Beethoven: Concierto para piano y orquesta nº 2

Javier Perianes. OSCyL, Jesús López Cobos
22 de Octubre de 2015

2. Beethoven fortepiano

El concierto en Si bemol mayor lleva el número 2 porque fue impreso y publicado en Diciembre de 1801 como el segundo de Beethoven. Sin embargo, cronológicamente hablando y prescindiendo del Concierto en Mi bemol mayor WoO4 escrito en Bonn en la juventud del compositor, del que sólo ha sobrevivido la parte del solista, es el primer concierto para piano de Beethoven. El concierto en Si bemol también data de los años de Beethoven en Bonn. Como han demostrado recientes investigaciones, Beethoven probablemente escribió una primera versión de esta pieza ya entre 1787 y 1789. En 1793, poco después de su llegada a Viena, Beethoven modificó el concierto (añadiendo, por ejemplo, un nuevo rondo final) y lo interpretó por primera vez para una audiencia privada. Al parecer, todavía no estaba satisfecho, y en 1794 y 1798 revisó su trabajo. “En consecuencia, Beethoven trabajó en la composición durante aproximadamente una década”, concluye el investigador de Beethoven Konrad Kuster. “En el proceso de composición, esto no deja de ser un problema; supone recordar las razones que hubo tras las decisiones compositivas tomadas en el pasado, reconsiderar los primeros juicios, e intentar encontrar un equilibrio entre las nuevas ideas y el material que ya había sido registrado por escrito. “

El concierto en Si bemol mayor no carece de sustancia ni de nuevas ideas, aunque Beethoven se lo ofreció a su editor por sólo diez ducados “porque no digo que sea uno de mis mejores.” El trabajo es, de modo audible, un sucesor de los últimos conciertos para piano de Mozart. El primer movimiento (Allegro con brio) se abre con una larga introducción orquestal, ricamente desarrollado con alegres ritmos puntados. En la primera cesura (compás 40) (1:26) Beethoven sorprende al oyente con una de sus “violentas” modulaciones, cambiando de forma inesperada a la tonalidad de Re bemol mayor. También es interesante que el piano solo, al menos en su primera entrada, no parezca adoptar ningún elemento de ese tema. De hecho, los motivos en el solo y las voces orquestales están sólo vagamente relacionados.

Serios sonidos predominan en el Adagio en La bemol mayor, un movimiento lleno de nobleza lírica y calma meditativa. Se divide en dos secciones, siendo la segunda (3:46) una variada repetición de la primera, con ricas figuraciones galantemente entrelazadas con las líneas temáticas. Beethoven pensó en algo realmente especial para concluir el movimiento: una especie de recitativo en solitario (7:51) en el que el piano se expresa a sí mismo en un “discurso musical” exclusivamente monovocal, pero muy expresivo, tal como consta: “con gran espressione”.

El Rondo final da una nota aún más llena de vida, con obstinados acentos sincopados y un tono brillante. Estos sforzati, que “refrescan la memoria” del oyente en “el camino equivocado” dan a la música un impacto humorístico. Y el comienzo de la coda trae realmente una sonrisa a los labios del oyente (tras el compás 260) (4:30), presentando el mismo obstinado tema del principio del movimiento, esta vez virtuosamente enfatizado y expresado de una manera respetable.

Werner Pfister, musicólogo.

 

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