Mahler: Rückert-Lieder

Markus Werba. OSCyL, Andrew Gourlay
1 y 2 de Octubre de 2015

Estas cinco canciones de carácter exclusivamente lírico, ilustran un raro momento en la vida de Mahler, un momento de equilibrio y relajación. Además, marcan la culminación suprema, la perfección absoluta del Lied mahleriano. El sentimiento de calma, de paz y de certidumbre, que se expresa aquí con tanta felicidad, lo debía sin duda Mahler a la plena conciencia de su madurez artística, pero también a la satisfacción que le había ocasionado la construcción de su casa y la de la pequeña Häuschen en la que trabajaría en adelante, “aislado del mundo” (der Welt abhanden), en el corazón mismo de la naturaleza y el bosque.

Mahler Häuschen

Después de permanecer durante tanto tiempo en el ingenuo y legendario mundo de las Knaben Wunderhorn, Mahler va a volverse ahora hacia Friedrich Rückert (1788-1866), habitualmente considerado como un poeta romántico menor. Nacido en Schweinfurt, Baviera, Rückert llevó en Weimar, y luego en Viena, en Berlín y en Cobourg, una vida relativamente oscura como preceptor además de profesor de literatura y director de revistas, publicando regularmente colecciones de poesía, dramas históricos y grandes poemas inspirados en Oriente o incluso traducidos de distintas lenguas orientales. Los poemas a que Mahler puso música fueron publicados en revistas alemanas, o seleccionados del Liebesfrühling (Primavera de amor), una colección publicada en 1824 y dedicada a la joven esposa de Rückert. Más que un bardo inspirado, Rückert es ante todo un virtuoso del lenguaje, elegante y refinado, y a menudo, incluso un experimentador del verbo. La sonoridad de las palabras, que en su obra se convierte en él un sorprendente medio de expresión, es más importante que su significado. Mahler se siente y se sentirá siempre cercano por el corazón y el espíritu a este lirismo tan delicado como refinado. Rückert confesaba admirar tanto como él el arte popular, fuente viva de toda poesía. Sin embargo, es inútil buscar en los Rückert Lieder las citas estilizadas, los ritmos de marchamos y de baile hasta entonces tan presentes en los Lieder y las sinfonías de Mahler. Aquí no hay más que ternura, lirismo, efusión, intimidad.

Por su dulzura, por la contención del sentimiento, los Rückert Lieder resultan conmovedores, a través de su extraño triste optimismo que quizás no es sino un pesimismo sonriente. No se trataría de un verdadero ciclo cerrado sobre sí mismo, porque carece de ilación, de un tema general. Cuando se cantan seguidas, se interpretan en un orden variable, el propio Mahler cambió varias veces de opinión respecto a su sucesión.

Blicke mir nicht in die Lieder

Todo el poema se basa en un juego verbal, el equívoco entre dos homónimos, Lider: párpados y Lieder: canciones. En esta Humoreske reencontramos el mismo movimiento obstinado de rápidas corcheas de Das Leben irdische o del movimiento Purgatorio de la futura Décima Sinfonía, así como el mismo carácter esquivo, inquietante, agridulce, y la misma brevedad elíptica. Mahler se reconocía en este poema “que podría haber escrito él mismo.” En efecto, como el poeta aquí, no podía soportar que se quisieran conocer sus obras antes de que estuviesen completamente acabadas y tomaba entonces “la curiosidad por una traición.” Sin embargo, admitió que esta canción era la “menos importante” de todas y quizá justamente es precisamente por esta razón es una de las que más gustaría al público.

Tomas Hampson
Blicke mir nicht in die Lieder! / ¡No mires mis canciones!
Meine Augen schlag’ ich nieder, / Bajo los ojos
Wie ertappt auf böser Tat. / como si hubiese hecho algo malo.
Selber darf ich nicht getrauen, / Ni siquiera yo mismo
Ihrem Wachsen zuzuschauen. / me atrevo a verlas crecer.
Deine Neugier ist Verrat! /¡Tu curiosidad es una traición!
Bienen, wenn sie Zellen bauen, / Cuando las abejas construyen sus panales
Lassen auch nicht zu sich schauen, / no se observan entre ellas
Schauen selbst auch nicht zu. / ni tampoco a sí mismas.
Wenn die reichen Honigwaben / Mas cuando hayan dado al día
Sie zu Tag gefördert haben, / los rayos de miel dorada,
Dann vor allen nasche du! / ¡entonces serás la primera en probarlos!

Ich atmet’ einen linden Duft

A lo largo del poema, Rückert, como en Blicke mir nicht in die Lieder, se complace en acercar palabras de sonoridad semejante, tales como Linde (dulce), Gelinde (extender), Liebe (Amor), Lieblich (amable). El equívoco entre homónimos, linden : dulce en acusativo y : tilo, sirve de punto de partida del poema, verdadera situación musical, como subrayará Adorno, que agregó: “Ich atmet’ einen linden Duft actualiza un rasgo particularmente ejemplar que, incluso desde el punto de vista técnico, situa el conjunto de la obra vocal de Mahler muy por encima de su época: la síntesis de los motivos y los temas en la voz y el acompañamiento. Uno y otro se amalgaman aquí sin la menor impureza, en una ternura extrema; es ahí donde se esconde la más grande intensidad. Habiendo alcanzado el límite absoluto del silencio, este Lied estrictamente tonal, hace pensar en el gesto de Webern. El campo armónico se extiende sobre abismos armónicos; cuando vuelve sobre sus pasos, estos precipicios acaban siendo integrados en la forma y, en el mismo movimiento, reconciliados con ella.”

