Gershwin: Obertura cubana

OSCyL. Jesús López Cobos
29 y 30 de Mayo de 2015

gershwin

Aunque aún no existía Porgy & Bess, Gershwin ya era famoso cuando, en 1932, compuso una obra basada en la música que había oído en los clubs y las calles de La Habana durante unas vacaciones en Cuba, un par de semanas en las que, según dijo, no pegó ojo. La tituló Rumba, y en Agosto de ese mismo año, Albert Coates dirigió su estreno en el Lewisohn Stadium de Nueva York, con gran éxito y record de asistencia. Tres meses después se presentaba en el Metropolitan con nuevo título, Obertura cubana, porque cuando la gente lee Rumba, dijo Gershwin, esperan El manisero o algo así. Obertura cubana da una idea más exacta del carácter y el propósito de esa música.

Es llamativo que Gershwin citase precisamente El manisero (“the peanut vendor”), pues aunque la canción atribuida al cubano de origen vasco Moisés Simons fue la que lanzó la rumba al mundo y es por tanto la referencia adecuada, es casi imposible no acordarse repetidamente de ella escuchando la Obertura Cubana, lo cual contrasta con la afirmación de Gershwin: En mi composición he tratado de combinar los ritmos cubanos con mi propio material temático.

Gershwin se trajo también de Cuba la melodía de Échale Salsita, un hit de Ignacio Piñeiro que se escucha claramente desde la introducción de la primera parte (*), pero se trajo sobre todo su percusión, las maracas, los bongos y el güiro, que, siguiendo sus instrucciones, debían situarse en la orquesta justo delante del podio del director. Y trajo también los conocimientos de composición que ese mismo año estaba empezando a adquirir con el método del ruso Joseph Schillinger. Sus progresos quedan reflejados en la descripción que hizo de esta obra:

…es una obertura sinfónica que encarna la esencia de la danza cubana. Tiene tres partes: La primera parte (Moderato e Molto ritmato) es precedida por una introducción (forte) que presenta parte del material temático. Luego viene un episodio contrapuntístico de tres partes que conduce a un segundo tema. La primera parte termina con una repetición del primer tema combinado con fragmentos del segundo. Una cadenza para clarinete solo lleva a la parte media, de aire triste, un canon que se desarrolla gradualmente de modo politonal. Esta sección concluye con un clímax basado en un ostinato del tema del canon, tras el cual, un repentino cambio en el tempo nos lleva de nuevo a los ritmos de rumba. El final es un desarrollo del material anterior en forma similar a un stretto. Esto nos lleva de nuevo una vez más al tema principal. La obra concluye con una coda que presentan los instrumentos de percusión cubanos.

Orquesta Sinfónica Juvenil Teresa Carreño de Venezuela. Joshua Dos Santos

(*) Para más detalles sobre estos usos, véase El manisero sinfónico de Gershwin.

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