Holst: Los Planetas

OSCyL, Jaime Martín
25 y 26 de Septiembre de 2014

Sistema_Solar

La música de Holst alcanza lo desconocido, pero nunca pierde un toque de humanidad.
Ralph Vaughan Williams

“Yo diría que (el Arte) tiene ventaja (sobre la Mística). No tiene necesidad de palabras. Tiene algo a la vez más tangible y que sin embargo pertenece a la eternidad -ese algo que los artistas llaman Forma.”
“En principio, solo estudio cosas que me sugieren música. Por eso me interesé en el sánscrito. Luego, hace poco, el carácter de los planetas me sugería muchas cosas y estudié la astrología muy de cerca.”
“Estas piezas fueron sugeridas por el significado astrológico de los planetas; no hay en ellas música de programa ni tienen relación con las deidades de la mitología clásica que llevan sus nombres. Si se requiere una guía, el subtítulo de cada pieza será suficiente, especialmente si se toma en un sentido amplio.”
“Una vez tomada la idea fundamental de la astrología, dejaba que la música siguiese su propio camino.”
“Nunca compongas nada a menos que el no hacerlo se convierta en un verdadero incordio.”
Gustav Holst.

Debieron incordiarle mucho Los planetas a Holst, y el camino que tomó su música, siguiendo los pasos de Stravinsky y Schönberg entre otros, concluyó en una de las composiciones más populares de la historia, al menos por lo que hace a Marte y Júpiter, una obra llena de nuevas sonoridades orquestales, en la que futuros compositores de música de película se inspirarían o copiarían de forma generalizada e inmisericorde y con la que Inglaterra se sumaba entonces a las tendencias que se manifestaban en el continente, tratando de ampliar el ámbito expresivo de la música.

Podemos seguir la suite con estos videos de la interpretación de la Orquesta Filarmónica de la BBC dirigida por Sir Charles Mackerras en los Proms de 2009. El aparente desorden de Los planetas no fue un capricho de Holst; su orden no es el astronómico sino el astrológico, que se corresponde con el de las siete edades del hombre. Y la Tierra, queda naturalmente excluida.

Marte, el portador de la guerra.

En el agresivo militarismo y los brutales clímax de este primer movimiento se ha querido ver una premonición de la Primera Guerra Mundial, pero cuando Holst lo concluyó, en Julio de 1914, ésta aún no había comenzado, y él mismo rechazó esa interpretación. Tampoco era un pacifista, y su preocupación era crear un mundo sonoro acorde a la fuerza, rudeza y obstinación que asocian a Marte los astrólogos.

Venus, el portador de la paz.

Brutal contraste, transparencia y serenidad, el compositor parece recordar la época en que vivió obsesionado por Wagner, y al acabar el movimiento no queda rastro de la brutalidad de Marte.

Mercurio, el mensajero alado.

Vivo y veloz, cuatro minutos de carreras y brincos, no sin intención ni sutileza. Cuando Holst pedía que se entendiesen en un sentido amplio los subtítulos, precisaba: Mercurio es el símbolo de la inteligencia.

Júpiter, el portador de la alegría.

El majestuoso Júpiter trae la alegría en su sentido habitual, y también ese tipo de alegría más ceremonial asociada con las festividades religiosas o nacionales, y Holst decía esto último pensando en su parte central, la firma británica de esta obra que luego emplearía para el patriótico I wow to thee my country con el que se ganó definitivamente a sus paisanos. Las dos alegrías son un eufórico y agradecido abrazo a la vida.

Saturno, el portador de la vejez

Nuevo contraste con este movimiento, el favorito de Holst. Saturno no sólo es portador de la decadencia física, sino también de una visión de la propia realización, y por eso, en el dificultoso pero constante caminar de los vientos aparece una marcha de resonancias parsifalescas (tomada de su canción para el poema de Walt Whitman Dirge for Two Veterans) en la que se recuperan fuerzas y determinación. Y por eso, el bellísimo final es el de una vida que se siente cumplida.

Urano, el mago.

