Un concierto ruso para una exhibición

oscyl-programa-15-15-16

Esta semana ha asistido al concierto un amigo que conoce auditorios y orquestas de medio mundo. Le ha gustado el Delibes por fuera y por dentro, ha admirado su hall, y se ha quedado pasmado al descubrir desde él la sala sinfónica. Le ha gustado (más que a mí) Valentina Lisitsa en el Concierto nº 1 de Rachmaninov, no tanto en las dos propinas que ha ofrecido sin hacérselo pedir demasiado, el atlético Precipitato final de la Sonata nº7 de Prokofiev  (“Stalingrado”, como la sinfonía de la segunda parte, un coincidencia difícilmente casual)

y la Campanella de Liszt-Paganini, “demasiado rápida”. Para mí, como en toda su actuación, más virtuosa que sensible, pero por los aplausos que le ha dedicado el público, y también la orquesta, sensacional.

Aunque en el descanso mi amigo ya había apreciado y coincidido en lo extraordinaria que es la acústica de la sala y en el altísimo nivel de la OSCyL, la Octava de Shostakovich, dirigida con precisión y energía por Petrenko, ha sido una prueba del algodón ideal para demostrar la capacidad del local para contener y repartir con nitidez una avalancha de sonidos a la vez que permite la escucha de un pianísimo hasta su extinción, y la alta calidad de las secciones y los solistas de la orquesta, que prácticamente todos tienen su momento en esta sinfonía, y el más exigido, el corno inglés de Juan M. Urbán tuvo una intervención memorable. De modo que ya solo faltaba que el público no estuviese ruidoso y que respetase el silencio tras el misterioso final de la obra, esta vez esperanzador. Y no se oyó una mosca hasta que Petrenko bajó los brazos. De modo que, aunque olvidé preguntarle su opinión sobre la comodidad de las butacas y sobre las notas del programa, que esta vez eran de Maruxa Baliñas (de las que nos gustan a los aficionados sin conocimientos musicales), creo que hablará maravillas de este lujo del que disfrutamos en Valladolid.

-.-

P.D. Donde dije digo debo decir Diego. La orquesta, el público y mi amigo tenían razón. El jueves escuché a Lisitsa desde la tribuna de detrás del escenario, y hoy, que he repetido desde el patio de butacas, su interpretación del Concierto nº 1 de Rachmaninov me ha parecido estupenda. Es difícil encontrar emoción cuando no se oye en condiciones y la acústica del auditorio es espléndida, pero lo que es imposible es imposible.  Claro que esto de la música en directo es multifactorial, y a lo mejor es que además Lisitsa hoy ha tocado mejor aún, porque los aplausos han sido tantos como para obtener no dos sino tres propinas. Las dos primeras, elegidas por la artista tras consultar su móvil por razones que ha explicado de forma inaudible, han sido  el Estudio nº 12 op. 10 de Chopin,

tocado con más de una licencia y de una forma mucho más efectista  que sensible, y el Preludio en sol menor  nº 5 op. 23 de Rachmaninov,

mejor, aunque tampoco a la altura de su trabajo en el Concierto. La tercera, ha sido de nuevo la Campanella, con la que se ha despedido triunfalmente tras recoger el móvil olvidado en la caja del piano.

Por lo demás, repetir me ha servido para volver a disfrutar de la grandísima Octava de Shostakovich, en una interpretación quizá aún mejor que la del jueves, que ya es decir, con la que Petrenko y la OSCyL han entusiasmado al Auditorio.

2 Comentarios

  1. Pedazo de auditorio!!! Magnífico, en su interior, en su exterior, en acústica, en visibilidad y en comodidad de butaca. La OSCyL con un gran nivel, ya conocido porque nos visitó la temporada pasada en Barcelona, pero que con una sinfonia como la Octava de Xostakövitx, exigente, dura, trabada, trascendente, se ha lucido espectacularmente, con cuerdas, maderas y metales sencillamente impecables. Petrenko muy bien, haciendo sonar todos los registros de una sinfonia tan programática como la que más, en donde el pentagrama muestra no sólo el movimiento de las notas, sino el movimiento de los labios del compositor. No sé si me explico. Y Lisitsa espléndida en el concierto y no demasiado en las propinas, con una Campanella un tanto desequilibrada e irregular i un tercer movimiento de la séptima sonata de Prokofiev demasiado agitado, lo cual nos dice que cuando esta “atada” a una forma concertante luce de verdad, desapareciendo por completo las sospechas de “bluff” mediático. Un primero de Rachmaninoff tocado así no lo hace un/una cualquiera, y Lisitsa demostró lo que vale, y mucho. Y el programa de mano excelente. En calidad y en cantidad. ¿Qué más se puede pedir en una primera asistencia? Bueno, pues repetir la temporada próxima!🙂

    Me gusta

Puedes dejar tu comentario aquí:

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s