Fauré: Suite de Péleas et Mélisande

OSCyL, Jesús López Cobos
5 y 6 de Mayo de 2016

Melisande in the Wood (Winifred Sandys)

Una suite, una ópera, un poema sinfónico y una música escénica; Fauré, Debussy, Schoenberg y Sibelius. Cuatro géneros y cuatro autores que pusieron música a Pelléas et Mélisande. Pero si el primero en interesarse en la obra teatral del simbolista Maurice Maeterlinck fue Debussy, la primera composición que se escuchó en los escenarios fue la música incidental de Fauré, de la que luego seleccionaría y reorquestaría cuatro escenas para la Suite que ha pasado a la historia como una de sus mejores composiciones orquestales.

Gabriel Faure y Mrs Patrick Campbell (Singer Sargent)

De hecho, también fue a Debussy a quien primero se dirigieron los productores que querían estrenar la obra en Londres para pedirle música que acompañase la representación. Sabían que estaba ya trabajando en una ópera sobre ese texto, y debieron pensar que el encargo era tan fácil como hacer un corta y pega. Debussy, ocupadocon lo suyo y probablemente molesto por esa presunción, declinó la oferta, y los productores pensaron entonces en Fauré, quien, persuadido por la actriz Patrick Campbell, aceptó el trabajo a pesar de la premura que se le imponía. Esas prisas debieron contribuir a que emplease material de otras obras anteriores suyas, como la misma Sicillienne, procedente de una partitura inacabada para El burgués gentilhombre de Molière, y que encomendase la orquestación a Koechlin, que a la sazón era alumno suyo. La obra fue un éxito, y a Debussy le sentó como un tiro, llegando a decir que Fauré era “el sirviente musical de una colección de snobs e imbéciles”

Pelléas et Mélisande es un triangulo amoroso formado por dos medio hermanos, Goulad y Pelléas, y la esposa del primero, Mélisande, que concluye con la muerte del amante a manos del marido y la posterior muerte de la amada tras el parto prematuro de una niña. Una historia de amor prohibido y maldito narrada en un ambiente irreal y lleno de misterio ya desde el momento en que Golaud encuentra a Mélisande en un arroyo del bosque en el que dice haber perdido su corona y sin saber quién es; una historia de amor virginal que Fauré abordó exquisitamente, como si se tratase de un cuento de hadas, con delicadas melodías y armonías, pero también con pasajes apasionados, como los del Preludio de la Suite, cerca de cuya conclusión suena insistentemente la trompa de Golaud, que acaba de descubrir a Mélisande en el bosque.

En el Segundo movimiento que Fauré eligió para su Suite, La hilandera, Melisande está en la rueca, que gira con los violines acompañando la soñadora melodía del oboe.

El tercero es la bellísima y popular Siciliana, una de las mejores tarjetas de presentación de Fauré, para cuya melodía sustituyó con una flauta el cello empleado en la música incidental de El burgués gentilhombre, seguramente porque la líquida flauta convenía más a la escena de amor que acompañaba ahora, al final de la que Mélisande deja caer accidentalmente su anillo de bodas en el río. Pero la música habla del amor y la felicidad de la pareja, con el tinte de tristeza que le da la tonalidad de Sol menor

La suite finaliza con La muerte de Mélisande, un trágico lamento que se apaga en un solo de flauta, y que se escuchó en el funeral de Fauré, cuando su féretro abandonaba la iglesia.

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