Rachmaninov: Concierto para piano nº 1

Valentina Lisitsa. OSCyL, Vasily Petrenko.
28 y 30 de Abril de 2016
rachma

Aunque la música de Rachmaninov se confunde a veces con el romanticismo meloso de las bandas sonoras de Hollywood que antaño inspiró, Rachmaninov fue un artista serio y aristocrático. Fue uno de los más grandes pianistas de la historia, un asombroso virtuoso en la heroica tradición de Liszt, pero no había nada llamativo en su actitud en escena. Para ser una superestrella para todos los públicos, Rachmaninov era sorprendentemente sombrío y lejano. Rara vez sonreía o cortejaba a la audiencia, e incluso su pelo cortado al rape, de un modo omnipresente hoy pero muy sospechoso en aquel momento (como el de un convicto, según dijo el bajo ruso Fyodor Chaliapin) sugería una personalidad adusta. Chaliapin también le regañaba por su bruscas e imperativas reverencias. Mucho más tarde Stravinsky le llamó “un ceño fruncido de dos metros de altura.”

Rachmaninov habría sido famoso aunque no hubiese hecho nada más que dar conciertos. Pero su verdadera aspiración era ser compositor. En el Conservatorio de Moscú, su profesor Nikolai Zverev le animó a engancharse al piano en lugar de escribir música, pero Rachmaninov se probó con la composición de algunas piezas para piano y un scherzo orquestal, y empezó incluso una ópera, Esmeralda. Incapaz de elegir entre composición e interpretación, Rachmaninov se decidió finalmente por ambas, llegando también a ser un buen director. En 1889, año en que su camino y el de Zverev se separaron, esbozó y abandonó un concierto para piano, pero el que comenzó el año siguiente fue su primera gran obra, la que se convirtió en su op. 1. Esta fue la partitura que selló su destino como compositor, y fue acabada en un torrente de pasión y euforia, con Rachmaninov trabajando desde las cinco de la mañana hasta las ocho de la tarde y escribiendo los dos últimos movimientos en tan sólo dos días y medio. Rachmaninov tocó el primer movimiento con la orquesta en un concierto de obras de estudiantes en el conservatorio en Marzo de 1892. En ese momento, Rachmaninov estaba tan seguro de su partitura que rechazó las mejoras sugeridas por el director, e incluso corrigió sus tempos e ideas de interpretación en el ensayo.

Pero el aprecio de Rachmaninov por su Primer concierto para piano cambió pronto. En 1908, después de haber escrito un segundo concierto de gran popularidad, estaba impaciente con los defectos del primero. “Ahora tengo la intención de tomar en mis manos mañana mi primer concierto”, escribió aquel Abril “analizarlo, y luego decidir cuánto tiempo y trabajo va a hacer falta para su nueva versión, y si vale la pena hacerla en cualquier caso. Hay tantas solicitudes de ese concierto, y es tan terrible en su forma actual, que me gustaría trabajarlo, y, si es posible, hacerlo decente. . . ” En vez de ello, sin embargo, compuso un nuevo concierto, su tercero, en 1909, hecho a medida para su próxima gira por América del Norte.

Al final resultó que Rachmaninov no volvió a plantearse revisar de su Primer concierto para piano hasta finales de 1917, después de la revolución rusa. Fue lo último que compondría en su tierra natal. Justo antes de Navidad, aceptó una invitación para actuar en Estocolmo; su esposa y dos hijas se reunieron después con él. La familia se instaló temporalmente en Copenhague, y en 1918, se trasladó a los Estados Unidos. Rachmaninov fue el intérprete de la nueva versión de su primer concierto en enero de 1919, en la ciudad de Nueva York, donde la familia había alquilado un apartamento.

Antes de ponerse a trabajar en la revisión de este concierto, Rachmaninov comentó: “Tendrá que ser escrito de nuevo, porque su orquestación es peor que su música.” La nueva partitura es prácticamente una nueva pieza, con la notable excepción de los temas principales en sí mismos. “Ahora es realmente bueno”, señaló el compositor más adelante. “Ahí sigue toda su frescura juvenil, pero en cambio, se manifiesta mucho más fácilmente.” También es una obra con más fuerza, más astutamente desarrollada. Tiene, por lo tanto, lo mejor de ambos mundos, al combinar los primeros instintos líricos de Rachmaninov con su maduro sentido de la forma y orquestación. Aún así, no logró hacerse con el corazón del público como sus grandes éxitos anteriores. “Cuando digo en América que voy a tocar el Primer Concierto, no protestan”, admitió más tarde, “pero puedo ver en sus rostros que preferirían el Segundo o el Tercero.”

El Primer Concierto para piano de Rachmaninov comienza con el gran dramatismo de las fanfarrias y las cascadas de tripletes del piano, algo muy distinto de las suaves y cautivadoras oberturas del Segundo y Tercer concierto. El piano domina el acto, recordando contínuamente a los solistas que lo abordan, que Rachmaninov era un formidable pianista, con enormes manos y un control notable incluso en los pasajes más frenéticos. Hay dos temas principales líricos [1:04, 3:12], ambos introducidos por la orquesta pero mucho más ricos y complejos una vez que el piano se hace cargo de ellos. La cadencia [10:15], previsiblemente, es enorme y deslumbrante.

El movimiento lento, iniciado por los sombríos acordes de un solo de trompa, se convierte en un nocturno no muy diferente de los de Chopin, pero decisivamente marcado por el emergente estilo personal de Rachmaninov, su rico vocabulario armónico y la reluciente filigrana de su escritura pianística.

El final comienza con una agresiva y atlética música -el piano toca interminables corrientes de dieciséis notas- que luego se vuelve delicada en el centro, en un interludio encantador ricamente bordado por el piano. El final es de los que hacen que el auditorio se venga abajo.

Phillip Huscher. Notas de un programa de la Orquesta Sinfónica de Chicago.

Beatrice Berthold. NDR-Sinfonieorchester, Günter Neuhold

 

valentina-lisitsaNacida en Ucrania en 1973 y residente en los Estados Unidos desde 1991, Valentina Lisitsa es una estrella de la música clásica en el firmamento de Youtube desde que en 2007, publicó su primer videoclip en esa plataforma, la grabación casera de un estudio de Rachmaninof,  al que siguió un álbum producido por ella misma con los Estudios de Chopin. En la actualidad se la disputan las principales salas de concierto del mundo y sus actuaciones reciben entusiastas críticas. Así interpreta la cadenza del primer movimiento del Concierto nº 1 de Rachmaninov:

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