Beethoven: Concierto para piano y orquesta nº 1

Javier Perianes. OSCyL, Jesús López Cobos
23 de Octubre de 2015

1. Beethoven

Beethoven tocó el Concierto en Do mayor -la primera versión de esta obra, para ser exactos- en su primera actuación en público en el concierto de la Academia ofrecido por la Sociedad de de Artistas Musicales de Viena (Tonkünstler-Societat) el 26 de marzo de 1795. De acuerdo con crónicas de la época, el último movimiento se completó sólo dos días antes del concierto, no dejando prácticamente tiempo para los ensayos. Por otra parte, se supo inmediatamente antes del concierto que el piano se había afinado un semitono demasiado bajo. Beethoven, sin embargo, no permitió que esto interfirera con su actuación: en lugar de en Do mayor tocó su parte un semitono más alto, en Do sostenido mayor. Los investigadores suponen que Beethoven revisó el trabajo varias veces en los años siguientes. Interpretó la pieza en varias ocasiones, en conciertos en Berlín, Bratislava y Budapest, y también la tocó en un concierto de caridad en Viena en diciembre de 1796. La composición fue publicada como Op.15 en Marzo de 1801, nueve meses antes del concierto en Si bemol; es por eso que lleva el número uno.

El primer movimiento, Allegro con brio, comienza también con una extensa introducción orquestal que presenta un brillante tema con aire de marcha, reminiscencia del concierto “militar”, un género popular de la época. Sin embargo, aunque trompetas y trompas jueguen un importante papel en este movimiento, su tono alegre, juvenil, fresco, está de lleno en la tradición mozartiana. La enérgica y virtuosa escritura de la parte solista, con sus acentos extrovertidos, anuncian ciertamente un nuevo mundo de expresión musical.

El movimiento central lento, un Largo, está escrito en la suave clave de La bemol mayor. Se trata de un movimiento cuya intimidad es casi propia de una composición de cámara; la sección de viento se ha reducido a dos clarinetes, dos fagotes y dos trompas; en varias ocasiones, el primer clarinete pasa a primer plano como una voz solista. En términos formales, el movimiento se divide también en dos secciones, seguidas por una extensa coda (8:53) cuyas lúgubres armonías menores ya parecen anticipar la música del Romanticismo.

El piano abre en solitario el movimiento final (Rondo) en un susurrante piano, “leggermente”, pero con un travieso sentido del humor, un chispeante Allegro scherzando, con tuttis orquestales llenos de poderosa vitalidad y valiente impetuosidad. Se suceden tres ideas temáticas principales, empezando con un tema jocoso en terceras, seguido de una melodía popular (0:53), y como tercer tema (2:35), una sección menor con ritmos “Húngaros” y saltos de la mano izquierda cubriendo intervalos de décimas. Esto era inusual y causó tal confusión entre los contemporáneos de Beethoven que un crítico describió la obra como un “concierto para piano que en ocasiones raya en lo estrambótico”

Werner Pfister, musicólogo.

 

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