Beethoven: Triple concierto

Gordan Nikolic, Iván Martín, Asier Polo. OSCyL,  Gordan Nikolic.
16 y 17 de Abril de 2015

Augarten

El concierto para piano, violín, violoncelo y orquesta en Do mayor op. 56 es único en la literatura musical y Beethoven era plenamente consciente de ello: como escribió orgullosamente a su editor, la combinación de trío de piano con orquesta era completamente nueva. Y nueva era realmente, aunque es cierto que se pueden establecer paralelismos entre el Triple Concierto de Beethoven y la tradición barroca del concerto grosso o el primitivo género clásico de la Sinfonía concertante. Sin embargo, de mucha mayor importancia que tales referencias históricas son las innovaciones que Beethoven introdujo en su triple concierto. Como ya se ha dicho, las principales novedades son la elección de los instrumentos solistas y la importancia concedida a la orquesta, que – como en el tercer concierto para piano, estrenado un año antes – se eleva a la categoría de un igual, es decir, al compañero sinfónico de los tres instrumentos solistas.


Beethoven deja así muy atrás todos los modelos convencionales. Esto también es cierto para el tratamiento calurosamente individualizado que da a los tres instrumentos solistas, ya aparente en la primera entrada de los solistas en el movimiento inicial: el violonchelo retoma y amplía el tema principal, seguido por el violín en una segunda entrada, y finalmente es el piano el que se hace eco del tema, aquí incluso en tres octavas simultáneas. Por cierto, esta secuencia que siguen los tres instrumentos se mantiene durante todo el concierto. Cada instrumento tiene la oportunidad de alternar de forma individual con la orquesta; dos instrumentos solistas también pueden interactuar como un “par”; los tres incluso tocar juntos en un trío, como en un trío de piano. Esto era nuevo, y el público se quedó realmente perplejo cuando la obra fue estrenada en Viena en mayo de 1804. No hay indicios de que el concierto se interpretase por segunda vez durante la vida de Beethoven.

Durante mucho tiempo, la pieza no disfruóa de la mejor reputación entre los conciertos instrumentales de Beethoven. En opinión de Paul Bekker, el Triple concierto pertenece “al grupo de obras de Beethoven que se perdieron hasta el presente”, como escribió en su biografía de Beethoven de 1911. Incluso hoy día, el Triple Concierto queda todavía un poco eclipsado por los otros conciertos de Beethoven. En comparación con los conciertos para piano, la parte de piano en el Triple concierto es considerada como demasiado fácil; las dos partes de las cuerdas son más exigentes, pero no muy “gratificantes”. Ciertos pasajes también se consideran excesivamente prolongados.

Sin embargo, los hechos son algo diferentes. Como a los tres instrumentos solistas se les da más o menos el mismo peso (con una ligera preferencia por el violoncelo) y Beethoven quería  que cada instrumento se mostrase plenamente, uno tras otro, la progresión musical consume más tiempo. Los críticos dicen que esto hace la obra excesivamente larga, ignorando el hecho de que le da más color. Con el fin de evitar ahogar la voz más grave del cello, la parte de piano es ligera y transparente; Beethoven también escribe principalmente para las cuerda más alta del cello, que tienen un sonido intenso, permitiendo así que el instrumento alterne con el violín en igualdad de condiciones, por así decirlo.

El movimiento de apertura [Allegro] -por cierto, el más largo de los conciertos instrumentales de Beethoven- empieza pianissimo, progresando gradualmente hasta el festivo y marcial tutti del tema principal. La briosa y temáticamente concisa escritura es típica de Beethoven.

El segundo movimiento, un relativamente corto pero exquisito y encantador Largo, es similar a un intermezzo y depende por completo de la variada línea melódica variada repetida por los solistas. La transición a la final es una novedad. Por primera vez, Beethoven “enlaza” el segundo y el tercer movimientos de modo que el Largo lleve al final -una polonesa [Rondo alla polacca]– sin descanso: Una práctica compositiva que también mantuvo para el cuarto y quinto concierto para piano.

