Biber: Las Sonatas del Rosario

Lina Tur Bonet. Musica Alchemica
2 y 3 de Diciembre de 2015

Gosjwin van der Weyden – Los Misterios del Rosario y la Virgen del Rosario.

Heinrich Ignaz Franz Biber (1644-1704) fue probablemente el mayor violinista del barroco, y aunque compuso abundante música vocal sacra -se le atribuye la espectacular Missa “Salisburgensis” en Do mayor-, su nombre está particularmente asociado a la scordatura, un cambio en la afinación habitual del violín que Biber usaba muy frecuentemente en sus composiciones y desde luego, en la obra que ha revitalizado el interés por su música, las Sonatas del Rosario, una colección de quince sonatas para violín y continuo dedicadas a los quince misterios del Rosario, todas con su propia scordatura, salvo la primera, La Anunciación, y la Passacaglia final, conocida como El ángel de la guarda por la imagen que la encabeza en la partitura.

Las Sonatas del Rosario permanecieron olvidadas durante siglos hasta que a principios del siglo XX fueron reeditadas y comenzaron a ser apreciadas en su justo valor, aunque permanecieron alejadas del repertorio habitual y de las grabaciones hasta finales de siglo, dadas las dificultades que imponía su interpretación con violines modernos, y a las scordaturas. El auge de las revisiones historicistas que vivimos desde hace tiempo ha hecho en cambio que hoy sea una de las obras más apreciadas del primer barroco. Sin embargo, interpretarlas en directo sigue siendo una tarea que pocos se atreven a llevar a cabo, dado que habría que ir cambiar la afinación tras cada interpretación. Imaginad un frágil violín barroco, pertrechado con unas cuerdas de tripa que son difíciles de afinar, siendo sometido a toda clase de tensiones y cambios en muy poco tiempo, con el público esperando y con el peligro de que la afinación se pierda en mitad de la interpretación. Hay quien dice que este camino de cambios en el violín tiene un significado: el instrumento empieza relajado, comienza a sufrir tensiones cada vez más grandes hasta que se produce una gran crisis y una salida drástica (el cambio de las cuerdas en la sonata 11, la Resurrección) y poco a poco vuelve a su estado de relajación, en la Sonata final ¿no es ese el camino de Jesucristo reflejado en los misterios? quizá el violín refleje en su sonido esa tensión y ese sufrimiento llevado al límite. Otras teorías hablan de numerología, paralelismos astronómicos o incluso motivos alquímicos.

Jesús Fernández en Deviolines

Dado que cada sonata corresponde a un misterio, se han arriesgado inevitablemente muchas teorías respecto a la forma en que Biber, que no dejó ninguna indicación al respecto, plasmaba musicalmente esas escenas. Por ejemplo, la Sonata nº 4, La Presentación, es una Chacona, cuya forma ritual aludiría al templo en que eso sucedió.

A otro nivel tendríamos el hecho de las cuatro primeras notas, sol – si – resol  del Preludio de la nº 10, La Crucifixión, son el símbolo musical de la cruz. Al preludio le siguen un Aria y 5 variaciones, la tercera de las cuales (5:20) es un tristísimo adagio en el que Jesús se dirige a su Padre y muere. Luego se escucha el descenso de la cruz y finalmente el temblor de la tierra.

Y aún otro nivel de simbolismo: Para la afinación elegida para la siguiente, primera de los misterios de gloria, nº 11, La Resurrección, Biber hizo cambiar el orden de las cuerdas centrales del violín, cruzándolas en el cordal, con lo que forman un aspa que podría tener un significado religioso. La scordatura de la nº 13, Pentecostés, está destinada a facilitar los trinos que representarían el “fuerte viento” que según los Hechos de los Apóstoles advirtió el descenso del Espíritu Santo y que se escucharía en su primer movimiento, Sonata.

La Passacaglia que cierra estas sonatas, además de tocarse con afinación norma,l es la única sin acompañamiento, siendo una de las primeras composiciones conocidas para violín solo y la precursora más importante de la obra de Bach para violín. Y muy especialmente de su Chacona.

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Lina Tur Bonet

A Lina Tur Bonet, una violinista de origen ibicenco que toca indistintamente el violín barroco y el romántico y cuyo repertorio va desde el barroco hasta la música contemporánea, se la compara con Cecilia Bartoli, por su capacidad catalizadora y su dedicación a la labor de recuperar músicas olvidadas. Pero hay expertos que la consideran también una intérprete tan descomunal como la mezzo italiana. Y los nombres que se encuentran entre las formaciones con las que ha colaborado no son precisamente menores: Les Musiciens du Louvre, Les Arts Florissants, Mahler Chamber Orchestra, Concerto Köln, IL Complesso Barocco, Claudio Abbado, John Elliot Gardiner, Marc Minkowski, William Christie, Kent Nagano… Aquí la podemos ver presentando en La quinta de Mahler de Madrid su grabación de estas Sonatas del Rosario de Biber con Musica Alchemica, el grupo que ella misma fundó y dirige.

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