Gran Leopold Hager y gran OSCyL en una interpretación memorable de la gran Octava de Bruckner

Bruckner Hager OSCyL Delibes Valladolid

Y el público estalló en aplausos y ovaciones que se mantuvieron hasta que Leopold Hager y la OSCyL abandonaron el escenario, tras su memorable interpretación de la Octava de Bruckner.

Menudo director y menuda orquesta. Hager, espectacular. Sin el menor histrionismo, ha saltado, se ha puesto de puntillas, ha bailado, ha sacado pecho, ha barrido el espacio, ha sugerido explosiones con la punta de sus dedos y ha ordenado con la batuta, con el derecho y con el revés de su mano y con todo su cuerpo y su alma, dirigiendo con un repertorio de gestos tan expresivos como eficaces a una orquesta que ha respondido sin pestañear ante todo lo que le pedía. Y lo que le pedía, que no era poco ni fácil, estaba muy bien pedido.

La Octava de Bruckner es una sinfonía para gigantes. Anoche, tras dos primeros movimientos de una intensidad y belleza abrumadoras, pareció que la tensión se relajaba en el Adagio, pero es probable que fuese el oyente quien fuese incapaz de mantenerla. Habrá que aprender a controlar y dosificar las emociones para una próxima ocasión, si la hay, aunque difícilmente será como esta, que, para mí, ha sido la vencida.

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