Emmanuel Pahud y Gustavo Gimeno, dos regalos para la OSCyL en su XXV aniversario

OSCYL-PROGRAMA-11-15-16

Aunque el cortés público del Delibes haya aplaudido la obra encargada por la OSCyL a Jesús Torres, el concierto de su XXV aniversario no será recordado por esas Folías de España (una serie de ásperas variaciones sobre el famoso tema instaladas en un clímax permanente que han llegado a su mejor momento en las breves frases del cuarteto de cuerda con que ha concluido), sino por el regalo que le han ofrecido Pahud y Gimeno. El flautista, virtuosismo y belleza de sonido en el límite de lo humano, juega con su instrumento con una facilidad y naturalidad pasmosas, haciendo recordar que en francés e inglés, el verbo no es tocar sino jouer, to play. Y tampoco se ha limitado a tocar la partitura del Concierto para flauta de Mozart: La ha interpretado, haciendo una auténtica y deliciosa creación a partir de una obra que, de otro modo, puede sonar a sobada carta de ajuste. Sólo había que ver la expresión, mezcla de admiración, felicidad y orgullo corporativo, con que le escuchaba el segundo flautista Pablo Sagredo. La propina, ofrecida “si tienen ustedes tres minutos” en perfecto castellano, ha sido Syrinx, y ha servido para echar más leña al fuego, pero también para que apareciesen los males endémicos: el maldito móvil y los aplaudidores precoces que han abortado el espectacular pianissimo final, al iniciarse cuando este inmenso flautista mantenía aún sus labios en el instrumento.

El segundo regalo ha sido Gustavo Gimeno, otra gozosa realidad en el paisaje musical español, que ya había llamado la atención en la primera parte con un Mozart muy vivaz, y que con la Primera Sinfonía de Mahler ha posibilitado una espectacular exhibición de la OSCyL. La Titán es una obra tan estupenda como peligrosa para el lucimiento de una orquesta, y Gimeno, tras un primer movimiento nada prometedor, la ha llevado a la gloria en los tres restantes con una dirección persuasiva y acertadísima. Y aunque todos los solistas y todas las secciones han aprovechado sus oportunidades, el impecable y copioso trabajo de Sebastián Gimeno con el oboe, le ha hecho merecer con toda justicia la primera y efusiva felicitación del director. O con toda injusticia, porque la han merecido todos: Felicidades a todos.

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