Según sus propias palabras, Mahler describe “la sensación que se experimenta en presencia de un ser querido del que se está completamente seguro, sin que, entre dos almas, sea necesaria una sola palabra”, a lo que Adorno añadirá mucho más tarde: “El poema fue, me atrevería a decir, no compuesto, sino más bien rediseñado por Mahler, como un grafismo musical que puede, literalmente, romper el corazón.” Observamos finalmente, la sexta añadida al acorde perfecto mayor que prefigura la conclusión de Lied von der Erde.

Magdalena Kozena
Ich atmet’ einen linden Duft! / ¡Respiro un dulce perfume!
Im Zimmer stand / En mi alcoba hay
Ein Zweig der Linde, / una rama de tilo,
Ein Angebinde / un regalo
Von lieber Hand. / de la mano amada.
Wie lieblich war der Lindenduft! / ¡Qué delicioso era el perfume del tilo!
Wie lieblich ist der Lindenduft! / ¡Qué delicioso es el perfume del tilo!
Das Lindenreis / La rama de tilo
Brachst du gelinde! / que tan dulcemente cortaste del árbol
Ich atme leis / la huelo suavemente,
Im Duft der Linde / pues el aroma del tilo
Der Liebe linden Duft. / es el dulce aroma del amor.

Ich bin der Welt abhanden gekommen

Es el más conocido de los cinco Rückert Lieder, y también el más profundamente sentido y el más autobiográfico, una cumbre insustituible en toda la obra de Mahler. El parentesco melódico entre Ich bin der Welt gekommen abhanden y el célebre Adagietto de la Quinta Sinfonía ha sido destacado a menudo. El contenido expresivo es también muy próximo, el recogimiento, la meditación etérea, incluso aunque Willem Mengelberg dijera que supo por la boca de Mahler que el citado Adagietto era otro mensaje de amor secreto dirigido a Alma el mismo verano de 1902 que Liebst du um Schönheit. “Es yo mismo”, dijo Mahler de este Lied. Nunca, en efecto, ningún músico ha descrito de una forma más conmovedora “la atmósfera de cumplimiento total”, “el sentimiento que nos llena y que se eleva hasta los labios, pero sin franquearlos”. Nunca se ha alcanzado tal intensidad de expresión en la inmovilidad absoluta, tal suspensión del tiempo, ese misticismo casi oriental, esa inmovilidad armónica y tonal tanto cómo rítmica, que hacen de esta canción un espejo fascinante en el que se refleja el cielo.

Jessye Norman
Ich bin der Welt abhanden gekommen, / Ya no vivo en ese mundo
Mit der ich sonst viele Zeit verdorben, / en el que malgasté tanto tiempo,
Sie hat so lange nichts von mir vernommen, / hace ya tanto que no sabe de mí
Sie mag wohl glauben, ich sei gestorben! / ¡que bien podría pensar que he muerto!
Es ist mir auch gar nichts daran gelegen, / En realidad tampoco me importa
Ob sie mich für gestorben hält, / que me den por muerto;
Ich kann auch gar nichts sagen dagegen, / y tampoco lo voy a negar
Denn wirklich bin ich gestorben der Welt. / pues en verdad estoy muerto para el mundo.
Ich bin gestorben dem Weltgetümmel, /¡Estoy muerto para el tumulto del mundo
Und ruh’ in einem stillen Gebiet! / y vivo en un lugar tranquilo!
Ich leb’ allein in meinem Himmel, / ¡Vivo solo en mi cielo,
In meinem Lieben, in meinem Lied! / en mi amor, en mi canción!

 ◊

Um Mitternacht

Este es otro canto nocturno, situado a mitad de camino en la obra de Mahler entre el “Canto de medianoche” de la Tercera Sinfonía y los Nachtstücke de la séptima. En las tinieblas de la hora “profunda”, el hombre se enfrenta a su destino. La trágica soledad del poeta está fuertemente simbolizada por largas escalas descendentes que se hunden en el abismo y son a menudo privadas de todo apoyo armónico. Sin embargo, los dos episodios mayores emiten un rayo de optimismo. Por el pensamiento, el hombre escapa de su prisión nocturna antes de confiar su destino a la omnipotencia divina que celebra la coda. Mahler estableció un paralelismo entre esta triunfal afirmación de fe y la que concluye la Segunda Sinfonía (y que caracterizará también el final de la octava). Si esta declaración no puede ser tan convincente en su optimismo, más querido que sentido, como el pesimismo luminoso (o el optimismo melancólico) de la conclusión de los Lieder eines fahrenden Gesellen, los Kindertotenlieder o de Lied von der Erde, es que Mahler vivía en una época crucial, la de las rupturas y los desgarros más que de las certezas. Lo que nos cautiva hoy en Um Mitternacht, es sobre todo el sentimiento de soledad, de duda, incluso la angustia del hombre en el corazón de la noche, sentimiento concretado por la obsesión de la tercera menor descendente, luego ascendente en el acompañamiento, siempre en un ritmo punteado (se ha visto como un símbolo del tiempo, representado por el tic-tac de un péndulo) y luego, como respuesta, un estribillo hecho del motivo obsesivo, “Um Mitternacht “, de segunda menor ascendente luego descendente de la voz.

