Beethoven: Concierto para piano y orquesta nº 4

Javier Perianes. OSCyL, Jesús López Cobos
22 de Octubre de 2015

4. beetpianoplay

El cuarto concierto para piano de Beethoven nos lleva otra vez a un mundo nuevo. Para el pianista Yefim Bronfman, es el concierto “con un espectro emocional más amplio. Y, al mismo tiempo, posiblemente, el más dramático.” La pieza fue compuesta en los años 1805-06. Es el período en el que fueron escritos el concierto para violín y la cuarta sinfonía, sinfonía que se estrenó conjuntamente con este cuarto concierto para piano en el palacio del príncipe Lobkowitz en Viena, en marzo de 1807. Una vez más, al piano se sentó Beethoven. “Un nuevo concierto para pianoforte terriblemente difícil. Que Beethoven interpretó con asombrosa habilidad en los tempi más rápidos”, escribió un crítico a propósito de la segunda ejecución de la obra.

El cuarto concierto para piano comienza con un Allegro moderato, y comienza como ningún otro concierto antes: el piano en solitario introduce suavemente el “dolce” tema principal en cinco compases. Lo que hace este interesante tema son las corcheas, que se repiten tres veces, recordando vagamente el palpitante y trascendental tema del primer movimiento de la quinta sinfonía, y los manuscritos prueban que los primeros temas de estas obras, por otro lado tan diferentes, se compusieron realmente al mismo tiempo. Después del introductorio solo de piano, la orquesta toma el tema, haciéndolo crecer en una extensa introducción orquestal. En la sección de desarrollo, la intensidad emocional, dramática, aumenta; las transiciones armónicas acaban en la lejana clave de do sostenido menor, que a su vez conduce a una repetición, presentada por el piano con un triunfante fortissimo (10:22).

El segundo movimiento, Andante con moto, es tan poco convencional como inesperadamente breve fue el comienzo del primer movimiento. Consiste en unas series de motivos y melodías extremadamente abruptas e intensamente contrastadas, interpretadas alternativamente por el piano y la orquesta, que ha sido reducida a la sección de cuerda. La orquesta y el solista mantienen un diálogo de sordos, las cuerdas en ritmos duros, forte, el piano solo molto cantabile y una corda en un movimiento de aire coral, un enfrentamiento entre una voz “despectiva” y otra “suplicante”. Algunos teóricos y artistas vieron esto como el contraste entre el implorante Orfeo y las desdeñosas Furias, mientras que otros optaron por Jesús ante Pilatos. Tras sólo cinco páginas de partitura, el movimiento se extingue en un moribundo pianissimo.

El movimiento final, un Rondo, también comienza pianissimo, pero en un elástico ritmo de aire marcial que pronto evoluciona a una elevación extática. Un trabajo concertante brillantemente liberador.

Werner Pfister, musicólogo.

Puedes dejar tu comentario aquí:

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s