Shostakovich: Sinfonía nº 10

OSCyL, Diego Matheuz
20 y 21 de Noviembre de 2015

Dimitri Shostakovich

 La monumental Sinfonía No 10, para muchos la obra maestra de Shostakovich y sin duda una de sus mejores composiciones, fue estrenada en Diciembre de 1953, nueve meses después de la muerte de Stalin, cinco años después de que su trabajo y el de otros artistas como Eisenstein hubiese sido demonizado por Zhdánov, consuegro del dictador y censor cultural del partido, que le atribuía “distorsiones formales y tendencias antidemocráticas ajenas al pueblo soviético”, ante lo que el músico no respondió esta vez con una sinfonía más convencional como había hecho años antes a raíz del famoso Editorial de Pravda, “embrollo en vez de música”, sino con un silencio durante el que apenas compuso más que bandas sonoras. Hasta que murió el dictador  y brotó a borbotones la Décima Sinfonía.

Es entonces muy lógico que se haya propuesto una lectura política de esta obra, en cualquier caso complementaria de la estrictamente musical: La afirmación que Shostakovich hace en ella, tanto del sinfonismo europeo, como de su propia identidad.

Así, en el primer movimiento, Moderato, puede verse la desolación del paisaje de la dictadura, pero también un laborioso ejercicio de introspección en busca de una identidad propia, que crece desde la oscuridad del inicio, en el que cita los primeros compases de la Sinfonía “Fausto” de Liszt. Aquí, seguidos en este mismo audio, Liszt y Shostakovich:

El segundo, Allegro, es un furioso scherzo fácilmente identificable con el tirano (una parodia de su megalomanía según Volkov), pero también con la explosión de energía que alimenta la búsqueda del compositor.

Del Allegretto que sigue, un Nocturno como la Nachtmusik de Mahler según Shostakovich, se ha dicho que expresa la indiferencia del estado. Lo cierto es que está construido alrededor de dos anagramas, el de la joven estudiante Elmira Nazirova, de la que estaba enamorado, y el suyo propio:

– Motivo Elmira: E La Mi Re A, combinando la notación alemana y la latina, y que, pasado a ésta, resulta Mi La Mi Re La.

Y por una de esas coincidencias que los genios enamorados saben provocar o aprovechar, esas notas son las mismas que inician La Canción de la Tierra

– Motivo DSCH: En alemán, Dimitri Schostakowitsch, las letras del acrónimo se pronuncian D, Es, C, Ha, que en su notación corresponden a Re, Mi bemol, Do, Si

Ambos temas se van entrecruzando y aproximando a lo largo de la danza que es ese Allegretto, del que se adueñan progresivamente hasta cerrarlo sonando seguidos, primero el de Elmira, y luego el suyo, por tres veces (11:29)

El cuarto y último movimiento, es un lento Andante que súbitamente se convierte en Allegro, con la irrupción de una imparable danza popular ucraniana. Desde el negro pasado hasta el esperanzador presente, válido tanto para lo colectivo como para lo individual, la sinfonía concluye con una recapitulación que conduce al victorioso final sin cesar de repetir (10:42) el nombre que acaban martilleando los timbales: DSCH.

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