Haydn: La creación

Coros de Castilla y Leon. OSCyL, Leopold Hager.
22 y 23 de Enero de 2016

La creación de los animales (Tintoretto) (1551)

Fue la primera visita de Haydn a Londres lo que puso en marcha la cadena de acontecimientos que llevarían a su más famosa y perdurable obra maestra. En el Festival Handel de 1791 en la abadía de Westminster, Haydn se sintió abrumado por el Mesías y por Israel en Egipto, en gigantescas representaciones que implicaban un reparto con centenares de personas. Se sabe que lloró durante el Coro del “Aleluya”, proclamando que “Handel es el maestro de todos nosotros” (sentimientos de los que más adelante se haría eco Beethoven). De acuerdo con uno de sus primeros biógrafos, Giuseppe Carpani, Haydn “confesó que… se sintió anonadado como si hubiese vuelto al inicio de sus estudios y no hubiese aprendido nada desde entonces. Meditó sobre cada nota y extrajo de esa docta partitura la esencia de la verdadera grandeza musical”.

En Londres, Haydn se enardeció con la idea de componer su propio oratorio sobre un tema bíblico similarmente elevado. De momento, sin embargo, sus principales energías se canalizaron hacia la gran serie de sinfonías para el empresario Johann Peter Salomon. Pero durante su segunda visita a Londres de 1794-5, Salomon le entregó un libreto en inglés sobre la creación del universo, basado en los relatos del Génesis y en el Paraíso Perdido de Milton. Quizás Salomon esperaba que el oratorio fuese el cebo que asegurase una tercera visita de Haydn a Inglaterra. El desconocido origen del libreto ha llevado a muchas especulaciones. Un comentarista contemporáneo afirmó que había sido concebido para Handel, y Haydn le dijo más adelante a su amigo y biógrafo Georg Griesinger que el autor era “un inglés llamado Lidley”. Nunca se ha identificado ningún plausible candidato para ese nombre, aunque se suponen que el autor fue el compositor/empresario Thomas Linley el Viejo (1733-95). Pero si bien Linley pudo hacer llegar el libreto a Salomon, él no era un poeta, y, en cualquier caso, no era tan viejo como para haber tenido tratos con Handel.

Haydn vio inmediatamente el potencial del libreto para una obra musical. Tras regresar a Viena en agosto de 1795 se lo mostró al barón Gottfried van Swieten, bibliotecario de la corte imperial y entusiasta de Handel, quien, según sus propias palabras, “resolvió vestir el poema inglés con atuendo alemán”. Aunque trató de seguir sílaba a sílaba el inglés en lo posible, Swieten “a menudo juzgaba necesario que muchas partes se abreviasen o incluso omitiesen, por un lado, y por otro, que a otras muchas se les debía dar mayor énfasis, y a otras tantas quitarles importancia”. Después de completar su texto en alemán, hizo una versión paralela en inglés que, con todas sus absurdas intermitencias (el inglés del barón era menos perfecto de lo que le gustaba creer), conserva bastante del aire de Milton y de la Biblia de St. James. El libreto estaba listo a finales de 1796, cuando Haydn ya había comenzado a esbozar la “Representación del Caos”. Nunca de los que se echan para atrás, Swieten anotó el manuscrito que preparaba para Haydn con sugerencias musicales, algunas de las cuales fueron adoptadas, otras rechazadas. Pero él fue, de hecho, insistente en que las palabras “Hágase la luz / Y la luz se hizo” debían ser cantadas una sola vez, asegurándose con ello una pequeña participación en uno de los más fundamentalmente emocionantes momentos de la música.

