Sibelius: Concierto para violín

Ray Chen. OSCYL, Joana Carneiro.
18 y 19 de Diciembre de 2015

Sibelius

El Concierto para violín no es la única obra que el finlandés Sibelius compuso para violín y orquesta; escribió también una variedad de excelentes obras más breves que incluyen dos Serenatas (1913) y Seis Humoresques (1917). Pero el concierto es sin duda el más ambicioso de todos estos trabajos. A pesar del entusiasmo inicial de unos pocos violinistas -notablemente Maud Powell, que fue el solista en el estreno americano con la Filarmónica de Nueva York en 1906 y repitió varias veces la obra en una gira transcontinental- el concierto tardó en hacerse popular . Y eso no sucedió hasta que Jascha Heifetz lo grabó en la década de 1930, haciendo que el concierto se convirtiese en lo que es hoy, uno de los más populares del repertorio de los conciertos románticos nacionales.

Sibelius era un buen violinista. Empezó a estudiar el instrumento a los 15 años con el director de la banda militar de su ciudad natal, y poco después tomaba parte en conciertos de música de cámara y tocaba en la orquesta de su escuela. Creyó que había cogido el violín demasiado tarde en su vida para llegar a ser un verdadero virtuoso, pero empleó el profundo conocimiento del instrumento que había adquirido a éste, su único concierto, que completó en 1903. El solista en el estreno fue su amigo Willy Burmeister. Pero, al aparecer problemas de agenda, fue Viktor Novacek quien tuvo el honor de estrenarlo en Helsinki el 8 de febrero de 1904, con el propio Sibelius dirigiendo. Tras la indiferencia con que fue recibida su interpretación, Sibelius retiró la obra para revisión. Finalmente, acortó el concierto, eliminando entre otras cosas una cadenza del violín, y logró además un sonido orquestal más brillante. La primera interpretación de la partitura revisada tuvo lugar el 19 de octubre de 1905 en Berlín, con la batuta de Richard Strauss y Karl Halir, un miembro del cuarteto de Joseph Joachim, como solista.

Sibelius no tenía en gran consideración a los violinistas virtuosos ni a muchas de las obras escritas para ellos. En su concierto, se las arregló para lograr un equilibrio ideal entre la brillantez instrumental y los valores más puramente musicales, estructurales y emocionales. En una ocasión, aconsejando a un alumno sobre la composición de los conciertos, dijo que había que ser consciente de la paciencia de la audiencia (y de la estupidez de muchos solistas!) y evitar largos pasajes puramente orquestales. Desde luego, hizo caso de su propio consejo, y el violinista toma el expresivo tema principal del primer movimiento en el cuarto compás, y apenas renuncia a un lugar central durante la media hora que dura.

El movimiento de apertura, construido en forma de sonata de primer movimiento, contrasta pasajes de contención y melancolía con otros de gran fuerza e intensidad. Una característica inusual es la cadenza para el solista a medio movimiento, que comparte algunas cualidades de pasajes similares de los más grandes conciertos virtuosistas del siglo XIX, pero es más substancial y se halla más plenamente integrado en la estructura general de la pieza.

Duetos de vientos inician el segundo movimiento lento, tras los que el solista toma la exuberante, casi Tchaikovskiana, melodía principal. Más adelante, el violinista debe afrontar las dos partes de un diabólico contrapunto.

Este es sólo uno de los numerosos obstáculos técnicos que el solista debe superar en esta obra; muchos más surgen en el brillante y danzarín tercer movimiento, con su ritmo insistente y sus melodías de aire popular. Su emoción y su empuje llegan hasta el mismo final de la obra.

Chris Morrison, allmusic.com

Maxim Vengerov. Chicago Symphony Orchestra, Daniel Barenboim.

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Chen,RayGanador de los concursos Yehudi Menuhin (2008) y Queen Elisabeth (2009), Ray Chen es un artista extrovertido que trasciende el ámbito de la música clásica y que se ha llegado a convertir en un verdadero ídolo. Ha sido calificado por Maxim Vengerov como “un músico puro, con todas las habilidades de un auténtico intérprete musical”, y la crítica de diversos países ha destacado su técnica “sólida como una roca” y su “exuberante sonido” (Austria´s Kurier), o ha ensalzado su “ligera granulosidad y brillo” (The Washington Post).

De la web del Auditorio Miguel Delibes

Esta es su interpretación del concierto de Sibelius, con la Gothenburg Symphony Orchestra dirigida por Kent Nagano:

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