Sibelius: Sinfonía nº 5

OSCyL, Nikolaj Znaider
24 y 25 de Abril de 2015

Sibelius - Goteborg_1915

Estoy de nuevo en una profunda sima. Pero alcanzo a ver en la penumbra la montaña que con seguridad venceré. Dios abre su puerta por un momento, y su orquesta toca mi Quinta sinfonía. (Jean Sibelius, 1915)
Trabajo a diario en mi Quinta sinfonía, dándole una nueva forma, componiéndola casi de nuevo. El primer movimiento se parece al antiguo, y el tercero es similar al final del antiguo primero. El cuarto tiene los viejos temas, pero son más potentes en esta revisión. Toda la sinfonía es, si se me permite decirlo, un clímax vital hasta el fin. Triunfal. (Jean Sibelius, 1918)

Desde la oscuridad de la primera guerra mundial hasta el triunfal clímax con que concluye la versión definitiva de su quinta sinfonía, Sibelius trabajó en esta relativamente breve obra durante más años que en ninguna otra, satisfecho sólo tras una tercera revisión en la que los cuatro movimientos habituales quedaron reducidos a tres, al fusionar en uno los dos primeros. Se trataba de una obra de encargo del gobierno finés para conmemorar su quincuagésimo aniversario y la primera versión se estrenó efectivamente ese día, el ocho de Diciembre de 1915. Luego, acabada la guerra, Sibelius quiso dar a su sinfonía “otra forma, más humana. Más con los pies en el suelo, más vívida”, consecuente con la afirmación de que cada una de sus sinfonías representaba “un Credo en diferentes etapas de la vida”

Primer movimiento: Tempo molto moderato – Allegro moderato

Creando un ambiente misterioso y expectante, el movimiento se inicia con una llamada de las trompas que será muy importante en la obra (y que John Coltrane citó en su fundamental A love supreme). Los especialistas discuten acerca de la estructura de este movimiento que resultó de la fusión de dos, pero lo que escucha el corazón es que las esperanzas son satisfechas y la penumbra es derrotada cuando aparece la orquesta de Dios.

Segundo movimiento: Andante mosso, quasi allegretto

Un intermedio sereno y dulce aunque tampoco exento de misterio, con variaciones sobre un tema que presentan la flauta y el pizzicato de las cuerdas. Ese tema puede tener cierto parentesco con el Da geh’ ich zu Maxim de La viuda alegre que parodió Shostakovich en su Sinfonía No. 7 y usó luego Bartók en el Concierto para orquesta. Sigue aquí por la Orquesta Sinfónica de Berlín dirigida por Kurt Sanderling.

Tercer movimiento: Allegro molto

Primer tema a cargo de las cuerdas, una rápida melodía interpretada en tremolando, como un zumbido, que culmina en un ondulante segundo tema presentado por las trompas (1:22), que se ha creído encontrar en numerosas canciones pop. Sobre ese motivo, al parecer inspirado por el canto de los cisnes, se escucha luego una de las más bellas melodías compuestas por Sibelius, que, en las flautas y las cuerdas (2:12), adquiere una majestuosa solemnidad y hoy puede evocar música de películas como Memorias de África.

Tras el desarrollo, emerge de nuevo el llamado “canto del cisne” ahora a cargo de las trompetas (7:19), a las que enseguida se suman trombones y trompas, llevando con enorme pasión a un clímax que Sibelius detiene inesperadamente para concluir de modo triunfal la sinfonía con seis tremendos acordes separados por otros tantos y no menos poderosos silencios, tan prolongados que los aplausos han echado a perder más de una vez el impacto del gran final de esta gran sinfonía.

A un mundo acostumbrado a los colores lujosos, a la orquestación inflada, al cromatismo extremo, Sibelius le ofreció una sinfonía de tema elemental, moderada, casi tradicional en su forma, austera en su instrumentación. Los temas son tan simples que al ser escuchados parecen indefinidos; la sucesión de movimientos no rompe con el pasado. Sin embargo, cualquier asomo de atraso o de severidad académica es arrastrado por la música misma. No hay duda de que Sibelius se propuso los medios ideales para la materia de su sinfonía, y al utilizarlos con gran efectividad creó una estructura sonora de una fuerza, variedad y grandeza que ningún enfoque más opulento podía haber mejorado.

John N. Burk

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