Dvorak: Concierto para violonchelo y orquesta

Truls Mørk. Daniel Müller-Schott. OSCyl, Jesús López Cobos
5 y 6 de Mayo de 2016

Dvorak

Dvorak compuso su concierto para cello y orquesta durante los últimos meses de su estancia en los Estados Unidos, con el corazón ya en su Bohemia natal. Y si reconocemos en él al autor de la Sinfonía del Nuevo Mundo, es porque también esa obra está impregnada de recuerdos de su tierra.

Considerado por muchos como el más grande de los conciertos para ese instrumento, antes de él, los de Vivaldi, Boccherini, Haydn, Schumann y Saint-Saens, y las Variaciones Rococó de Tchailovsky, con las sonoras abstenciones de Bach, Mozart y Beethoven. Después, los de Elgar y Shostakovich. Todos más o menos grandes en su estilo, ninguno superior al de Dvorak, se dice que Brahms, exclamó al conocerlo: “¿Por qué demonios no sabía yo que se podía escribir un concierto para violonchelo como este? Si lo hubiera sabido, lo habría intentado yo hace mucho tiempo”. Pero Dvorak había tenido sus dudas, como queda patente en unas palabras suya relativas a otro concierto para violoncelo previo, que abandonó sin orquestar:

El violonchelo es un instrumento hermoso, pero su lugar está en la música orquestal y de cámara. Como solista no es muy bueno. Su registro medio es bueno –es verdad– pero sus agudos rechinan y sus bajos reverberan. El mejor instrumento solista es –después de todo– y será siempre el violín. También he escrito un concierto para violonchelo, pero hasta el día de hoy me arrepiento de haberlo hecho, y nunca tuve la intención de escribir otro.

El Primer movimiento (Allegro) empieza con una relativamente larga y poderosa introducción orquestal con dos temas, el segundo de los cuales es una preciosa melodía expuesta por la trompa (2:16) en un tan arriesgado como precioso cambio de tonalidad. El violoncelo entra luego elaborando ambos   temas de forma tremendamente rica e imaginativa. El movimiento sigue el esquema de la forma sonata, con una sección de desarrollo en el que el cello se manifiesta con un lirismo sobrecogedor (9:18) y una vigorosa recapitulación (12:00)

Cuando Dvorak trabajaba en el Segundo movimiento, le llegaron noticias de que su cuñada se hallaba gravemente enferma. En su juventud se había sentido atraido por ella antes que por su hermana, con quien finalmente se casó. Y el Adagio, en Sol mayor, tras un pacífico primer tema y un amenazador pasaje de transición (3:00) incluye una sección central en Sol menor (3:14) con la melodía de una canción del propio Dvorak que le gustaba especialmente a ella, Lasst Mich Allein (“Déjame solo”), y que aquí resulta en un doloroso lamento, particularmente emotivo en un movimiento que concluye también con tremenda emoción, con los imperceptibles armónicos del cello apagándose con la orquesta.

En el tercer movimiento, el chelo aprovecha el ritmo de una marcha para desarrollar el tema principal, que irá alternando en forma de rondó con evocaciones de los temas principales de los otros movimientos. También aparece la melodia favorita de su cuñada, que Dvorak añadió en la coda final (11:30) cuando esta falleció, poco después de haber vuelto él a Europa. Y la tristeza de ese momento, cuando el celo y los violines le dedican ese último recuerdo, produce un escalofrio que se funde con el causado inmediatamente por otro de los poderosos y magníficos finales afirmativos de Dvorak.

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MorkTrulsTruls Mørk nació en Bergen en 1961, hijo de un cellista y una pianista. Su madre empezó a enseñarle piano a los siete años, pero el niño se decantó pronto por el cello, y con él ha llegado a ser uno de los intérpretes más reputados de su generación y el preferido de muchos expertos. En 2009, siendo ya un artista absolutamente consagrado, estuvo a punto de verse obligado a abandonar su carrera cuando una enfermedad infecciosa del sistema nervioso le dejó secuelas motoras en su hombro derecho. Sin embargo, acabó recuperándose completamente de ellas y volvió a los escenarios acompañado de las mejores orquestas del mundo con el Domenico Montagnana que el Banco de Noruega adquirió para prestárselo.

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Truls Mørk ha cancelado por enfermedad y será sustituido por otro gran violoncelista, el alemán Daniel Müller-Schott, que hace dos años interpretaba así el concierto de Dvorak:

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