Con su evocación de un universo benevolente y racionalmente ordenado y su visión esencialmente optimista de la humanidad, La Creación se hallaba plenamente de acuerdo con el carácter de la Ilustración (la Caída es citada solamente en passant en el recitativo del tenor previo al coro final y, más oblicuamente, en el velado solo de bajo en el centro del trío “On thee each living soul awaits” (“En ti cada alma viviente espera”). Su contenido teológico, minimizando el conflicto, la culpa y el castigo, también estaba en consonancia con la propia reverente fe católica de Haydn “no sombría ni siempre sufriente, sino más bien alegre y reconciliada”, como Griesinger señala.

Haydn pasó la mayor parte de 1797 trabajando en La Creación, completando la partitura a finales de ese año. La primera interpretación, ante una audiencia de invitados, predominantemente aristócratas, tuvo lugar en el Palacio Schwarzenberg de Viena el 30 de abril de 1798. La recepción fue alborozada. Uno de los invitados explicó que “en el momento en que la Luz irrumpe por primera vez, se hubiera dicho que los rayos de luz partían de los ojos ardientes del compositor. El embeleso de los electrificados vieneses era tan profundo que la interpretación no pudo proseguir en varios minutos.”

Tras ulteriores interpretaciones semi-privadas en el Palacio Schwarzenberg en Mayo de 1798, el estreno oficial público, a gran escala (se habla de 120 instrumentistas y de un coro de alrededor de 60 hombres), tuvo lugar el 19 de marzo de 1799 en el Burgtheater Imperial. La recepción superó todos los records de los teatros vieneses. Un testigo presencial, Johan Berwald (primo del compositor sueco Franz) dijo que “toda la función se desarrolló maravillosamente. Entre las secciones de la obra, tumultuosos aplausos; durante ellas, sin embargo, tanto silencio como en una tumba. Cuando terminó se escucharon llamadas, ‘Padre Haydn, al frente!’. Finalmente el anciano se adelantó y fue recibido con tumultuosos applaudissement y con gritos, ‘Larga vida al Padre Haydn, larga vida a la música!’”

Las representaciones benéficas de La Creación se convirtieron rápidamente en un elemento habitual de la escena musical vienesa. Escribiendo sobre una efectuada en ayuda de los soldados heridos, Griesinger comentó que “esta música parece haber sido hecha para ayudar a recaudar dinero para buenas obras.” El estreno en Londres fue en el Covent Garden, el 28 de marzo 1800. El propio Haydn aprobó traducciones al francés y al italiano. Y en pocos años, su gozosa celebración del universo, una visión idílica que contrastaba fuertemente con los horrores de las guerras napoleónicas, fue aclamada en toda Europa.

*

Un factor capital en el atractivo que tuvo el libreto para Haydn fue seguramente la sencillez y fuerza de su estructura. En las dos primeras partes, los seis días de la creación son anunciados con un recitativo secco por uno de los tres arcángeles, Rafael (barítono / bajo), Uriel (tenor) y Gabriel (soprano); después de cada acto de la creación, los arcángeles se explayan sobre su asombro en un recitativo acompañado y un aria; y cada día posterior al primero (que termina con el delicioso coro faux-naïf que anuncia el “nuevo mundo creado”) culmina en un himno de alabanza a cargo de las huestes celestiales. La tercera parte, que representa la primera mañana en el Edén, con Adán y Eva loando toda la creación y su mutuo amor, se divide en dos secciones, cada una de las cuales alcanza igualmente un clímax con un coro jubiloso.

Las arias y recitativos acompañados dieron a Haydn gloriosas oportunidades para disfrutar de su amor por el figuralismo instrumental, utilizando técnicas perfeccionadas en sus óperas, y estimuladas por el ejemplo de Handel con Israel en Egipto. En la soberbia aria para bajo en Re menor, “Rolling in foaming billows” (“Rodando en espumosas olas”), el figuralismo impregna toda la textura, comenzando con la poderosa evocación del océano turbulento. El abrupto “segundo tema” (como es habitual en La Creación, el aria adapta los elementos de la forma sonata a las exigencias del texto) retrata las rocas y las montañas; y la modulación del “desarrollo”, con una hermosa escritura contrapuntística de oboes y fagot enfrentados a las pictóricas florituras del violín, introduce el “error serpenteante” de los ríos. (‘Largos ríos sinuosos’) La sección final funciona como una recapitulación. Aquí, Haydn representa con ternura el “límpido arroyo” con un giro al Re mayor y una nueva melodía lírica que resulta ser una variación del inicio en Re menor.

