Clara Andrada, sí, pero también Britten, Gourlay y la OSCyL

Clara Andrade, Gourlay, OSCyL, Nielsen, Britten, Valladolid

Si un solo momento puede bastar para hacer imborrable un concierto, ayer fueron muchos los momentos y minutos para no olvidar. El primero, la fanfarria con que el sol proclama su esplendor en la Obertura de Nielsen y los metales de la OSCyL empezaron a convertirse en protagonistas absolutos de la sesión. Luego, cuando Clara Andrada, respondiendo a los aplausos por su exhibición de elegancia y virtuosismo en el Concierto para flauta de Nielsen, nos regaló un maravilloso sólo, Syrinx de Debussy, si no me equivoco. Pero lo mejor se reservaba para la segunda parte, con una sensacional interpretación de las dos obras de Britten, especialmente memorables el ominoso Claro de Luna y la brutal Tormenta de los Cuatro interludios de Peter Grimes y el Dies Irae de la Sinfonía de Requiem. La dirección del joven y simpático Andrew Gourlay, que se estrenaba como Principal director invitado de la OSCYL fue espléndida, enérgica y cuidadosa, con mucha muñeca y permanente atención a la orquesta, aparentemente muy cómoda y feliz a sus órdenes. La sala, llena a rebosar, aplaudió hasta que la OSCyL abandonó el escenario. Seguro que el agradecimiento era también para Britten y para los responsables de un programa con obras que muy pocos conocerían y menos aún habrían escuchado en directo. Y alguno, al menos el mío, también para Sofía Martinez Villar, autora de unas notas al programa de una voluntad didáctica encomiable.

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