Mozart: Concierto para piano nº 9, Jenamy (antes Jeunehomme)

Marta Zabaleta. Bilbao Orkestra Sinfonikoa, Isaac Karabtchevsky
27 y 28 de Marzo de 2015

mozart -1777

Mozart compuso el Concierto para piano nº 9 a los 21 años. Puesto que hablamos de Mozart, uno de los más famosos niños prodigio de la historia, esto no resulta particularmente llamativo. De hecho, había escrito y tocado desde su infancia, y a esas alturas ya tenía varias óperas en su haber. Pero este concierto ocupa un lugar especial en el catálogo de Mozart. Todos los conciertos para piano que se mantienen en el repertorio regular –y se hallan entre sus principales obras maestras- datan de su década final en Viena; todos excepto éste, que fue escrito en Enero de 1777, cuatro años y medio antes de que el compositor se atreviese a dejar su odiado Salzburgo para instalarse en la capital.

La repentina aparición de esta música durante los años de Salzburgo es parte de su mística. En su clásico estudio sobre el compositor, Alfred Einstein pudo parecer un poco exagerado con su famosa comparación del K. 271 con el salto cualitativo que supuso la Heroica de Beethoven. Sin embargo, su razonable entusiasmo ha tenido eco en otros muchos expertos, como Charles Rosen, una autoridad en el clasicismo vienés, que admiraba el concierto como “quizás la primera obra inequívocamente maestra de estilo clásico purificada de todo rastro manierista”.

Dicho sencillamente, en esta música surge una voz brillantemente innovadora y segura de sí misma. Mozart había compuesto otros conciertos para teclado, que iban desde piezas en las que reciclaba y transcribía música de otros compositores hasta el ambicioso Concierto en Re mayor de 1773 (K. 175), pero el nº 9 representa un logro sin precedentes en términos de ambición, alcance y originalidad. De hecho, es más largo que el resto de sus conciertos para piano y, si no se supiese su fecha, podría ser fácilmente confundido con un producto del Mozart vienés de la década de 1780. El propio compositor se sentiría evidentemente orgulloso de lo que había logrado si volvió a él varios años más tarde en Viena para escribir nuevos pasajes como cadenzas. Mozart improvisaba habitualmente sus propias cadenzas, pero al destinar originalmente esta obra para otro interprete, han sobrevivido las cadenzas que compuso para los tres movimientos.

Otra razón de la mística del concierto es la ocasión para la que Mozart lo escribió. En parte, los conciertos vieneses se hicieron tan significativos porque los concibió y compuso para interpretarlos él mismo: Eran herramientas esenciales para fundamentar una carrera independiente y le ayudaron a conseguir un público estable. Sin embargo, Mozart escribió el K. 271 para otra persona. Victoire Jenamy, hija de una importante figura de ballet, se había convertido en un pianista de renombre en Viena y encargó un nuevo concierto a Mozart, que era amigo de su padre. No existe ninguna misteriosa “Mlle. / Madame Jeunehomme” a pesar de las continuas afirmaciones erróneas en sentido contrario. “Jeunehomme” fue una invención póstuma para apodar el que, por tanto, debiera ser llamado el Concierto “Jenamy“, aunque, como Jeunehomme significa “joven”, se aplica en tal sentido a esta impresionante creación del joven Mozart.

Jenamy

La audacia de Mozart se manifiesta en cuestión de segundos. Convencionalmente la orquesta expone primero formalmente los temas para introducir correctamente al solista y darle la palabra. Pero aquí, sin siquiera aclararse la garganta, escuchamos inmediatamente al pianista (o al clavecinista, ya que la obra pudo ser interpretada en dicho instrumento durante aquellos años de transición al nuevo pianoforte). El solista, no sólo se encuentra a gusto en la refriega, sino que sigue siendo intervencionista, desafiando las convenciones al sumarse al pasaje final en vez de retirarse después de la cadenza como era habitual. Otra característica notable de este movimiento [Allegro] es su generosidad en ideas, temas y melodías: Mozart las presenta una tras otra sin que dejen de mantenerse lúcida y claramente para el oyente. Y, a pesar de la reducida orquestación (cuerdas acompañadas únicamente de oboes y trompas), el sonido es rico y completo.

Lo que sigue es un inesperado cambio al tono menor y un movimiento de verdadero pathos emocional. El Andantino nos recuerda que, para Mozart, los conciertos para piano eran siempre una “etapa” de las óperas que anhelaba escribir. Aquí el modo es el de la anticuada ópera seria pero, como siempre con este compositor, inmediatamente actualizada, una desesperada meditación de poderosos acentos y armonías. El solista se convierte en el cantante, que halla consuelo en un giro al tono mayor antes de volver al doliente Do menor que enmarca el movimiento. [1]

Todas las penas son instantáneamente barridas por el excitante [Rondo:] Presto, que alimenta el final y exhibe al pianista en una extrovertida y desinhibida luz. Sin embargo, Mozart no se conformó con escribir otro rondó estándar. En el centro, como al abrir un huevo ruso de Pascua, encontramos un completo minueto más lento, con su propio conjunto de variaciones (tal vez un oculto homenaje al père Noverre, el maestro de danza [el padre de Victoire Jenamy]. Podemos contiar en que el solista nos saque de este sueño dentro de un sueño y nos vuelva de nuevo al desenfrenado Presto para finalizar brillantemente este histórico concierto.

Mitsuko Uchida. Mozarteum Orchestra , Jeffrey Tate.
De las notas al programa de un concierto de Daniil Trifonov con la Nashville Symphony.

[1] El Andante de La Sinfonía Concertante para violín y viola que Mozart compuso un par de años después y que se escuchó aquí hace un mes recuerda muchísimo al Andantino de este concierto nº 9, y sus introducciones podrían casi intercambiarse:


-♦-

Marta Zabaleta

Marta Zabaleta (Legazpi, 1965) inició su carrera obteniendo a los 16 años el Primer premio fin de carrera en San Sebastián y es actualmente profesora en el Centro de Música Superior del Pais Vasco y directora de la Academia Marshall que fundó Enrique Granados en Barcelona, por expreso deseo de su antecesora, Alicia de Larrocha. Esta es su interpretación del Jenamy/Jeunehomme en Junio de 2005 en el Palau de la Musica, con la Orquesta Reina Sofia dirigida por Colin Davis.

Y la crítica que recibió en La Vanguardia:

Marta Zabaleta, convertida ya en maestra. La pianista guipuzcoana no solo es una virtuosa sino que entiende a Mozart y lo traduce con articulaciones diáfanas pero sin miedo a establecer esos claroscuros que únicamente los muy dotados son capaces de ver en los pentagramas del salzburgués.

-♦-

1 comentario

Puedes dejar tu comentario aquí:

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s