Prokofiev: Suite de El amor de las tres naranjas

OSCyL, Daye Lin
18 y 19 de Marzo de 2016

El amor de las tres naranjas

Cuando Prokofiev recibió en Chicago el encargo de componer una obra para la Ópera Lírica de esa ciudad, estaba ya trabajando en un libreto basado en una fantasía del satírico italiano del Siglo XVIII, Carlo Gozzi, El amor de las tres naranjas, título que había adoptado una vanguardista revista teatral rusa cuyos postulados suscribía Prokofiev. Su argumento, alegre y absurdo, encajaba perfectamente con el estilo de su música: Un joven príncipe está muriendo de tristeza y solo la risa puede curarle. Pero la malvada bruja Fata Morgana frustra cualquier intento por lograrlo, hasta que, durante una pelea con los guardias de palacio, cae ridículamente mostrando sus bragas, lo que provoca la risa y curación del príncipe. La bruja le maldice y le condena entonces a enamorarse de tres naranjas. El príncipe parte en su busca y las encuentra en un desierto, descubriendo que en el interior de cada una hay una hermosa princesa. Pero dos de ellas mueren de sed, y la tercera habría seguido el mismo camino si el público que asiste a la función, “Los ridículos”, no la hubiese reanimado con un cubo de agua. Ninette, que así se llama la superviviente, se enamora en el acto del príncipe, y tras unas cuantas peripecias, la ópera acaba con alabanzas para la pareja.

Teatro dentro del teatro, la ópera se inicia con un prólogo en el que la Tragedia, la Comedia, el Drama lírico y la Farsa defienden sus méritos ante una audiencia de “Ridículos” (en ruso “chudaki”, que significa también “excéntrico” o “bicho raro”). Y la intención de Prokofiev con esta ópera, era precisamente ridiculizar las convenciones tradicionales con una acción escénica absurda y su impetuosa, burlona y acerada música.

La Suite, seis brevísimos movimientos que suman poco más de quince minutos, se inicia con Los ridículos, la  representación de sus infructuosos esfuerzos por hacer reír al príncipe.

Sigue la Escena infernal: El mago Chelio y Fata Morgana jugando a las cartas. Lo que la hechicera y el Mago del rey se juegan con unas enormes cartas, es la vida del príncipe

La Marcha, extremadamente popular, es una parodia sarcástica del ambiente de la corte, que en la ópera acompaña al bufón Truffaldino cuando este conduce al príncipe a las diversiones con que trata en vano de hacerle reir. Prokofiev la usó luego en su ballet La Cenicienta.

En la ópera, el Scherzo se escucha dos veces, antes y después de que el príncipe encuentre las naranjas. Fue transcrito para piano junto con la Marcha por el propio Prokofiev

El príncipe y la princesa, el amor

Y la Huida con toda la corte persiguiendo frenéticamente a Fata Morgana y sus secuaces, y atrapándolos finalmente tras unos momentos de suspense.

Moscow City Symphony “Russian Philharmonic”. Michail Jurowski

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