Mago por el ocultismo al que, siempre según la astrología, son propensos los nacidos bajo su signo. Las cuatro solemnes notas de los metales conducen a un galope entre poderoso y burlón en el que pronto aparece El aprendiz de brujo de Dukas.

Neptuno, el místico

Místico es la calificación que le atribuye a Neptuno el libro de Alan Leo ¿Qué es un horóscopo y cómo hacerlo? que Holst había estudiado. Y misticismo, sensibilidad y misterio hay en esta impresionista partitura que, desde el extremo más alejado del sistema solar (o del destino de la humanidad) mira al infinito. Música de viajes espaciales que debió resultar muy sorprendente en 1918, mística música de otros mundos para la que Holst quiso un coro femenino sin texto, como había hecho Debussy.

Holst negó haber tenido presente la inminencia de la Gran Guerra cuando compuso Marte, pero Sir Simon Rattle opina que Los planetas no pudieron sustraerse a su influencia: Fueron escritos durante la Primera Guerra Mundial, intentando encontrar sentido a lo que estaba ocurriendo. ¿Volvería el mundo a ser igual alguna vez? Y la respuesta es nunca: Con Neptuno Holst compuso un etéreo oblivion. El músico dio indicaciones precisas para este final: El coro debe ubicarse en una habitación contigua, cuya puerta debe permanecer abierta hasta el último compás de la pieza, momento en el que se cerrará lenta y silenciosamente y este último compas debe mantenerse hasta que el sonido se pierda a lo lejos. Hasta que la imaginación no percibe diferencia entre el sonido y el silencio, en palabras de su hija Imogen.

Gustav Holst

Un final de los que busca y merece del público uno de esos prolongados y emocionantes silencios en los que escuchamos la nada, en contraste absoluto con el brutal Marte que abría la Suite. Y una obra magnífica a pesar de las críticas de su perfeccionista autor, quien le tenía además una cierta manía por la habitual razón de haber oscurecido otras obras suyas, como por ejemplo… ¿cómo cuáles? Parece que algo de razón tenía…

¿Y Plutón?

Aunque Plutón fue descubierto en vida de Holst, el compositor, harto de la excluyente popularidad de su suite, nunca se planteó dedicarle un movimiento. Con lo que volvía a acertar, aunque fuese por casualidad, pues en 2006 Plutón perdió la categoría de planeta. Pero, para entonces, hacía seis años que la Hallé Orchestra había encargado a Colin Mathews, un experto en la música de Holst, que escribiese ese octavo movimiento, bautizado como Plutón, el renovador.

Colin MatthewsMathews se enfrentaba al problema de tener que continuar algo que había acabado desvaneciéndose en el espacio, y lo resolvió modificando ligeramente el final de Neptuno para superponer su Plutón a él y hacer que, al acabar, pareciese como si aquel coro hubiese seguido todo el tiempo en segundo plano. Así lo interpreta la Filarmónica de Berlín con Simon Rattle:

Viaje a través del infinito, un final muy apropiado al que los astrónomos han hecho un flaco favor. Aunque arriesgada, sería una interesante propina.

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parecido-razonable

Habiendo escuchado en Los Planetas a Schönberg (Cinco Piezas Orquestales), Stravinsky (La consagración de la primavera), Rimsky-Korsakov (Scheherezade), Dukas (El aprendiz de brujo), Debussy (Nocturnos), Wagner (Tannhäusser, Parsifal) y algunos más, no vamos a ser muy críticos con los autores de música de película, que tampoco pueden apoyarse en el vacío. Sobre todo si, después de señalar con el dedo a Holst por usar El Aprendiz de Brujo en Urano, nos enteramos de que lo compuso sin haber escuchado la obra de Dukas. Sin embargo, un estironcillo de orejas podría merecer John Williams por su muy marciana Marcha Imperial de La Guerra de las Galaxias

y algo más contundente para Hans Zimmer, cuyo uso de Marte en Gladiator les pareció tan abusivo a los representantes de la Fundación Holst como para ponerle un pleito, que, en ausencia de noticias, debe haber quedado en agua de borrajas. Oigan y juzguen:

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