Ilyich Rivas, un prodigio (con permiso de Isserlis y de la OSCyL)

Ilyich Rivas, Steven Isserlis, OSCyL, Delibes Valladolid

El venezolano Ilyich Rivas no es otro fruto de Areu y sólo comparte con Dudamel la nacionalidad y la precocidad. Pero, por más que tenga 21 años y se haya criado subido a un podio, no es un niño ni un joven prodigio, sino un prodigio, con independencia de su edad. O ese calificativo merece la dirección y el trabajo previo al antológico concierto de anoche, reconocido como tal por un público totalmente entregado.

Ensimismado, pasando frenéticamente las hojas de una abultadísima partitura que debía estar repleta de notas, este joven criado en los Estados Unidos a la sombra de una familia de músicos y de un padre director de orquesta, deslumbró anoche con la OSCyL. Parecía parco de gestos y hasta monótono con Dvorak, casi como un maniquí limitándose a marcar el ritmo. Quizás no hacía falta nada más, porque la interpretación fue excelente. Luego, con Shostakovich, empezó a asomar lo que resultó patente en la segunda parte, con la Segunda de Rachmaninov: Rivas es un director poseído por la música, atento al conjunto y a todos los detalles, serio, convencido, seguro, autoritario, implacable, que mueve los brazos como las aspas de un molino para conseguir que la orquesta se prepare a adquirir la velocidad deseada o la contiene con una mínima indicación, apasionadamente entregado a la música y totalmente concentrado en su trabajo. Este muchacho, que recuerda físicamente a Chaplin, a Nureyev y a Michael Jackson, es ya uno de los muy grandes.

Con todo, los comentarios en la media parte eran para la sensacional interpretación del segundo concierto de Shostakovich que hizo Steven Isserlis, absolutamente metido en la piel del sombrío, sardónico y lírico autor de esa historia, y luciendo de modo espectacular en las cadenzas y en los diálogos con la percusión. Grandes y merecidísimos aplausos que llevaron a un cortísimo bis, una especie de fandango con el cello convertido en guitarra. Si a todo eso se añade que la OSCyL estuvo mejor que nunca, es decir, como siempre, no hará falta decir lo mucho que disfrutamos.

4 Comentarios

  1. Acerca de un director joven, una mujer muy sabia me dijo un día: “Me alegro mucho de ver talentos así: me hace pensar que la música está garantizada al menos para un par de generaciones más.”
    Me alegro por que tu desembarco en la ciudad del río nebuloso sea tan de provecho en lo musical.

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    • Creo que me hubiese impresionado igual si hubiese sido un consagrado de 50 años. No sé como andará con repertorios más complejos emocionalmente, Beethoven o Mahler, por ejemplo, pero me parece que si no se trunca, su carrera va a ser de las de traca.

      Si me pinchan no sangro de lo feliz que estoy con la OSCyL y el Delibes. Y si a eso añadimos los torreznos y otras glorias comestibles y bebestibles, además de la amabilidad no proverbial pero cierta (salvo en los inevitables majaderos al volante), los cielos, las hojas del otoño, y paro por no seguir, no hace falta que diga como ando. Y sin trabajar… hasta el clima me parece refrescante…😀

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    • Seguro que la genética hace lo suyo, y el ambiente, que va en la misma línea, no sólo no pone trabas sino que estimula. Aunque luego, con lo mismo, sale uno en un millón, éste parece que va a serlo.

      Mil gracias por dejar tu comentario, espero que sigamos teniendo motivos para coincidir en aplausos.

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