El clasicismo en Rossini, Dvorak y Prokofiev

Ekaterina Bakanova. OSCyL, Jean-Christophe Spinosi
11 y 12 de Febrero de 2015

En la segunda parte asistimos a tres transformaciones de este estilo: el clasicismo como evolución, como opción y como revisitación. La primera estaría representada por Rossini, que desde luego bebe de fuentes clásicas y las fusiona con las de la época romántica. La Obertura de La Cenicienta y el aria de El Barbero de Sevilla son dos ejemplos de ello. Dvorák, por otro lado, elige esta “opción clásica” para su maravillosa Canción a la luna de la ópera Rusalka. Aquí el ambiente nocturno pide un estilo sosegado, melódico y evocador. Prokófiev, por su parte, toma las sinfonías de la época clásica como excusa para su Sinfonía n.º 1, una construcción diáfana, brillante, irónica y a la vez rabiosamente moderna.

De la web del Auditorio Miguel Delibes

La Obertura de La Cenicienta (1817), al igual que otras famosas oberturas de Rossini (incluyendo la de El barbero de Sevilla, con la que va codo con codo) incluye material reciclado de óperas anteriores – en este caso, La Gaceta, El turco en Italia, y La piedra de toque. No importa. El resultado es una elaboración muy agradable que resulta totalmente adecuada para esta ópera cómica basada, sin zapatos de cristal, en el cuento de la Cenicienta. La obertura encaja en la forma habitual de Rossini, con una introducción lenta seguida de un pequeño Allegro sinfónico que carece de sección de desarrollo. Pero está lleno de sorpresas, incluyendo un prolongado “crescendo de Rossini” que sirve como tema de cierre de los tres presentados en la exposición, un tema de apertura que progresa teatralmente a trancas y barrancas, y un delicioso giro del piccolo en la recapitulación del segundo tema.

Rovi Staff, allmusic.com
Orchestra del Teatro La Fenice, Kazushi Ono.

“Una voce poco fa” es una de las grandes arias de la más popular de las óperas de Rossini, “El barbero de Sevilla”. Hace poco que una voz resonó en el corazón de Rosina, y la pupila de Don Bartolo, tras recordar amorosamente a su propietario, un joven llamado Lindoro que es en realidad aquel conde de Almaviva a quien sirvió antaño Fígaro, se propone olvidarse de su docilidad para conseguir tenerle a su lado. Aquí la canta Teresa Berganza, una de las mejores Rosinas de la historia.

La Canción a la luna de Rusalka, una ópera o un “cuento lírico de hadas” como la calificó su autor, Dvorak, es una joya capaz de atraer al mundo de la ópera al más reticente. El argumento de la ópera tiene muchos puntos de contacto con La sirenita de Andersen, y en esta canción, la ondina pide a la luna que busque a su enamorado, un príncipe humano, y le hable del amor que siente por él. La soprano eslovaca Gabriela Benacková la interpreta de forma sublime:

Sergei Prokofiev (1891-1953), como Liszt, fue un virtuoso del piano. De hecho, fue de su talento en el teclado y de su reputación de “enfant terrible” de la música de lo que vivió tras su huida de la Unión Soviética después de la Revolución de 1917. Su Sinfonía nº 1, “Clásica” tiene muy poco que ver con esto, no hay nada particularmente “terrible” en el Prokofiev que encontramos en esta obra, y no hay tampoco piano. De hecho, la composición de la Sinfonía respondió a un intento del compositor por liberarse de su instrumento.

“Tuve la idea de componer toda una obra sinfónica sin el piano,” recordaba Prokofiev en su autobiografía de 1.948. “Compuesta de esta forma, los colores orquestales serían necesariamente más claros y limpios. Así se originó mi proyecto de una sinfonía en estilo Haydnesco, ya que como resultado de mis estudios … la técnica de Haydn se había convertido en algo especialmente claro para mí, y con tal comprensión íntima era mucho más fácil sumergirse en la peligrosa corriente sin un piano. Me parecía que si viviese hoy, Haydn, conservando su propio estilo de composición, se habría apropiado de algo de lo moderno”.

La Sinfonía sigue el patrón de las de Haydn: Apertura Allegro en forma sonata, un movimiento lento, un movimiento de danza (Haydn utiliza minuetos en vez de gavotas, pero la elección de Prokofiev conserva un sabor del siglo XVIII), y un final. Tampoco la orquesta que pide Prokofiev habría sorprendido en lo más mínimo a Haydn. En toda la obra, sin embargo, el compositor ruso la utiliza para lograr un Haydn trasplantado, actualizado y repensado. Las armonías son ásperas, los ritmos limpios y enérgicos, y las melodías inteligentes en el más fascinante estilo de Prokofiev. La elegancia y el humor rústico del hombre del siglo XVIII se convierten en el bullicioso intelecto y la conciencia de sí mismo de uno de los del Siglo XX en manos de Prokofiev.

John Mangum
Orquesta del Teatro Mariinsky, Valery Gergiev

Notas al programa de Enrique Garcia Revilla, aquí.

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Ekaterina Bakanova

Ekaterina Bakanova (Mednogorsk, 1984) es una joven soprano rusa, formada en Moscú y Roma y premiada en numerosos concursos internacionales. Recientemente sorprendió al público de Londres con una magnífica Violeta al sustituir a la indispuesta Sonia Yoncheva con sólo cinco horas de aviso. Aquí podemos escucharla en su Susana de Las bodas de Fígaro:

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