Otro inspirado momento para el bajo es la descripción de Rafael de las “grandes ballenas” en la segunda parte (“And God created great whales”) (“Y Dios creó las ballenas”). Haydn preparó originalmente esto como un recitativo seco, antes de refundir las palabras de Dios en un arioso, con un misterioso y sombrío acompañamiento para violas y violonchelos divididos.

En la nueva estética romántica que aborrecía la imitación ingenua, los obvios pictorialismos de La Creación fueron atacados, incluso en vida de Haydn. Para nosotros se hallan entre los rasgos más entrañables del oratorio. En la deliciosa aria aviar de Gabriel en la segunda parte (“On mighty pens uplifted”) (“Alzándose con sus potentes alas”), la soprano y el viento-madera (incluyendo el clarinete, ese hermosa última incorporación a la paleta orquestal de Haydn) evocan por turno cada una de las aves: águila, alondra, paloma (con coloratura de trinos) y, por último, las dulces notas del ruiseñor.

Aún más gráfica es la famosa extravaganza zoológica en la segunda parte (“Straight opening her fertile womb”), (“Se abrieron entonces sus fértiles entrañas”), en la que Haydn tiene un día campestre e ilustra al león (con un alegre rugido disonante en los trombones y el contrafagot), al “ágil tigre”, al noble corcel, y a continuación, con un poético cambio de Re bemol a un remoto La mayor, el ganado y las ovejas. Tras los zumbantes insectos, describe el “sinuoso rastro” de los gusanos en un Adagio cómicamente solemne. La grandeza y el característico humor de Haydn también se codean en el aria para bajo que sigue (“Now heav’n in fullest glory shone”), (“Brilla ahora el cielo en todo su esplendor”), en la que las “pesadas bestias” llegan por cortesía de groseros eructos del contrafagot.

De un tono totalmente es el aria de Uriel en Do mayor, “In native worth” (“Lleno de nobleza”) bien descrita por el musicólogo Donald Tovey como “no sólo la quintaesencia de Haydn, sino la perfección de bel canto”. La majestuosa y “masculina” sección inicial, retratando el primer hombre, llega al clímax con una cadencia enfática en la dominante, Sol mayor; entonces, justo cuando parece que Haydn va a repetir el mismo procedimiento, se desvía por arte de magia a la lejana clave de La bemol mayor, una de las sorpresas tonales más poéticas en todo Haydn. Acorde con las nociones bíblicas (y del siglo 18) sobre la feminidad, la segunda sección construye unos contornos más suaves en el orgulloso tema de Adán, con las límpidas frases de las maderas y un lírico y precioso obbligato para violonchelo solo.

El número aislado más célebre de La Creación es la introductoria “Representación del Caos”, una armónicamente audaz –y milagrosamente orquestada- evocación del vacio original. Aquí, vagos fragmentos temáticos tantean y giran a través de una nebulosa tonal, evadiendo constantemente las resoluciones que el oído espera. Hacia el final, Haydn incluso anticipa el famoso e impactante acorde “Tristán” de Wagner. Todo el movimiento es el epítome de lo que el filósofo político y esteticista irlandés del siglo XVIII Edmund Burk llamó “lo sublime” en música, calculado para evocar asombro, temor, incluso terror.

Apenas menos sublime es la primera salida del sol (“In splendour bright is rising now the sun”), (“Con todo su esplendoroso brillo se eleva ahora el sol”), tan profundamente emotiva como la explosión coral con la “Luz”, y la maravillosamente velada y misteriosa salida de la luna.

