Shostakovich: Concierto para violoncelo nº 2

Steven Isserlis, OSCyL, Ilyich Rivas
20 y 21 de Noviembre de 2014

Shostakovich y Rostropovich, 1966

Bastante menos escuchado pero no inferior a su predecesor, el Segundo concierto para violoncelo señala el inicio de la última etapa en la producción de Shostakovich, y es una obra sombría aunque magnífica. Su primer movimiento, un poético Largo reescrito a partir de lo que quería haber sido la Sinfonía Nº 14, transmite la opresiva desolación característica de su autor. El Allegreto final ha sido definido como una “oscura barcarola” y entre ambos se halla un breve scherzo central, también Allegretto, en el que aparece el sardónico Shostakovich, tratando irónicamente una melodía callejera ruso-judía de los años veinte llamada Bublitchki, que vuelve a oírse extensamente en el tercer movimiento, coronando su clímax. Esta es aquella canción

BublikEl bublitchki, muy parecido al bagel es un pan de trigo con un agujero central característico y muchas variedades, que se hizo y sigue siendo popular entre los judíos. Un violoncelista griego llamado Gia Meziridis, en los comentarios del video del concierto que subió a Youtube y cierra estos párrafos, explica como Jewish bagel vendorRostropovich, en gira por su país, le contó que “en los oscuros años de la sovietización, en 1917, un Shostakovich niño seguía a su desesperada madre por los mercados de San Petersburgo en los que ella trataba de vender sus Bublitchki caseros para salvar a su hijo. Su esfuerzo, que impresionó al pequeño, quedó reflejado en el segundo movimiento por la melodía cantada por su madre, Cu-pi-te bo-o-bliki, go-rja-chi b-o-bliki, que significa por favor, cómpreme unos bobliki, bobliki calentitos… Puede percibirse claramente su melancolía en esa obra maestra…“ Melancolía, profunda tristeza por un recuerdo en el que la tonada acaba convirtiéndose en una angustiosa súplica.


Jerry Liu. San Francisco Conservatory of Music. Andrew Mogrelia

La obra fue estrenada el 25 de Septiembre de 1966, celebrando el 60 aniversario de Shostakovich, por la Orquesta sinfónica del estado de Rusia de Evgeni Svetlanov y Mstislav Rostropovich, a quien Shostakovich había dedicado también este segundo concierto, como había hecho con el primero. Justo un año después, los mismos intérpretes protagonizaban esta histórica grabación:

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Steven IsserlisEl violoncelista Steven Isserlis nació en Londres en 1958, en una familia musical. Su abuelo era un judío ruso que abandono su país durante una gira destinada a promover la cultura nacional. Hace unos meses, Isserlis explicó que, al llegar a Viena en 1922, su familia encontró piso, pero su propietaria, una anciana de 102 años, se negó a aceptar músicos como inquilinos, escarmentada por una tía que había tenido uno muy ruidoso que además escupía en el suelo. Aquel inquilino se llamaba Ludwig van Beethoven.

Isserlis, que toca solo, en grupos de cámara y con orquesta y está comprometido con las interpretaciones historicistas, es famoso por el sonido de las cuerdas de tripa de su violoncelo, por su musicalidad y por su sinceridad. Su colega Daniil Shafran dijo de él: “Su vibrato, su fraseo, su ritmo, pertenecen a un todo único… Es incapaz de tocar una nota insinceramente; su música habla desde el alma.” Aquí podemos verle explicando en una lección magistral con la Fantasiestücke Op.73 de Schumann, cómo usar el vibrato para mejorar el fraseo

y ahora, acompañado por Mikhail Pletnev, en un fragmento de la Pieza para cello y piano, Op.20 de Glazunov, una obra de marcado aire español.

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