Richard Strauss: Suite de Der Rosenkavalier

OSCyL, Joana Carneiro
18 y 19 de Diciembre de 2015

Der Rosenkavalier

Tras el estreno de Elektra, con sus mordaces disonancias, su poderosa orquesta y sus voces wagnerianas, Strauss sintió la necesidad de un cambio de aires, y se le oyó decir: “Ahora voy a escribir una ópera de Mozart”. Hofmannsthal sabía exactamente lo que Strauss quería, y el nuevo libreto que le envió en entregas por correo, prácticamente se puso en música por sí mismo, según el compositor comentó más adelante. Sin embargo, a Strauss le llevó un año y medio completar la partitura. Fue un trabajo de amor, y Strauss puso tal entusiasmo que incluso escribió música por error para una de las indicaciones escénicas de Hofmannsthal. Der Rosenkavalier es uno de los hitos de la historia de la ópera, particularmente por el equilibrio entre música y texto, e incluso Hofmannsthal, siempre un duro crítico, estuvo al borde de las lagrimas por su “total belleza, por su completa unidad, por su absoluta armonía.”

Para esta “ópera de Mozart,” Strauss asumió una nueva personalidad musical, asentada en la tradición en vez de situarse en el umbral de la vanguardia. Der Rosenkavalier sería más tarde criticada como una parada en la evolución de la música del siglo XX, el primer paso en el abrupto alejamiento de Strauss de la música de su tiempo en pos de la sensibilidad artística del mundo anterior. Pero como respuesta musical a las comedias de época y como una forma de infundir en la música del pasado todas las convenciones modernas, es una ingeniosa, absolutamente triunfal y básicamente influyente obra de arte.

Der Rosenkavalier abunda en virtuosismo orquestal, y las orquestas sinfónicas han disfrutado mucho tocando selecciones de la ópera, recordándonos que antes de que Strauss se convirtiese en el más popular compositor de ópera de su tiempo, produjo una asombrosa colección de poemas sinfónicos, comenzando por Don Juan. De todas las adaptaciones orquestales de Der Rosenkavalier, sólo una, la deliciosa secuencia del primer vals, fue hecha realmente por el propio Strauss, pero la suite, que preparó con el director Artur Rodzinski, es la más satisfactoria como visión a ojo de pájaro de toda la partitura.

La acción en Der Rosenkavalier gira en torno a la Mariscala, que ha hecho del joven conde Octavio su amante, y del torpe y lujurioso barón Ochs auf Lerchenau, que carece tanto de dinero como de habilidades sociales, y que se dispone a casarse con Sofía von Faninal, a la que le sobran ambas cosas. Cuando Octavio es elegido para presentar a Sofía con una rosa de plata –una elaborada ceremonia de compromiso ideada por Hofmannsthal – los dos se enamoran. Al final, inevitablemente, Octavio deja a la Marisca por la joven y bonita Sofía, y Ochs queda como el viejo tonto que es.

La suite comienza donde comienza la ópera, como es sabido, con la audaz y erótica música de las trompas que es la tarjeta de presentación de Der Rosenkavalier y siempre una bienvenida para los amantes de la ópera. La música presenta inmediatamente (0:10) a la Mariscala, embelesada con su joven amante Octavio, y luego a Sofía, en la arrebatadora escena de la presentación de la rosa (4:29). A continuación encontramos al barón Ochs (9:15), prometiendo a una camarera, contra toda evidencia, que “conmigo no hay noche demasiado larga,” en el más famoso de los valses de la ópera (10:04). A pesar de su apellido, no fue Strauss quien tuvo la idea de poner valses en Der Rosenkavalier, un toque anacrónico que rápidamente se convirtió en el distintivo de la ópera. “Pruebe y piense en un vals vienés pasado de moda”, le escribió Hofmannsthal cuando preparaba su libretto, “dulce y picante, que impregne todo el último acto”.

La suite lleva luego al célebre trío (en realidad tres monólogos simultáneos separados) de la Mariscala, Octavio y Sofía, reflexionando sobre el amor desde sus diferentes puntos de vista (15:21), seguido por el dúo final de Octavio y Sofía, cuando se van juntos (20:30). Esta es una de las más conmovedoras y gloriosas escenas de la ópera, y por su auténtico esplendor melódico y altamente calórica riqueza armónica, es insuperable en la producción de Strauss. (En los hoy lejanos días de los LPs, una caricatura del New Yorker mostraba a un hombre en su lecho de muerte pidiendo escuchar la octava cara de Der Rosenkavalier por última vez.) A diferencia de la ópera, la suite termina con otro vals (21:16).

Phillip Huscher. Notas de un programa de la Orquesta Sinfónica de Chicago.

-♦-

4 Comentarios

    • …significa que vas a venir a escuchar la suite, o que no vas a poder venir a escuchar la suite. O… no, aquí no cabe empate… o sí, escucharla en disco.😀

      También es una de mis favoritas y de las pocas que he podido ver. No se te borra la sonrisa de la boca en toda la representación.

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      • Salvo cuando, en el último acto, la pobre soprano que tiene el papel de la Mariscala, acusa el cansancio de un primer acto agotador y te hace sufrir… gratis.

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