Richard Strauss: Don Juan

OSCyL, Emmanuel Krivine Andrew Gourlay
27 y 28 de Mayo de 2016
Strauss 1886

Precedida de Aus Italien (a medio camino entre la sinfonía y el poema sinfónico), y Macbeth (un primer pero menor intento), Don Juan es la primera aportación importante de Richard Strauss a un género al que pronto añadiría Muerte y transfiguración y otras obras maestras como Las travesuras de Till Eulenspiegel o Así habló Zaratustra: Realmente importante porque en ese poema sinfónico que compuso a los 24 años ya se halla la esencia de su propio lenguaje, su brillante orquestación y su lirismo.

La partitura publicada de Don Juan fue prologada por Strauss con un largo extracto del poema del mismo nombre de Nikolaus Lenau (1802-1850), en el que se lee: “El círculo encantado de tantos tipos de hermosa y estimulante feminidad… Me gustaría atravesarlo en una tormenta de placer”. El compositor no asigna valores musicales a tales expresiones: El poema de Lenau es, en todo caso, una serie de reflexiones filosóficas sobre la búsqueda del amor y no una recitación de las proezas románticas del mujeriego titular.

La música de programa, es decir, la música puramente instrumental descriptiva o inspirada en un texto literario, era una noción popular y a la vez muy controvertida a finales del siglo XIX. La polémica fue  enérgicamente alimentada por el mordaz crítico Eduard Hanslick, defensor de la música absoluta. Aquí sigue parte de la crítica que Hanslick hizo de un Don Juan interpretado en Viena en 1890, pocos meses después de su estreno:

“La generación más joven ha desarrollado un virtuosismo en la creación de efectos sonoros más allá de los cuales no es posible ir. El color es todo, el pensamiento musical nada… El virtuosismo en la orquestación se ha convertido en un vampiro que mina el poder creativo de nuestros compositores… Estas composiciones externamente brillantes no son nada si no tienen éxito. He visto a discípulos Wagner exaltando el Don Juan de Strauss con tanto entusiasmo que parecía como si estremecimientos de placer recorriesen de arriba y abajo sus columnas. Otros han encontrado la cosa repulsiva… Esto no es ‘pintura tonal”, sino más bien un tumulto de pinceladas brillantes, una convulsa orgía tonal, mitad bacanal, mitad aquelarre… La tragedia es que muchos de nuestros compositores más jóvenes piensan en lenguas extranjeras – la filosofía, la poesía, la pintura – y luego traducen sus pensamientos a la lengua materna, la música… ” Qué difícil para Hanslick resistirse a la seducción de lo que condena. “¡Vete de mí, Strauss!”, parece estar diciendo.

Don Juan tiene dos temas principales, el de la gran y trepidante apertura – que corresponde posiblemente al “a por más nuevas conquistas, mientras el pulso de la juventud siga latiendo” de Lenau –

y el que habitualmente es considerado como tema principal del Don, el amplio rugido de las cuatro trompas al unísono, marcado Sehr energisch (muy enérgico).

Estos vigorosos motivos contrastan con varios sensibles temas de “amor”, el más largo de los cuales es anunciado por el oboe solista [6:39], tomado posteriormente por el clarinete, a continuación por el fagot, y finalmente por la trompa. Este tema y otros que se hallan en el camino, se disuelven en frases burlonas, indicando que la condenación – o peor, la saciedad – señalará el fin del Don. Y esta efervescente partitura termina calladamente, con perplejidad, con abatimiento. (Quizás porque en el poema de Lenau, Don Juan desiste de su búsqueda de la mujer ideal y se deja llevar por la melancolía hasta la muerte.)

Melbourne Symphony Orchestra, Sir Andrew Davis.

La primera representación de Don Juan fue efectuada por la orquesta de la corte de Weimar bajo la dirección del compositor en Noviembre de 1889. Fue recibida con entusiasmo y seguida de interpretaciones en toda Europa durante el año siguiente, asentando sólidamente la trayectoria de Strauss como uno de los principales compositores de las generaciones más jóvenes, así como un director formidablemente dotado.

Herbert Glass, editor del Festival de Salzburgo.

Don Juan es la primera obra maestra de Strauss, y, si bien aparece en ella el sello personal del autor en el enérgico arabesco melódico, en la exuberancia tímbrica o en el origen poético o programático de la composición, también se le ha venido achacando una cierta desmesura en algunos aspectos, detectable en primera instancia por los intérpretes, que se ven obligados a acometer con éxito algunos excesos técnicos de un estilo aún rocoso y en exceso impetuoso. En defensa de Strauss podría decirse que lo hiperbólico, lo desmesurado y lo arrebatado son caracteres de lo más “clásico” en el movimiento romántico del que surge, y que, juzgando por los diferentes estilos por los que habría de evolucionar su producción, dichos “excesos” no son sino elementos característicos de la primera etapa compositiva de uno de los genios del siglo XX. Así pues, ¿quién se ve con autoridad para sacar defectos al Don Juan de Strauss?

Enrique García Revilla, Notas del programa de la OSCyL

-♦-

1 comentario

Puedes dejar tu comentario aquí:

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s