La OSCyL sin director: Lo dificil y lo imposible

OSCYL-PROGRAMA-14-14-15

Si fuese por el magnífico primer movimiento de la Octava Sinfonía de Beethoven que nos ofrecieron, podría pensarse que la OSCyL, habituada a la ausencia de director titular, es ya capaz de prescindir de dirección alguna: El espacio del director estaba vacío, Gordan Nikolic, sentado en su silla de primer violinista tocaba sin hacer la menor indicación, y sin embargo, la orquesta interpretaba estupendamente una obra llena de pausas y cambios de ritmo ante la incredulidad de los que en la primera parte habíamos creído encontrar en esa ausencia la explicación a algunos desequilibrios y desajustes y a una orquesta menos clara y delicada de lo habitual. El tercer y el cuarto movimiento no fueron tan impecables, pero seguía pareciendo increíble tanta conjunción sin nadie marcando al menos las entradas. Al final, los aplausos que la orquesta dedicó a Nikolic, confirmaron la única explicación posible: el gran trabajo previo.

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