Znaider y la OSCyL: Gran Strauss, mejor servido que Sibelius

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Más ruidosos de lo deseable desde su primera aparición y con unos momentos caóticos poco antes del final, los vientos de la OSCyL no se integraron adecuadamente ayer en una Quinta Sinfonía de Sibelius que bajo la batuta de Znaider lució más en su vertiente metafísica que en la romántica. Bien las cuerdas, con espléndidos momentos de tensión en el primer movimiento, pero a la orquesta le faltó además equilibrio y el precioso tema del tercero pasó sin pena ni gloria.

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Richard Strauss: Así habló Zaratustra

OSCyL, Nikolaj Znaider
24 y 25 de Abril de 2015

Cuando Zaratustra tenía treinta años abandonó su patria y el lago de su patria y marchó a las montañas. Allí gozó de su espíritu y de su soledad y durante diez años no se cansó de hacerlo. Pero al fin su corazón se transformó, – y una mañana, levantándose con la aurora, se colocó delante del sol y le habló así:

«¡Tú gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!

Durante diez años has venido subiendo hasta mi caverna: sin mí, mi águila y mi serpiente te habrías hartado de tu luz y de este camino.

Pero nosotros te aguardábamos cada mañana, te liberábamos de tu sobreabundancia y te bendecíamos por ello. ¡Mira! Estoy hastiado de mi sabiduría como la abeja que ha recogido demasiada miel, tengo necesidad de manos que se extiendan.

Me gustaría regalar y repartir hasta que los sabios entre los hombres hayan vuelto a regocijarse con su locura, y los pobres, con su riqueza.

Para ello tengo que bajar a la profundidad: como haces tú al atardecer, cuando traspones el mar llevando luz incluso al submundo, ¡astro inmensamente rico!

Yo, lo mismo que tú, tengo que hundirme en mi ocaso, como dicen los hombres a quienes quiero bajar. ¡Bendíceme, pues, ojo tranquilo, capaz de mirar sin envidia incluso una felicidad demasiado grande!

¡Bendice la copa que quiere desbordarse para que de ella fluya el agua de oro llevando a todas partes el resplandor de tus delicias!

¡Mira! Esta copa quiere vaciarse de nuevo, y Zaratustra quiere volver a hacerse hombre.»

Prólogo (Oda al sol) de Así hablo Zaratustra de Friedrich Nietzsche transcrito en la partitura de la obra de Richard Strauss.

Zaratustra es glorioso, de lejos la más importante de todas mis obras, la más perfecta en forma, la más rica en contenido y la más individual en carácter…

Richard Strauss

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Sibelius: Sinfonía nº 5

OSCyL, Nikolaj Znaider
24 y 25 de Abril de 2015

Sibelius - Goteborg_1915

Estoy de nuevo en una profunda sima. Pero alcanzo a ver en la penumbra la montaña que con seguridad venceré. Dios abre su puerta por un momento, y su orquesta toca mi Quinta sinfonía. (Jean Sibelius, 1915)
Trabajo a diario en mi Quinta sinfonía, dándole una nueva forma, componiéndola casi de nuevo. El primer movimiento se parece al antiguo, y el tercero es similar al final del antiguo primero. El cuarto tiene los viejos temas, pero son más potentes en esta revisión. Toda la sinfonía es, si se me permite decirlo, un clímax vital hasta el fin. Triunfal. (Jean Sibelius, 1918)

Desde la oscuridad de la primera guerra mundial hasta el triunfal clímax con que concluye la versión definitiva de su quinta sinfonía, Sibelius trabajó en esta relativamente breve obra durante más años que en ninguna otra, satisfecho sólo tras una tercera revisión en la que los cuatro movimientos habituales quedaron reducidos a tres, al fusionar en uno los dos primeros. Se trataba de una obra de encargo del gobierno finés para conmemorar su quincuagésimo aniversario y la primera versión se estrenó efectivamente ese día, el ocho de Diciembre de 1915. Luego, acabada la guerra, Sibelius quiso dar a su sinfonía “otra forma, más humana. Más con los pies en el suelo, más vívida”, consecuente con la afirmación de que cada una de sus sinfonías representaba “un Credo en diferentes etapas de la vida”

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La OSCyL sin director: Lo dificil y lo imposible

OSCYL-PROGRAMA-14-14-15

Si fuese por el magnífico primer movimiento de la Octava Sinfonía de Beethoven que nos ofrecieron, podría pensarse que la OSCyL, habituada a la ausencia de director titular, es ya capaz de prescindir de dirección alguna: El espacio del director estaba vacío, Gordan Nikolic, sentado en su silla de primer violinista tocaba sin hacer la menor indicación, y sin embargo, la orquesta interpretaba estupendamente una obra llena de pausas y cambios de ritmo ante la incredulidad de los que en la primera parte habíamos creído encontrar en esa ausencia la explicación a algunos desequilibrios y desajustes y a una orquesta menos clara y delicada de lo habitual. El tercer y el cuarto movimiento no fueron tan impecables, pero seguía pareciendo increíble tanta conjunción sin nadie marcando al menos las entradas. Al final, los aplausos que la orquesta dedicó a Nikolic, confirmaron la única explicación posible: el gran trabajo previo.

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