En los coros de celebración, -por encima de todos “Awake the harp” (“Despierta el arpa”) y el monumental coro con que concluye la segunda parte, “Achieved is the glorious work” (“La gloriosa obra se ha completado”– Haydn hace uso de su maestría en el contrapunto con una libertad y un efecto tan brillante que refleja el ejemplo de Handel.

En varios números, integra solistas y coro, una técnica rara vez encontrada en Handel: En, por ejemplo, el famoso coro con que termina la primera parte, “The heavens are telling” (“Los cielos proclaman”), con su sensacional clímax cromático, aún más abrumador debido al énfasis previo en Do mayor;

en el trío y coro nº 19 (“The Lord is great”), (“El Señor es grande”), donde la soprano y el tenor trenzan cascadas de coloratura alrededor de las líneas corales;

o en el magnífico himno de la tercera parte (“By thee with bliss”) (“De tu bondad”), un resumen de todo el oratorio, en el que, en una especie de celestial gira, Adán y Eva piden a cada elemento de la creación que glorifique a Dios. 

Hasta hace muy poco, los críticos tendían a fruncir el ceño en el dúo de amor de Adán y Eva, “Graceful consort!” (“Gentil esposa”), como demasiado vulgar en un entorno de tanta exaltación. Pero como sostiene el gran estudioso y divulgador de Haydn HC Robbins Landon, sus ritmos de contredanse, sus maderas y asociaciones con los Singspiel vieneses (sombras aquí de los algo más sofisticados musicalmente Papageno y Papagena), concuerdan perfectamente con el tema: mientras que en el himno, Adán y Eva se alinean con los ángeles, aquí se presentan como un hombre y una mujer cualquiera, con toda su gozosa e inocente sensualidad. 

En respuesta a una carta que expresaba admiración por La Creación, Haydn escribió: “A menudo, cuando estaba luchando con todo tipo de obstáculos… una voz secreta me susurraba: ‘Hay tan poca gente feliz y contenta en este mundo; la tristeza y el dolor les siguen a todas partes; tal vez tu trabajo se convertirá en un fuente de la que los fatigados… obtendrán unos momentos de paz y consuelo’.” Estas palabras son típicas de un hombre devoto y humilde pero de ninguna manera ingenuo, muy consciente de su propia valía. Las esperanzas de Haydn fueron ampliamente satisfechas en su vida. En nuestro propio escéptico y precario tiempo, aún nos podemos deleitar, tal vez con un toque de nostalgia, en el optimismo inmaculado de Haydn, expresado en una de las obras musicales más adorables y afirmadoras de vida que jamás se han compuesto.

Richard Wigmore

-♦-

Academy of Ancient Music, Christopher Hogwood.
Emma Kirby, soprano
Anthony Rolfe Johnson, tenor
Michael George, bajo-barítono

1.Obertura – The Representation of Chaos 0:19
2.Let there be Light 6:44
3.Now vanish before the holy beams 8:01
4.The marv’lous work beholds amazed 13:41
5.Rolling in foaming billows 16:17
6.With verdure clad the fields appear 20:36
7.Awake the harp [Coro] 25:43
8.In splendour bright is rising now the sun 28:22
9.The heavens are telling the Glory of God [Coro] 31:01
10.On mighty pens uplifted soars the eagle aloft 36:13
11.And God created great whales 42:25
12.Most beautiful appear [Coro] 44:50
13.Straight opening her fertile womb 53:00
14.Now heaven in fullest glory shone 55:11
15.In native worth and honour clad 59:02
16.Achieved is the glorious work [Coro] 1:03:05
17.In rosy mantle appears 1:11:32
18.By Thee with bliss, a bounteous Lord [Coro] 1:15:28
19.Graceful consort! At thy side 1:27:25
20.Sing the Lord ye voices all! [Coro] 1:35:46

-♦-

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