Beethoven: Concierto para piano y orquesta nº3

Javier Perianes. OSCyL, Jesús López Cobos
22 de Octubre de 2015

beethoven-at-piano (2)

El Concierto para piano nº 3 en do menor, Op.37 -el único en tonalidad menor- puede verse como una especie de “Heroica” para piano y orquesta. Así como Beethoven abrió la puerta a un mundo sinfónico completamente nuevo con su tercera sinfonía, la Heroica, también abrió nuevos caminos con su tercer concierto para piano. La mayor parte de la obra fue escrita en el verano de 1800, aunque hay bosquejos de la pieza que se remontan a 1797. El estreno, naturalmente con Beethoven en el teclado, fue el 5 de abril de 1803, en un concierto benéfico en el Burgtheater de Viena.

El concierto en do menor, no sólo ocupa una posición central entre los cinco (o siete) conciertos para piano, sino que también representa un punto de inflexión. Esto puede deducirse de la carta que Beethoven escribió a los editores Breitkopf & Hartel en la que ofrecía la venta de sus dos primeros conciertos para piano con el comentario, “todavía no mis mejores ejemplos del género.” Nuevos y “mejores” aspectos del tercer concierto para piano son el aumento de la importancia que se concede a las cualidades melódicas del instrumento solista y el mayor, peso “sinfónico” dado a la orquesta.

El primer movimiento, Allegro con brio, va directamente al tema principal, cuyo carácter marcadamente rítmico lo graba inmediatamente en la memoria. El segundo tema (4:29), con su sinuosa y líricamente cantábile línea, produce el mayor contraste imaginable. Después de la introducción orquestal, que se prolonga más de 10 compases, el instrumento solista entra con una serie de vehementes acordes: no puede haber ninguna duda de que un verdadero “intérprete estrella” acaba de entrar en escena y debe ahora medirse y afirmarse a sí mismo en un diálogo con la Orquesta. Hay que prestar especial atención a la cadenza en solitario (12:40): “Una broma pura, humor elemental”, dice el pianista Yefim Bronfman “lleno del auténtico placer de lo inesperado y lo sorprendente.”

El Adagio en mi mayor es un tranquilo movimiento de meditativa simplicidad. El tema solemne introducido por el instrumento solista se convierte en un suavemente ondulante piano cuyas brillantes terceras y arpegios eclipsan a la orquesta acompañante.

La vitalidad con que el piano se sumerge en el movimiento final, un Rondo, es aún más emocionante. Gracias a los “revoltosos” acentos colocados en los pulsos sin acentuar, el tema es especialmente llamativo. Un fugato insertado (4:25) conduce a un episodio en mi mayor (4:55) (una alusión a la clave utilizada para el Adagio), y el movimiento termina con una decidida y radiante coda presto en tiempo seis por ocho (7:57).

Werner Pfister, musicólogo.

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