Werner Pfister

Aunque estos Youtubes, con el mismo trio (Sviatoslav Richter, David Oistrakh y Mstislav Rostropovich) de la mítica grabación del concierto con la Filarmónica de Berlin y Herbert Von Karajan para EMI, tienen ya valor histórico, la calidad del audio es ínfima, muy inferior a la de este otro con Daniel Barenboim, Yo-Yo Ma, Itzhak Perlman y la misma orquesta berlinesa dirigida por el pianista.

-♦-

En el Auditorio, los intérpretes serán dos primeras espadas españolas, el pianista Ivan Martin y el violoncelista Asier Polo, con el reconocido violinista serbio Gordan Nikolic, concertino de la London Symphony Orchestra, que hará también de director de la OSCyL.

4 Comentarios

  1. Cuando Beethoven suena a Beethoven, hay que estar allí y vivirlo, sea este Triple concierto, la Novena o el Emperador. Es la voz de Beethoven… nada menos.
    Por cierto, no recordaba haber visto a Baremboim entrar al escenario del Philharmonie de Berlín empuñando un violín.

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    • Sí, palabras mayores. Y si lo hacen bien, Beethoven suena mucho a Beethoven 🙂
      Barenboim, de ayudante de violin. Antes de que existiese internet no sabia que Perlman tuviese ese problema, ahora lo cotilleamos todo.

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  2. Me he venido por aqui porque hoy ha sonado el triple en el Auditorio con la OBC. Sin duda la obra se alarga para dar juego a los diferentes juegos instrumentales, y algo muy parecido ocurre con la sinfonia concertante de Mozart para violín y viola. Aqui, con un instrumento más, la cosa se alarga en pura lógica. A mi no se me hace pesada ni larga ni nada de nada. Es un manjar exquisito que gusta más cuanto más se escucha atentamente. Es de las obras que hay que escuchar atentamente, porque quedandonos en su superficie evidentemente no es de las referenciales beethovenianas pero en una audición cuidada descubres sonido beethoven puro y duro, detalles instrumentales y un ejemplo más, deslumbrante, de su legendaria maestria inigualable en la organización formal de la composición. De leyenda urbanita eso de que el piano es facilillo. Y es que lo sencillo no tiene por qué ser facil, y en una obra concertante, en donde al artista el nivel mínimo técnico se le debe suponer, lo meritorio no reside en mostrar virtuosismo, sino en desplegar sincronización ritmica, fluidez natural en las transiciones entre instrumentos, exactitud musical en las entradas, compenetración en los duos y en los trios y con la orquesta. O sea, hay que estar aún más concentrado que cuando se toca solo, aún hay que ser más músico, y escuchar más a los otros instrumentos que al tuyo. Y esta claro que beethoven no quiso dar un protagonismo al piano, ni tan solo al violín. El protagonista aqui es sin duda el violoncello, cosa bastante original para aquella época, en donde el violoncello era una cuerda “menor” dentro de la orquesta, y que sólo había sido protagonista destacado en conciertos de Hadyn. Pues aqui, en el triple, el cello expone todos los temas, todos! En los tres movimientos, en todos los temas el cello expone el tema con la única excepción de trio rapsódico de la polonesa del tercer movimiento, en donde esa especie de zsarda intercalada como un trio es iniciada por el violin. La sombra de las grandes obras beethovenianas es muy alargada, pero degustar este concierto (y otras obras “oscurecidas” por esa sombra) es un manjar exquisito que nos hace descubrir la esencia más pura del arte beethoveniano. Música para músicos, dicen. Cómo me gusta esta frase!

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    • Vaya rollo más bueno. O ¡qué buen rollo! Dicho lo cual, encogeré la cabeza entre los hombros dispuesto a recibir un capón, porque voy a decir que el Triple Concierto me tiene un poco harto. Quizás porque debí escuchar unas doscientas veces aquel brutal LP de Rostropovich/Oistrakh/Richter/Karajan. Sobre todo, me cansa el primer movimiento. El largo, y todas las intervenciones del cello son preciosas, y aquí, Asier Polo, que no tenía el gusto y resulta que es un fenómeno, lo bordó. Pero, sigo con sacrilegios, me pareció ver más al gran Beethoven en el primer movimiento de la Octava que en todo el triple…. ¡Ay!😀

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