Katarina Karneus
Um Mitternacht / A medianoche
Hab’ ich gewacht  / me despierto
Und aufgeblickt zum Himmel; / alzo los ojos al cielo;
Kein Stern vom Sterngewimmel  / ni una estrella de las galaxias
Hat mir gelacht  / me sonríe
Um Mitternacht. / a medianoche.
Um Mitternacht  / A medianoche
Hab’ ich gedacht  / pensé
Hinaus in dunkle Schranken. / en los sombríos espacios infinitos.
Es hat kein Lichtgedanken  / Mas ningún pensamiento luminoso
Mir Trost gebracht  / me trajo consuelo
Um Mitternacht. / a medianoche.
Um Mitternacht  / A medianoche
Nahm ich in acht  / presté atención
Die Schläge meines Herzens; / a los latidos de mi corazón;
Ein einz’ger Puls des Schmerzes  / sólo un pulso de dolor
War angefacht  / se avivó
Um Mitternacht. / a medianoche.
Um Mitternacht  / A medianoche
Kämpft’ ich die Schlacht, / peleé en la lucha
O Menschheit, deiner Leiden; /¡oh, Humanidad! de tu sufrimiento;
Nicht konnt’ ich sie entscheiden  / mas no pude decidirla
Mit meiner Macht  / ni con todas mis fuerzas
Um Mitternacht. / a medianoche.
Um Mitternacht  / ¡A medianoche
Hab’ ich die Macht  / puse mis fuerzas
In deine Hand gegeben! / en sus manos!
Herr! über Tod und Leben  /¡Señor! ¡Sobre la vida y la muerte
Du hältst die Wacht  / Tú eres el centinela
Um Mitternacht! / a medianoche!

 ◊

Liebst du um Schönheit

Tras la forma estrófica, aparentemente muy sencilla, de esta canción, se esconden, como siempre, sutilezas de detalle, en particular los numerosos cambios de metro que relajan la línea vocal y la liberan de toda simetría demasiado restrictiva.

Los movimientos melódicos ascendentes, tan frecuentes en Mahler, desde el tema de la Resurrección de la Segunda Sinfonía hasta el Accende Lumen de la Octava, vuelven aquí sin cesar como una verdadera huella. En la segunda estrofa se encuentra un elocuente ejemplo de rubato obbligato de Mahler en la palabra “Frühling“, exigiendo la ampliación de la duración el pasar de binario a ternario. Pero la emoción culmina en el melisma final “immer, immerdar“, que retrasa el final de la frase y la suspende de alguna manera en un sentimiento de éxtasis inmóvil, liberado de cualquier peso, “como si el sentimiento no fuese capaz de expresarse más, como si se ahogase a sí mismo en su propio desbordamiento… Lo que se expresa tiene tanta fuerza, que el fenómeno, el mismo lenguaje de la música, resulta insuficiente. El discurso no logra llegar al límite de sí mismo, la expresión se convierte en sollozo”, escribe Adorno.

Henry-Louis de La Grange

Margaret Price
Liebst du um Schönheit, / Si amas la belleza,
O nicht mich liebe! /  ¡oh, no me ames!
Liebe die Sonne, /¡Ama al Sol,
Sie trägt ein gold’nes Haar! / cuyo cabello es dorado!
Liebst du um Jugend, / Si amas la juventud,
O nicht mich liebe! /¡oh, no me ames!
Liebe der Frühling, / ¡Ama a la primavera,
Der jung ist jedes Jahr! / que es joven cada año!
Liebst du um Schätze, / Si amas las riquezas,
O nicht mich liebe. /¡oh, no me ames!
Liebe die Meerfrau, / ¡Ama a la sirena,
Sie hat viel Perlen klar. / dueña de relucientes perlas!
Liebst du um Liebe, / Si amas el amor,
O ja, mich liebe! /¡oh, sí, ámame!
Liebe mich immer, /¡Ámame siempre,
Dich lieb’ ich immerdar. / como yo te amaré eternamente!

 -♦-

Werba2013El joven barítono austríaco Markus Werba, miembro de la Volksoper de Viena desde 1998, hizo del personaje de Papageno su caballo de batalla, pero su repertorio va desde Bach hasta Wagner e incluye a Mahler, de quien hasta ahora había cantado Des Knaben Wunderhorn y Lieder eines fahrenden Gesellen. Ha actuado en las salas más prestigiosas de todo el mundo.

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