La Orquesta Sinfónica de Bilbao y Marta Zabaleta en el Delibes

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Con Paul Mann en vez del inicialmente previsto director brasileño Isaac Karabtchevsky, la Orquesta Sinfónica de Bilbao empezó a demostrar su calidad con una deliciosamente rossiniana Obertura de Los esclavos felices, calidad que confirmó en la segunda parte con una buena interpretación de la Sinfonia del Nuevo Mundo, en la que destacó el Largo, de una intensidad emocional poco habitual. El Auditorio, repleto, aplaudió a rabiar a la orquesta y a Paul Mann, que había desplegado una enorme actividad sobre el podio y decidió regalar una habitual y efectiva propina, la Danza húngara nº1 de Brahms.

No me gustó demasiado el Jenamy/Jeunehomme de Mozart. Ni por la orquesta, con más de un desencuentro con la pianista y un sonido borroso en el que, por ejemplo, se perdió el pizzicato del minueto del Rondo final, ni por Marta Zabaleta, menos brillante y delicada de lo que me parece deseable y que también pareció atropellarse en algunas notas. Con todo, el Andantino no dejó de resultar muy emocionante, y ni el público ni la orquesta dieron muestras de compartir esta opinión, aplaudiendo a la pianista con entusiasmo hasta obtener un bis de Chopín, creo que el Vals op. 69 nº 2, que tampoco me gustó demasiado. Pero sí a mis vecinos.

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