de las noches italianas que Berlioz conocía de primera mano. Los violonchelos introducen el tema de los amantes y el movimiento conduce gradualmente a un clímax arrebatador.

John Mangum, LA Phil.

Wagner, que asistió al concierto del 15 de diciembre de 1838 se exclamaba, fascinado: “Esta es la melodía del siglo XIX”; su Tristán e Isolda, de veinte años después, lleva su marca indeleble, y es por tanto natural que el cadete enviase la partitura al anciano, junto con la siguiente dedicatoria: “El autor agradecido de Tristán e Isolda al querido gran autor de Romeo y Julieta”

Angèle Leroy, Philarmonie de Paris.

[Pierre Monteux] acababa de dirigir la escena de amor de Romeo y Julieta de Berlioz, y tras la actuación, su esposa, Doris, le besó y le dijo: ‘Querido, ha sido tan maravilloso… ¿Estabas pensando en mí?‘ A lo que él respondió:” No, estaba pensando en Eleanor Roosevelt’”

Georg Solti.

Teniendo en cuenta que, dejando aparte la Fantástica, las obras de Berlioz no son hoy día especialmente populares, es natural que la escena de amor sea aún desconocida para una parte del público. Quienes se encuentren en esta situación, pueden considerarse afortunados y disponerse para descubrir y admirar una melodía, la del tema principal, tan espectacularmente hermosa que, sin duda, hará surgir en ellos un nuevo interés en Hector Berlioz, la figura músico-literaria más importante de la historia.

Enrique García Revilla, Notas del programa de la OSCyL

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