Shostakovich: Sinfonía nº 11 “El año 1905”

OSCyL, Eliahu Inbal
14 y 15 de Enero de 2016

1905

La Segunda sinfonía señaló el décimo aniversario de la revolución rusa y la Undécima debía celebrar los cuarenta años del gran acontecimiento histórico de la era soviética. Con tal encargo, hubiese sido muy difícil si no imposible para Shostakovich escribir una obra tan personal como su predecesora y, ciertamente, la undécima sinfonía retorna al tipo de obra programática y propagandística que fue su Séptima sinfonía (“Leningrado”). También como el ella, Shostakovich escogió títulos para cada uno de los cuatro movimientos, títulos que se han mantenido con la sinfonía y que dan una visión todavía más clara de lo que trata. ¿Pero trata de eso? Solomon Volkov y sus seguidores han propuesto otra cosa e insisten en que la sinfonía tiene muy poco o nada que ver con la fracasada revolución de Enero de 1905 que supuestamente retratan; en vez de eso, Volkov asegura que la sinfonía se refiere en realidad a los acontecimientos sucedidos en Hungría en 1956, el año del abortado levantamiento en ese país. Incluso el hijo de Shostakovich, Maxim, generalmente en desacuerdo con las ideas revisionistas de Volkov acerca de la música de su padre, preguntó al compositor durante los ensayos preparatorios: “Padre, ¿y si te cuelgan por esto?

Esto, en cualquier caso, es un punto de vista sobre una obra abiertamente programática. Pero parece raro que Shostakovich tuviese esa referencia cuando la obra contiene no menos de siete canciones revolucionarias y sigue el programa de aquel Domingo Sangriento de San Petersburgo con un detalle casi cinematográfico. Si Volkov estuviese en lo cierto, ¿Por qué no hay canciones húngaras, o incluso ritmos húngaros en la música que sitúen la historia en Budapest en vez de a orillas del Neva?

Sea cual sea la decisión final sobre su verdadero programa, la sinfonía es, sin duda, un paso atrás respecto a la anterior, un retorno al estilo del tiempo de guerra y al contenido de las Séptima y Octava sinfonías y una dependencia de contenido melódico prestado. Este elemento programático continuaría en la siguiente sinfonía y parece como si Shostakovich hubiese decidido canalizar sus pensamientos más personales hacia las series de Cuartetos de cuerda que culminarían poco tiempo después en el octavo (…)

Shostakovich había experimentado ya en enlazar los movimientos para formar grupos continuos en la Octava y Novena sinfonía, pero esta vez compuso una obra que debía interpretarse sin interrupciones a pesar de que cada movimiento tiene un claro principio y fin. Esto no sólo da a la obra una cohesión sinfónica, sino que contribuye a su tendencia cinematográfica, soportada por las referencia a canciones revolucionarias mencionada antes, que actúan también como motivos a lo largo de la obra.

La “Plaza del palacio de Invierno” de la apertura es típico Shostakovich, iniciándose lentamente y evocando en voz baja el frio y el aspecto fantasmagórico de la desierta San Petersburgo y usando dos canciones “Escuchad, escuchad” y “El prisionero”. La tensión se eleva con las llamadas de trompetas en sordina antes de estallar en el segundo movimiento, uno de esos salvajes scherzos como el de la Octava sinfonía, pero sin nada de la ironía de esa obra anterior. Esto es con toda probabilidad un retrato de los acontecimientos de aquel domingo, cuando gente inocente cayó bajo los tiros de la guardia zarista, y se titula “El nueve de Enero·”. Cuando el clamor se ha desvanecido, sigue un lento “Requiem”, que desarrolla insistentemente un tema popular, “Caísteis como víctimas”, usado también en el funeral de Lenin y que resulta en una de las invenciones melódicas más conmovedoras e inmediatamente accesibles del compositor. El movimiento final, “Campana de rebato” (Nabat) es típico de los positivos finales con que el compositor concluía sus obras de propaganda, con repiques de campanadas llamando a la batalla, fuera la que fuese la que viera.

Dr. David Doughty


Orquesta del Teatro Mariinsky, Valery Gergiev
00:02 La plaza del Palacio de Invierno
13:07 El 9 de enero
29:21 Memoria eterna
39:08 Campana de rebato

 -♦-

Shostakovich, como Mahler a quien adoraba, hace música personal, que habla de sí mismo, de sus sentimientos, de sus problemas de sus esperanzas. Por eso sus sinfonías enganchan tanto. (…) La sinfonía habla de la historia de 1905. Pero a veces los compositores escriben un título al comenzar una obra, lo que hizo Shostakovich, para luego quitarlo. No importa el nombre, todo está en la música. Basta una somera idea para seguir el primer movimiento, en el que la orquesta describe un frío invierno, con niebla. El segundo es una explosión, la protesta de la gente. El tercero describe la brutal represión con muchos muertos y el cuarto, es una marcha fúnebre aunque seguida de la esperanza, con la seguridad de que el pueblo triunfará. Hay una historia contada en la música. Ocurrió en Rusia en 1905 pero es trasladable a China hoy, por ejemplo. La humanidad es la misma, nos mueve lo mismo: el amor, los celos, la traición, la represión política, la humanidad no cambia. Shostakovich escribe esto en 1905 pero mantiene vigente su significado hoy. La gran música es imperecedera.

Eliahu Inbal. El Norte de Castilla, 13/01/2015

 -♦-

 

2 Comentarios

  1. A pesar de un primer movimiento “para toses y orquesta”, tremenda la OSCyL con Eliahu Inbal. La prueba de que no hay nada como escuchar la obra en directo: ninguna grabación le hace sombra a la interpretación del jueves. Espero que los miembros de la OSCyL no se relajen de éxito para el concierto de hoy, viernes. Uno a uno, merecen dormir todo lo anchos que puedan.

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    • Hemos tenido más suerte, pocas toses, aunque el primer movimiento no me ha gustado demasiado. Pero a partir de ahí, tremendo, buenísimo, la versión más musical que recuerdo haber oido. El directo (y con esa acústica!), pero creo que Inbal (canturreando!) también ha hecho lo suyo. Y la orquesta, desde luego. No se han relajado, no, un trabajo brutal y tienes toda la razón, pueden estar más que satisfechos. Y parecían estarlo.

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